#Guerrero

El mar está al fondo, en la foto se alcanza a ver

Por Brenda Ríos, 2015-05-04 12:10

Primero: Antes que nada, yo no sé mucho de Acapulco. Ahí nací, eso sí. Tierra de centros comerciales y playas abarrotadas. Recuerdo Caleta llena de autobuses, llenos de chilangos; latas de atún en las aceras, pan blanco, gente comiendo sándwiches y entrando al mar con la boca llena y las pantaletas blancas abajo del traje de baño.

Segundo: Acapulco es una frontera extraña. Como Tijuana, quiero creer, a donde no he ido nunca. Todo tiene lugar: los excesos, el placer como justificación última y quizá impar de una sociedad que sale corriendo de buenas a primeras a desintoxicarse de un D.F. atascado. Frontera de moral, de ropa cayendo en la playa y en la disco. Un carnaval perpetuo. Una fiesta eterna, de drogas, música pop y paseos interminables en La Costera. Una frontera porque no se sabe bien dónde empieza algo y dónde termina. Una frontera porque son pocos los negocios que duran más de 20 años. Nadie puede decir: “Aquí venía de niño”, porque ese local ya cambió de giro como 30 veces. No hay modo de anclar memorias chiquitas, todo es mutable, anuncio perpetuo de que el mundo gira y uno sigue en el mismo lugar.

Tercero: Acapulco es un sitio para la enseñanza en la universidad de distancia, de clases: nada qué ver los ricos con los pobres, aún si bailan juntos en la pista, aún si comparten el metro de arena caliente en la playa, cada uno sabe a dónde pertenece. Nada más duro. Nada más grave. Sólo eso. Tierras distantes.

Cuarto: Sigo sin saber mucho de Acapulco, ahora un puerto dividido entre el placer, la violencia, y los terrenos cooptados para casas, hechas a modo para la clase media de la ciudad de México. No hay agua. No sé en los hoteles, supongo que ahí sí habrá. Pero la gente de las zonas clasemedieras no tiene agua. La última administración, dicen, la última, se llevó todo. Dejó a Capama con una deuda. No hay agua. Es un hecho. Gente con vista al mar ahorrando agua en garrafas como en Iztapalapa. Horror. A 32 grados sin poderse bañar, sin lavar la ropa, los trastes. Horror.

Cinco: Acapulco es un sitio donde se puede guardar muy bien la infancia. Para nunca más volver a abrir la caja.

Seis: Se dicen muchas cosas, pero Acapulco es la playa más visitada. Hay algo aquí, algo que hace que la gente quiera regresar. Es una fascinación por estos mundos colapsados: entre el calor y la agonía está la vista al mar, no sé, quizá el aire acondicionado, este morirse cada día de calor, esta conciencia de que uno es lo que es y jamás va a cambiar. Pero los turistas vuelven y los locales se van pero regresan, casi siempre.

Siete: Los acapulqueños somos muchas cosas, dicen. Nos tienen miedo por la fama de violentos, eso no lo sé bien, yo no he matado a nadie hasta el momento. Lo he querido hacer, pasarles un machete bien cerca de su cara para que sepan con quien hablan, pero eso lo hago en la cabeza, nada más. Nos tienen fascinación por fáciles –en la cama, quiero decir- y yo me imagino que debe haber por ahí morenas frígidas y lancheros impotentes. No se puede con los estereotipos.

Ocho: Acapulco es un lugar donde todo es posible, dar la vuelta prohibida, estacionarse donde no se debe, poner un changarro sin permiso, pero también te pueden matar por no pagar la cuota de cien pesos que te piden en algunas partes. Y sin embargo, se sostiene todo. No sé cómo: palillos construyendo una torre. Balaceras a mitad del día, la impunidad es lo que vale. Muchos han muerto o desaparecido que es otro modo de morirse. El paraíso, la mugre, lo sucio, el mar a lo lejos azul, azul. Todo es posible.

Nueve: Acapulco es otro siempre. Como las capas de concreto bajo la catedral sagrada de la ciudad de México, bajo él hay otros modos de estar. No del todo agradables. Como buen puerto es casa de varios migrantes, lección de vida de gente del mundo. Marineros que se fueron a la mar para ver qué podían ver y ver y ver.

Diez: Mi padre fue a dar, antes de morir, al Issste de Acapulco. Estaba condenado desde el inicio, antes de llegar ahí convendría morirse de golpe. No hay batas, ni gasas, ni enfermeras, ni médicos, y los policías cobran 20 pesos para ver al familiar encamado.

Once: Había italianos y canadienses en los años 80, circulaban en la calle con sus panzas de sesenta años al descubierto, en el invierno. Hace años dejaron de llegar. Ahora sólo hay chilangos, especie de la cual se duda su extinción. Dura, esta especie, dispuesta a agotarse en las filas del súper y esperando inquietos en los semáforos, camino a sus nuevas casas.

Doce: Mi padre nos llevaba al Mirador, pasando por el lado de las banderitas, en La Escénica. Vista hacia abajo, hacia afuera. Era bonito, sin duda. Por lo menos, dos tonos de azul: el de Puerto Marqués y el de la bahía brava de la Bonfil que se perfila desde ahí. En medio, montañas. La  postal existe en la cabeza, porque lo que se dice foto, foto, no tengo.

Trece: Acapulco es como Roma en verano: el paisaje es miles de personas sudando como ganado, con ropa ridícula de colores chillones. Y el dinero que dejan, nadie sabe a dónde va a dar, misterio de misterios. Los prestadores de servicios en los bordes de la playa no parecen muy beneficiados con todo esto. A los grandes hoteles y restaurantes de gran calidad habría de ver cómo es que funcionan, importando langostas de otros mares. Con todo, el puerto de la bahía de Santa Lucía es un gran bebedero de cerveza para adolescentes.

Catorce: Acapulco no debería ganarse así la vida. Envejece rápido, como amante consumida en el desamor. No puede estar en la calle permanentemente ofreciendo sus labios baratos. Podríamos hacer otras cosas. En eso coincido con sus gobernantes, no se me ocurre qué. La gente en los cinturones de miseria sabe lo que es vivir con muy poco, mirando de lejos a estas abejas chillonas de grititos antes de meterse al agua.

Quince: Recuerdo la isla roqueta, un burro alcohólico, gente encima de uno ofreciendo artículos diversos, la premisa de que más vale transar a un turista o local que dejarlo ir vivo. Nada es como antes. Este presente no existe.

Dieciséis: Ahora, el puerto de la vida diaria es otro: sumido en el tráfico de las remodelaciones o del Acabús, anonadado (que quiere decir con el agua hasta el culo, claro está), ganándose la vida como se puede. El mercado de bienes raíces deploró un 30 por ciento del valor total de la propiedad. Achicharrados: el calor, las balaceras, sin poder vender sus propiedades, sin escapatoria, el acapulqueño se resigna a continuar la vida. No hay de otra, aseguran.

Brenda Ríos. (Acapulco, 1975). Escribe ajeno y a veces lo propio. Dice que ha publicado «Las canciones pop hacen pop en mí», IVEC, Xalapa, 2013; «Empacados al vacío, ensayos sobre nada», Calygramma, Querétaro 2013. «Del amor y otras cosas que se gastan por el uso. Ironía y silencio en la narrativa de Clarice Lispector», Tierra Adentro/F,l,m, 2005. Algunos ensayos y/o poemas se puede consultar en lugares como Replicante, Círculo de Poesía, Letralia, Casa del Tiempo, Ping-Pong.
#Acapulco

Solorio busca modernizar a Acapulco de la mano de la ciudadanía

El síndico de Acapulco reparó junto con vecinos un puente peatonal en la colonia Vicente Guerrero.

Por Redacción, 2019-06-24 17:09

Acapulco, Guerrero.- Acapulco tiene todas las posibilidades de crecimiento, es un paraíso y por ello el síndico, Javier Solorio Almazán, ha buscado todas las oportunidades para trabajar en conjunto con los ciudadanos en la modernización y crecimiento de la ciudad.

Fue hace dos semanas cuando Solorio Almazán, visitó la colonia Vicente Guerrero donde la petición de los vecinos principalmente era el servicio de agua potable, desafortunadamente había otro problema para los colonos, un puente peatonal que estaba a punto de colapsarse.

“Este era un puente que era de palo que ya estaba podrido, ya tenía muchos años, quisimos ayudarles y esto es un pequeño apoyo, nosotros pusimos en la Sindicatura el material y los vecinos de aquí pusieron la mano de obra”, destaco Javier Solorio.

El síndico señalo que el trabajo en conjunto da mejores resultados, para muestra la labor que se hizo en esta primera etapa del puente en donde todos los vecinos pusieron manos a la obra para conseguir  una mejor arteria para poder llegar a  sus hogares.

“Vamos a continuar apoyándoles trabajando de esta forma, nosotros vamos a poner el material y la gente de la colonia van a poner la mano de obra, tenemos que sacar adelante al puerto, va a costar trabajo pero se necesita honestidad y transparencia, todas las acciones que tomemos deben ser basadas a estas estrictas normas de Honestidad y Transparencia”, apunto Solorio Almazán.

Javier Solorio les refrendo su apoyo y se comprometió a realizar la segunda parte del puente, esto para que los vecinos de la colonia Vicente Guerrero, tengan mejor seguridad y una mejor vía para llegar a sus hogares.

#Acapulco

SSP ordenó poner plumilla en calle de La Progreso, Acapulco

Sin embargo, Ernesto Manzano aclaró que este filtro de seguridad se usará cuando hayan detenciones de delincuentes peligrosos.

Por Elibeth D Nicolas, 2019-06-24 16:55

Acapulco, Guerrero.- El secretario General del Ayuntamiento de Acapulco, Ernesto Manzano Rodríguez, señaló que por cuestiones de seguridad y por órdenes del secretario de Seguridad Pública, Gerardo Rosas Azamar, fue colocada una pluma de estacionamiento sobre la Calle Caminos de la Colonia Progreso.

En entrevista, Manzano Rodríguez informó que de acuerdo al secretario de Seguridad Pública este filtro de seguridad solo será utilizado cuando se logren detenciones importantes en Acapulco.

«La vialidad no está cerrada, esto solo será en determinados momentos cuando se tengan algunas detenciones importantes como se ha cerrado en ocasiones la Calle Caminos que en su momento se ha hecho con patrullas», expresó el secretario municipal.

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SUSPEG espera que Ayuntamiento de Acapulco pague deuda histórica

AL ISSSPEG se le deben 62 millones y la alcaldesa Adela Román prometió liquidar 40 millones este año.

Por Elibeth D Nicolas, 2019-06-24 16:44

Acapulco, Guerrero.- El secretario del Sindicato Único de Servidores Públicos del Estado de Guerrero (SUSPEG), David Mastache Martínez, señaló que espera que este año el Ayuntamiento comience a pagar su deuda histórica con el ISSSPEG para poder comenzar a liquidar y jubilar a trabajadores.

En entrevista, Mastache Martínez señaló que la deuda histórica del ISSSPEG es de 62 millones de pesos donde espera inicie la dependencia a pagar 40 millones de pesos.

«Uno de los acuerdos por los que se firmó este convenio, a petición de los cuatro secretarios seccionales, fue para que el Ayuntamiento comience a pagar su deuda histórica que mantiene con el ISSSPEG y así nosotros poder comenzar a liquidar a los trabajadores», expresó el líder sindical.

Reconoció que existe buena voluntad por parte de la alcaldesa, Adela Román Ocampo, quien se comprometió en aportar en este año 40 millones de pesos.

Indicó que otros de los acuerdos fue que este año no se entregarán plazas por la crisis financiera por la que atraviesa la dependencia; sin embargo, celebró que hayan llegado al acuerdo de respetar el pago de los quinquenios hasta los seis.