Acapulco, Guerrero.- Amenazado de muerte, bajo acoso, el reportero Martín Méndez Pineda salió de Acapulco, la segunda ciudad más violenta del mundo, para solicitar asilo en Estados Unidos. Salió de la violencia en México para entrar al degradante sistema de detención para migrantes, que se endureció desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de ese país.

Recién egresado, en su primer empleo como reportero, Martín Méndez recibió amenazas de muerte y acoso por su cobertura de la inseguridad que asola al puerto.

Pidió asilo político en el puente fronterizo de El Paso, Texas. Se entregó como refugiado y fue llevado por el ICE a un centro de detención, desde donde dio una entrevista colectiva por teléfono.

Entre otros temas, habló de la razón de fondo para estar en el encierro: su necesidad por informar. Es una de las cosas que más extraña, “sí, demasiado, lo juro, me apasiona esto”. Sin embargo, “cuando te sientes amenazado por otras personas que no te dejan laborar, es difícil”, pero a pesar de eso, “darías cualquier cosa por estar haciendo lo que a ti te gusta”.

En tono preocupado, advirtió: “en Acapulco todos mis compañeros están en peligro, no sólo yo; me pasó a mí, pero también le ha pasado a muchos de mis compañeros”.

Respecto a la situación nacional de riesgo para ejercer el periodismo, fue claro: “estamos en un momento crítico”.

En relación con lo mencionado por Méndez Pineda, el 2 de marzo fue asesinado el periodista guerrerense Cecilio Pineda; a Ricardo Monlui lo mataron el 19 de marzo, en Veracruz, y a Miroslava Breach la victimaron cuando salía de su casa en Ciudad Juárez, el 23 de marzo.

En Acapulco, insiste, los reporteros trabajan bajo el riesgo constante de agresiones, amenazas y acoso por la cobertura de temas relacionados con la inseguridad, sobre todo. “Yo soy de allá, he contado historias de todo lo que está pasando allá”, y el resultado fue su exilio forzado.

La mayoría de los reporteros del puerto deciden arriesgarse a trabajar en esas condiciones, “muchos no se atreven a hacer esto que estoy haciendo yo, porque sabemos que es difícil estar encerrado. Llevo dos meses sufriendo”.

Martín confía en que su lucha por el asilo en Estados Unidos “va a abrir una puerta más para todos nosotros”, porque “en México no recibimos el apoyo que se debe tener; lo hemos visto: agreden a uno, agreden a otro y el gobierno no hace nada”.

-¿Temes por tu vida?

-Pues sí. Cuando decidí venirme para acá fue por lo mismo, porque continuaron las llamadas (de amenaza) y al hacer esto público, uno se expone más. Llega un punto en que todos se enfadan y quieren ser repatriados o deportados. En dado caso que llegue a suceder eso (la repatriación) yo sabría a lo que voy (a México), y no sería nada bueno.

Respecto a su situación jurídica, explicó que el proceso debió ser rápido, “pero como la estrategia que están implementando es la detención prolongada, me pueden tener más de un mes, hasta un año, para que con esto me enfade”.

Cuando hizo la Credible fear interview (Entrevista de miedo creíble) le dieron los resultados el mismo día, a veces tardan hasta 15 días, pero a él lo aprobaron el mismo día de la entrevista, y por lo tanto, deberían dejarlo salir bajo palabra o bajo fianza, y debió ser bajo palabra, porque se entregó, sin cometer delitos.

“Como no cometí ningún delito, no puedo pagar ni un peso, porque no crucé ilegalmente. Debieron liberarme para pasar mi proceso afuera, en libertad, pero no me han dado fecha. Puedo estar hasta un año aquí, o más. Debí salir el mes pasado, y ya voy para tres meses”.

Reconoció que luego de la petición de Reporteros Sin Fronteras, “ya he tenido más apoyo de la comunidad, de los medios, se van uniendo más organizaciones, más personas”.

Una cárcel llamada “centro de detención”

El nuevo martirio comenzó cuando cayó en las manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (Immigration and Customs Enforcement, ICE, en inglés).

“El daño psicológico que sufre uno aquí, hace ver como que eso (el peligro en Acapulco) no es nada, y llegan pensamientos como ‘pues que me maten, qué voy a hacer acá’ o algo así, la gente piensa eso, pero yo no estoy pensando en regresarme, estoy pensando en aguantar un poco más, hasta que diga ‘ya no puedo’ y ver qué pasa”.

A la fecha no ha recibido ningún apoyo del Consulado mexicano en El Paso, y su temor es pasar más tiempo en el centro de detención: “He conocido personas que llevan hasta 11 meses esperando la salida”.

Respecto al término oficial “centro de detención”, asegura que “dicen que es una detención, que no estás en una cárcel, que en momento que quieras te puedes ir”, pero no es así.

-¿Tenías fecha para salir?

-La respuesta la recibí el mismo día que hice la entrevista de miedo creíble, para el 13 de marzo debí visitar al oficial de liberación, para que me dejara salir, pero hasta la fecha no se ha llevado a cabo.

La entrevista de miedo creíble fue el 1 de marzo, la respuesta llegó el 6 de marzo, “y el 13 tendría que estar aquí, en El Paso”, porque “me tenían en una detención en Nuevo México. Me han estado moviendo de detención en detención. Ahorita estoy en El Paso”.

Entre cadenas

“Ellos dicen que es una detención, pero por cómo nos tienen, es una cárcel”.

El reportero, de 25 años de edad, se confiesa: “He sufrido como no tienes idea. Cuando recién me entregué me dijeron que iba a estar en un solo lugar, pero me movieron a un lugar que se llama Sierra Blanca, un lugar que no es para humanos ni para animales, está en pésimas condiciones. Ahí estuve 15 días, después me movieron a Nuevo México. Estuve en una ex prisión federal, la cerraron y ahora es para migrantes”.

Las condiciones en las que vivió ahí “son para personas peligrosas”.

A las personas en poder del ICE, como Martín, las trasladan de un centro de detención a otro “con más cadenas que a un narcotraficante: cadenas en los pies, cadenas en las caderas, cadena en el pecho y cadena en las manos, pegadas al pecho; si te quieres rascar la nariz, no te alcanzas”.

Sin embargo, su espíritu reporteril no cesa, aun en las peores condiciones: informa que “hay muchos migrantes, de África, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala.

“Dormimos en literas de metal, están pegadas todas, el baño es como cualquier baño de cárcel, nos bañamos en regaderas sin separadores; los baños no tienen separadores, es taza tras taza, de metal también. La comida no es buena”.

También reclama por los detenidos que no tienen atención sobre sus casos, “no hablo por mí, hablo por todos, porque hay personas que vienen con la ilusión de tener refugio, asilo, y se les niega.

“Las personas que tratan de cruzar por los cerros, si las agarran, pueden pagar una fianza y salir, pero son fianzas de 40 mil dólares, 50 mil dólares, y obviamente, vienen huyendo para mejorar económicamente, no tienen dinero. Se deportan.

“Vine a pedir asilo, pero también para dar a conocer todo lo que está pasando. Estoy sufriendo, pasando hambres, pasando frío, humillaciones, racismo”.

Once noches en “La hielera”

“Cuando me enfermé, mandé una carta diciendo que estaba enfermo, que me dolía la cabeza, que ya no veía bien, porque las condiciones de la detención no eran buenas”, relata el egresado de la Unidad Académica de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Guerrero.

“Me pasaron con un doctor muy prepotente”, le preguntó sobre si le dolía la cabeza, si no veía bien, y luego le dijo “vas a estar en este cuarto 11 días”.

Cuando pidió una explicación, le respondió: “vimos que te rascaste el hombro y puede ser una infección.

-¿Ni siquiera me vas a revisar? –le preguntó, sin respuesta.

“Y ahí estuve llorando toda la noche, porque no sabían lo que tenía y me encerraron”. A ese sitio le dicen “La hielera”, porque “es un lugar en el que no te dan sábanas, no te dan nada, te tienen encerrado”.

Apesadumbrado, expresó que “es una tortura psicológica y física, es malo, mucha gente no sabe lo que pasa aquí”.

La comida no es buena ni suficiente, “yo soy delgado de por sí, ahora imagínense cómo estoy. He bajado de peso, la comida es poca, aquí todos dicen ‘te dan comida para mantenerte (con vida), no para engordarte’, te dan de comer nada más para que a tu estómago no le salgan úlceras”

Mensaje para los compañeros

Al finalizar la entrevista, mandó un mensaje para sus colegas de Acapulco: “No porque yo esté aquí encerrado quiere decir que cometí algún delito; yo me entregué ante las autoridades el 5 de febrero, para que pudiera tener asilo político, es algo legal, pero se me ha estado tratado indiferentemente a mí y a todas las personas en este lugar.

“Se están viviendo momentos en que sabemos que hay muchos asesinatos, este es un momento en que hay que unirnos. Agradezco mucho su apoyo, y si llego a salir de aquí, será un paso más, tanto para el periodismo como para los latinoamericanos, porque si salgo de aquí, vamos a tener la opción de decir ‘puedo pedir asilo, porque estoy amenazado por mi trabajo’, que ya no se sientan desprotegidos, que no se sientan solos, porque si esto (su petición de asilo) se llega a lograr, (se abre la opción) de decir, ‘soy periodista y puedo tener asilo’, y que no digan ‘eres periodista, no puedes tener asilo en ningún lado’.

“Ustedes me conocen, saben que no soy mala persona; estoy viendo por todos nosotros, para que en algún momento podamos unirnos, más que nada”.