Opinión

Ciudad de México.- Morena ha estado sumido en constantes grescas internas entre las diferentes corrientes que lo integran. Tras las elecciones de Baja California y Puebla, el partido implosionó y se concentró en la complicada vida interna del partido, llena de grietas y fracturas causadas por la victoria electoral del 2018, que dejó de manifiesto la ausencia de definición del tipo de partido que deben o quieren ser.

Lo anterior incluye la destitución de Yeidckol Polevnsky y la elección de su actual presidente interino Alfonso Ramírez Cuellar, que, ante la incapacidad del partido, finalmente fue resuelta por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Esto trajo como consecuencia que, durante mucho tiempo, el partido fuera dominado por las luchas internas por el poder y las rencillas personales, dejando un vacío en la vida pública y política del país y, sobre todo, sin conducir el debate público, sin proporcionar el apoyo que el presidente requiere para llevar a acabo las propuestas que apuntalan su gobierno.

Morena tuvo que convertirse en protagonista de la vida política de México, debería informar y organizar a la ciudadanía alrededor de las políticas implementadas por el Gobierno Federal.

Morena debería hacer muchas cosas que no hace, esa es la realidad. El presidente está solo y los mexicanos lo sabemos.

El apoyo popular, quienes debaten las ideas y defienden al presidente y las mañaneras, desde donde contiene y gestiona a la oposición y las artimañas de sus detractores, son las únicas armas con las que cuenta López Obrador.

En las cámaras es donde mejor coordinación y apoyo se ha conseguido entre el partido y el titular del ejecutivo. Sin duda se han alcanzado logros importantes, pero -sí, hay un pero- nadie olvida la lucha entre Martí Batres y Ricardo Monreal, o algunas declaraciones de éste último donde deja ver sus intenciones personales.

Difícil olvidar la indisciplina de ciertos diputados morenistas que, anteponiendo sus intereses personales, votan contra las directrices del partido, llevando al fracaso a varias iniciativas estatales.

Y a pesar de que ya renunció a la bancada de Morena, no hay forma de olvidar las posturas mojigatas y altaneras de Lily Téllez, quién nunca compartió, respetó ni representó los principios ideológicos más básicos del partido.

Pero más serio y deleznable aún, el caso de Baja California.

El próximo año habrá elecciones. Morena y sus candidatos estarán en todas las boletas. Pero ¿se lo merecen?

¿Acaso ha hecho lo suficiente o lo conducente para aspirar a cargo públicos? Durante la pandemia, ¿has recibido una llamada de tu diputado local de Morena? El desempeño de los morenistas que están en cargos públicos, ¿Es aceptable?

En 2021 los mexicanos tendremos que elegir. Sin duda, será una decisión complicada.

Y me pregunto: ¿Quién arropará al presidente?