Goya Gutiérrez Grietas de luz Vaso Roto, Madrid-México, 2015 63 pp.

Para acceder a la escritura de Goya Gutiérrez (Cabolafuente, España, 1954) en este libro, hay que atravesar la oscuridad de la “La antesala”. El único texto que conforma este espacio muestra el sitio donde la autora marca el centro de su visión para explorar el mundo: la memoria. Al darle a ésta la cualidad de «nave», la sitúa en un lugar privilegiado que le permite, al mismo tiempo, reconocer la aguas del pasado y recorrer el espacio de aguas futuras impulsada por el viento de «una que fe que sabe que nace naufragando». Así, el reconocimiento y la intuición se concilian para que los poemas que se congregarán en los momentos posteriores encuentren la meditación de sus motivos.

En “El arco de la palabra y sus flechas”, las imágenes y los recursos con los que la autora construye los textos no siempre benefician la ejecución, por lo que la contundencia no se consigue. El desarrollo de los poemas es todo el tiempo igual y, a menos de que un giro acertado tense el discurso o la extrañeza de una imagen sorprenda, el lector irá encontrando poemas predecibles donde la última línea es siempre la repetición del título. En este espacio, el abuso de los mismos elementos se vuelve notorio. A pesar de esto, hay momentos en los que esta escritura, que poco se arriesga, encuentra favorables cimas de expresión:

«En la sal reverberaba la luz blanca del mundo./ fruto, mar, abundancia, ritual, perpetuación de cuerpos./ La sal hubiera sido el deseo/ de los despeñados, los desterrados,/ de todos los suicidas,/ de los vientres quebrados,/ de las bocas hambrientas […] Pero se tornó insípida y justiciera bajo la diestra/ y ennegreció como la boca oscura de una cueva, como la sangre helada de un enfermo./ La sal fue hecha muralla y humilló a la tierra a la mujer a la hija a la esposa a la madre/ y quemó las cosechas y provocó la hambruna y detuvo el olvido/ e instauró la presencia móvil de su estatua.»

Poemas como “Huella indeleble”, en el que hace una evocación emotiva del atentado a Madrid de marzo del 2004, o “Retorno”, donde reflexiona sobre el tiempo actual y sus posibilidades; el presente y las variaciones que se pudieron modificar desde un pasado agitado: «Los barcos de la oportunidad hace tiempo que partieron,/ llevándose con ellos el pulso de las horas tras la brújula errada». Ambos son una muestra de otros trabajos bien logrados en las páginas de este libro. En el tercer momento, “La tregua y la vida”, aunque están los mismos recursos de ejecución que en el anterior, hay una mejor asimilación de la influencia de Alejandra Pizarnik, que la apoyan en la elevación del tono, y la ayudan a separar el discurso para que se adentre en meditaciones que rozan lo filosófico y alcanzan alturas estéticas que enriquecen el cierre de Grietas de luz.