El profesor Mayolo Contreras Parra da clases de primaria en un vagón de tren desde hace 23 años. Las casas aledañas a la escuela en la colonia El Conde también son viejos vagones de tren. La calle es larga, de tierra, y en medio tiene una vía de ferrocarril. Coloridas casas de lámina y vagones de tren adaptados acompañan ambos lados de la vía.

Este tipo de escuelas antes eran ambulantes, recuerda el profesor, fueron creadas para hijos de trabajadores cementeros, petroleros y de ferrocarriles, para los hijos de los obreros que andaban en cuadrillas, construyendo vías y otra infraestructura. Son las llamadas escuelas Artículo 123, creadas después de la Revolución y "la SEP prestaba los maestros para los hijos de los trabajadores".

En el 2015, esa escuela obtuvo el segundo lugar de la Prueba Enlace 2014 a nivel estatal.

La Escuela Primaria Artículo 123 “Lic Adolfo López Mateos”, donde trabaja el profesor Contreras Parra, fue pensada para los hijos de los trabajadores de la industria ferrocarrilera. “Aquí nos quedamos estacionados”.

Hoy que la vía está en desuso, la escuela continúa dando clases a 33 alumnos, niñas y niños de esta colonia de múltiples carencias, por lo que reciben apoyo del programa nacional México Sin Hambre de la Sedesol.

Contreras Parra es director de la escuela, pero también profesor de tercero, cuarto, quinto y sexto grado, a quienes enseña en el mismo vagón. Al lado, en un salón de láminas recién construido y pintado de azul, la profesora Samantha Yanira Ramírez Rosales da clases a los de primero y segundo grados.

“Las materias que se dan son las mismas que en cualquier otra primaria federal, es de tiempo completo, estamos de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, tenemos un comedor y los niños no pagan un peso por la comida”, afirmó Contreras Parra.

Muchos de los alumnos viven en los vagones de trenes vecinos. El profesor también vive en un vagón junto y se considera totalmente parte del singular barrio, también piensa que el futuro de este tipo de escuelas es incierto, pero se siente satisfecho con su trabajo.

Reconoció que le gustaría tener más espacio, pero asegura que su escuela vagón “no la cambiaría por nada”, ya que aporta a esta zona calidad educativa, valores y comunicación entre la comunidad, “lo mismo que cualquier otra escuela”, aseguró el profesor.

“Los niños en esta escuela tienen un alto rendimiento académico, son sobresalientes por eso los apoyamos”, afirmó a su vez Estphanie Sánchez, gerente de la Fundación Los Pilares de la Familia, la cual lleva dos años trabajando con la escuela-vagón.

En ese tiempo, la fundación ha construido baños para niños y niñas, pues antes usaban letrinas, un salón de lámina, además de financiar la instalación del comedor, para lo cual han gastado alrededor de 83 mil pesos. Además recientemente la fundación lleva a una maestra de inglés a los alumnos.

Explicó que el trabajo de la organización ha ayudado a reducir carencias en nutrición y mejorar la higiene de los alumnos y tienen pensados proyectos para mejorar los ingresos de los padres de familia. “Gobierno, iniciativa privada y sociedad civil debemos ser aliados estratégicos y trabajar juntos para una solución”, aseguró.

Con información de Notimex