LA COLUMNA DE OLVERA

Ciudad de México.- Este es el mejor momento para ratificar que en México, el racismo sigue a flor de piel, y lo peor, ya está cobrando vidas.

Se supone que vivimos en una democracia plena, donde la libertad de expresión es de lo que más podemos presumir al mundo, pero pareciera que toda esa parafernalia, de democracia y libertades, las vino a tirar la muerte de Giovanni López, este ciudadano que en vida se dedicaba al oficio más humilde, ser albañil, hay otros también, por supuesto. Y no es pescado ejercerlos.

Y no es precisamente que por ser albañil, este hombre hoy esté muero, NO. Sino por la voracidad de un gobierno, encabezado por Enrique Alfaro, quien por “temor” al Covid 19, ordenó que todos los ciudadanos de esa entidad federativa, usen tapabocas, pero por ese mínimo detalle, no usarlo, llevó a qué guardianes del orden público, golpearan y como consecuencia de ello, hoy este joven haya perdido la vida, pero además haya puesto sobre la mesa de discusión nacional, lo que todos sabemos que sí existe, el racismo, y del cual no queremos aceptar o nos negamos a discutir, a fin de aplicar medidas para erradicarlo, así como al Covid 19, qué vacuna le podríamos para erradicarlo de nuestro ADN.

Las voces de propios y extraños llevaron que ayer (jueves), los tapatíos salieran a las calles para protestar y obligar que los responsables de esta muerte, sean juzgados por un horrendo crimen de racismo, ignorancia y falta de tacto para implementar en tiempo y forma, que los ciudadanos debemos cuidarnos, y entender de una vez por todas, que el Coronavirus, llegó para quedarse.

El hecho de no llevar puesto un tapabocas, no justicia la agresión para ningún ser humano, lo que se exige es que las autoridades federales, estatales y municipales, dejen de sacar raja política de esta pandemia, que tiene arrodillado prácticamente al país.

Ahora como país, lo que exigimos además de paz y progreso, es que entre nosotros también dejemos de manejar calificativos como: “indio”, “naco”, “prieto”, “maría”, porque eso sigue en el subconsciente de los mexicanos, pareciera que ya se convirtió en un habito cultural, que no podemos vivir sin ofender a la gente que por su color de piel, , preferencias se cuales, estatura y condición social, podemos discriminar, incluso llevarlo hasta la muerte como es el caso de Giovanni.

Hasta qué punto, los mexicanos vamos a polarizar al país, hasta dónde vamos a permitir que autoridades puestas por nosotros mismos, que en una supuesta democracia, las dejemos que se violenten los mas mínimos derechos de cada persona.

La moneda sigue en el aire, la democracia de este país, sigue cocinándose entre “dimes y diretes”, claro entre autoridades desde el más alto rango y hasta el más mínimo cargo, en tanto los mexicanos de a pie, seguimos siendo testigos del racismo, la incompetencia de quienes nos gobiernan, pero la decisión, la última, la tenemos nosotros, los cuidamos. Es momento de actuar.