México. Notimex.- Del llanto generalizado de principios de ciclo escolar solo quedan unas reminiscencias, los preescolares son revisados cuidadosamente por las maestras, les observan si no tienen golpes y si tienen en su mochila lo necesario para la jornada escolar; las madres esperan con paciencia a que les reciban a los niños para luego, como la mayoría de las madres mexicanas, echar a correr para llegar a tiempo al trabajo.

Educamates Foundation está ubicada en una zona de bajos recursos al sur de la Ciudad de México, los niños que ahí asisten son hijos de madres en condiciones complicadas de vida, desde la hora de entrada, que es poco antes de las 8 de la mañana, se realiza un filtro para revisar cómo llegan los pequeños.

A la salida se realiza esta misma revisión y se informa a las madres el comportamiento, descanso, estado de ánimo y apetito de los niños; en el transcurso del día se desarrollan actividades lúdicas y de socialización con énfasis en aprendizaje de hábitos de higiene, así como periodos de siesta, recreo y juego libre.

El lugar, afiliado al Programa de Estancias Infantiles para madres y padres solos, atiende a poco menos de 30 niños que apenas cuentan con un año hasta los cuatro; Alma Martínez, directora de la institución señala que muchos de ellos vienen incluso sin un bocado en el estómago y la única alimentación que reciben es en la estancia.

En entrevista, la docente expuso que el lugar opera mediante una capacitación inicial que contempla momentos del día que consideran higiene, descanso, alimentación y la manera en que las prestadoras de servicio deben presentarse, es decir, con cofia y cubrebocas, sin aretes ni uñas pintadas y con el cabello recogido, tal y como lo señalan las actuales reglas de operación de la iniciativa.

El lugar cuenta con una cocina en la que una pulcra mujer considera la elaboración de los alimentos con base en el plato del buen comer, se les ofrece desayuno, colación y comida, de no tomar en cuenta estos aspectos y ser detectados tanto por inspectores del DIF, como de la Sedesol, les podrían cerrar el lugar, refirió Martínez.

Dichas revisiones, que son por lo menos una vez al mes, no sólo son para verificar la alimentación de los niños, sino que también se revisan las condiciones físicas de la estancia y las constantes certificaciones a las que debe acudir el personal y que al menos son unas tres al año de manera obligatoria.

Con todo y las modificaciones no pensamos cerrar nuestras puertas, dijo Alma Martínez muy convencida al mencionar que suspender las actividades de la estancia causaría afectaciones a los niños, por lo que una manera de compensar la falta de recursos será pedir a los padres de familia que envíen a sus hijos comida desde sus casas, aunque sabe que muchas madres ni siquiera contemplan aspectos de alimentación nutritiva.

En tanto, responsables de Estancias Infantiles de alcaldías de Tlalpan, Magdalena Contreras e Iztapalapa se han organizado para visibilizar las afectaciones que representarán las modificaciones al Programa y encontrar una solución.

La mayoría vieron una oportunidad de desarrollo personal y de atención a la infancia en esta iniciativa y se sumaron desde hace 12 años, fueron creciendo con ésta y se hicieron de un empleo que además mejoraba las condiciones de sus barrios.

Se trata de al menos unas diez mujeres dedicadas a la atención infantil que en entrevista conjunta señalaron que uno de los riesgos de dejar a los niños al cuidado de las familias, es que podrían incrementar los niveles de violencia hacia la infancia.

Y porqué?, señalan que están enteradas de que la mayor parte de los abusos sexuales a los niños se originan en casa, y que es por ello con el filtro que se les aplica en la entrada es posible detectar y reportar acciones que afecten la seguridad de los niños.

Con preocupación explicaron que en su mayoría, la población atendida en estos espacios vive en condiciones de vulnerabilidad y de manera general los padres de familia se ven en problemas para juntar las cuotas de corresponsabilidad que por lo general son muy bajas pero como pueden las juntan porque saben que sus hijos están bien atendidos.

Con las modificaciones al programa, las estancias tendrán que absorber algunos otros gastos para dar servicios dignos y de calidad, aunado a que no podrían contar con la certeza de cuántos niños recibirían al mes, por lo que tampoco podrían saber cuántos insumos adquirir ni la cantidad precisa de personal a contratar.

Tanto las responsables como el personal a cargo de estos espacios, cuentan con cursos en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de protocolos para la prevención de la violencia sexual en espacios educativos, convivencia escolar con perspectiva de derechos humanos, de protección civil y primeros auxilios, entre otros tantos, formación con la que no cuentan los abuelos, dijeron.

Que tienen la capacitación adecuada para la atención a los infantes y cuentan con certificaciones de cuidado y atención por parte de la Sedesol, Cruz Roja, Protección Civil, la Secretaría de Salubridad, un estándar de competencia por parte del DIF y algunas que atienden a niños de más de tres años, de la Secretaría de Educación Pública.

Certificaciones que a decir de las responsables van hiladas, cada una de ellas, y el personal que atiende a los niños debe contar con éstas, sin embargo, mencionaron que incluso algunas tienen asistentes educativos en puericultura, e incluso con formación en educación inicial.

“Tenemos 12 años tomando cursos, algunas responsables tenían preparación y otras no, el programa tiene 12 años y muchas de las que empezamos llevamos ese mismo tiempo tomando cursos y certificaciones, todas las actividades son supervisadas por el DIF con un programa educativo específico, estamos más que preparadas para atender a los niños”, coincidieron.