México.- El 20 de junio el Comando Cibernético del Ejército de Estados Unidos (Uscybercom) lanzó sendos ataques digitales contra el sistema informático militar y los servicios de inteligencia de Irán. La intrusión fue en respuesta al derribo de un dron de vigilancia estadunidense la víspera y el ataque precedente a dos barcos petroleros en el golfo de Omán.

Haciendo alarde de humanitarismo, el presidente Donald Trump anunció que había autorizado esta operación cibernética en sustitución de un ataque convencional con misiles, porque le dijeron que el último podría causar hasta 150 bajas y él no quería “ni matar a iraníes ni a nadie a menos que sea absolutamente necesario”.

En consecuencia no hubo víctimas mortales, pero los virus lanzados habrían dejado fuera de funcionamiento los sistemas que controlan el lanzamiento de misiles por parte de la Guardia Revolucionaria, la fuerza de élite del régimen iraní a la que Washington cataloga como “terrorista”.

A través de su ministro de Telecomunicaciones, Mohammad Javad Azari-Jahromi, la república islámica se apresuró a informar que el ciberataque estadunidense “no ha tenido éxito”, y añadió que tan sólo el año pasado Irán “neutralizó 33 millones de intrusiones de esta naturaleza con su cortafuegos”.

En realidad si la asonada digital fue efectiva o no sólo se podría verificar en el momento en que Teherán intentara lanzar un misil, y los únicos en saberlo serían los iraníes. Pero la agencia Associated Press aseguró que Irán desconectó de internet y protegió gran parte de su infraestructura militar y de inteligencia, después de que en 2010 ésta se viera afectada por un virus de creación conjunta Estados Unidos-Israel: Stuxnet.

En junio de 2012 y después de 18 meses de investigación y entrevistas a exfuncionarios y personal militar retirado de Estados Unidos, Europa e Israel, el corresponsal en Washington de The New York Times, David E. Sanger, publicó un adelanto de su libro Confront and Conceal: Obama’s Secret Wars and Surprising Use of American Power, en el que revelaba que un virus conocido como Stuxnet había sido infiltrado en la planta nuclear iraní de Natanz, no sólo para impedir la fabricación de armas atómicas, sino para disuadir a Israel de lanzar un ataque preventivo contra Irán.