México.- Los resentimientos, desconfianza y resquemores entre Irán y Estados Unidos no son gratuitos. La actual situación de extrema tensión no es una novedad.

Uno de los episodios más trágicos entre ambas naciones se dio el 3 de julio de 1988, cuando misiles estadounidenses derribaron un avión iraní de pasajeros -el vuelo 655 de Iran Air- matando inmediatamente a sus 290 ocupantes. Un hecho que el régimen de los ayatolas recuerda cada año, y que Washington preferiría olvidar.

La caída de la aeronave se dio en pleno contexto de guerra entre Irán e Irak, un conflicto sangriento que dejó cientos de miles de muertos en ambos bandos. Estados Unidos, que tomó posición a favor de Irak, tenía una fuerte presencia en el Golfo Pérsico, sobre todo en la protección de los barcos petroleros y de las bases estadounidenses en la región.

Washington señaló que la tripulación de un barco de la Marina estadounidense confundió la aeronave comercial con un avión militar iraní, y por eso lo destruyeron. Por lo ocurrido, Estados Unidos nunca pidió disculpas y atribuyó el hecho a un accidente "trágico y lamentable".

Sin culpa ni perdón

El presidente Ronald Reagan nunca pidió perdón por lo ocurrido y su administración jamás reconoció su responsabilidad. Por el contrario, calificó lo sucedido como "acciones defensivas necesarias".

Además, durante las investigaciones, los funcionarios estadounidenses encubrieron varios hechos y no se sancionó a ninguno de los responsables. Pese a mencionar situaciones de "estrés y distorsión inconsciente de los datos", el capitán del Vincennes, William C. Rogers recibió la Legión de Mérito, una distinción militar por conducta excepcional en el cumplimiento del deber.