México.- Atemorizada por la violencia que el inicio de la llamada "Guerra contra el narcotráfico" desató en el norte del país, Karina García Reyes decidió ir al extranjero y continuar en Estados Unidos sus estudios, donde realizó una investigación sobre el origen de la violencia narco entrevistando a 33 sujetos que figuraban en filas de cárteles de la droga.

Entrevistados por García Reyes entre octubre de 2014 y enero de 2015, son en su mayoría exsicarios y exdistribuidores de drogas, también dominan en su listado los que son originarios del norte del país y los que trabajaron ya sea de forma independiente o para "Los Zetas" o el cártel de Sinaloa.

Dichas entrevistas realizadas por la profesora son algo inédito en el mundo académico y pone sobre la mesa una perspectiva que ha sido ignorada por investigadores, funcionarios públicos y políticos: la de los perpetradores.

La identidad de cada uno de los 33 entrevistados es reservada, solo se le reconoce por sus iniciales y un seudónimo colocado por la investigadora en un artículo recientemente publicado por El País.

Los relatado por los narcotraficantes arroja luz sobre las posibles causas de su incursión en el narco y explica la lógica con la que entienden el mundo. La investigadora aborda con los criminales temas como su niñez y adolescencia, alcoholismo, drogas, vandalismo, su incursión y papel en el narco.

"Yo sabía que iba a crecer y morir en la pobreza y solo le preguntaba a Dios: ¿Por qué yo?", refiere Wilson, uno de los narcotraficantes entrevistados. La pobreza, detalla García Reyes, es una de las principales razones por las que estos incursionan a este "negocio" ilegal.

"Alguien tiene que ser pobre", refiere Lamberto, uno de los entrevistados, "no puedes hacer nada para evitarlo", añade Tabo, otro.

"Yo sabía que estaba solo, si quería algo lo tenía que obtener por mí mismo", confiesa Rigoleto. Estas palabras exponen, según la investigadora, una visión individualista del mundo: "los individuos son responsables por su desarrollo económico y social".

La soledad también proviene de una familia nula o perpetradora de violencia intrafamiliar, hecho que deriva en un rencor contra sus padres. La profesora detalla que 28 de los 33 entrevistados admitieron que en algún punto de sus vidas su mayor ilusión era matar a sus padres.

"Todos coinciden en que su mayor frustración era ver como sus padres golpeaban y abusaban de sus madres constantemente", refiere la investigadora.

Para algunos participantes, la fantasía de matar y hacer sufrir a sus padres era su mayor motivación para trabajar en el narco.

"Cuando era niño no tenía ilusiones, o planes para el futuro, mi único pensamiento era matar a mi padre cuando fuera grande... lo quería cortar en pedacitos", relata Rorro.

Ponciano señala que cuando torturaba personas se imaginaba que la persona era su padre "y los hacía sufrir con más ganas, como él nos hizo sufrir a nosotros".

"Si hubiera querido, lo hubiera matado (a mi padre). Tenía docenas de sicarios trabajando para mí. Si hubiera querido... lo hubiera podido ver sufrir bajo tortura. Pero no pude... así que le dije: vete lejos de aquí, que no te vea. Si te vuelvo a ver te mato", precisa Facundo.

Al estar solo, continúa la profesora, lo que impera es la ley del más fuerte. "En mi barrio todos sabíamos las reglas: el que se duerme pierde. Esa era la ley. Tienes que ser rudo, violento, uno se tiene que cuidar porque nadie lo va a hacer por ti", ejemplifica Cristian.

En medio de la pobreza y la soledad, aquellos jóvenes y niños que en el futuro serían narcotraficantes, dijeron que siempre supieron que ese sería su destino. "Cuando creces en un barrio pobre ya sabes que en algún punto te convertirás en drogadicto", confiesa Palomo.