Por Isaí Ángeles

Ciudad de México.- Un fallo de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya (Holanda) sobre una disputa por el estratégico Mar del Sur de China generó tensiones, pero una reunión de países asiáticos llamó a debatir el tema por medios pacíficos.

El añejo diferendo fue reactivado en 2013 por la denuncia presentada al tribunal por Filipinas contra China, luego que el gigante asiático tomó posesión del banco de arena Scarborough, localizado a 240 kilómetros de territorio filipino y a unos 800 kilómetros de suelo chino.

El fallo del tribunal de cinco expertos estableció que “no hay base legal” en los derechos históricos de China alegados por Beijing para reclamar posesión “dentro de las áreas marinas que entran en la ‘línea de nueve puntos'” (Mar del Sur de China).

Los argumentos chinos “exceden los límites geográficos y sustantivos de los derechos marítimos de China expresamente permitidos por la Convención de Derechos del Mar”, se indicó en el documento.

Aunque de alguna manera dio la razón a Filipinas en el litigio, el panel de expertos hizo hincapié en que “no se pronuncia sobre cualquier cuestión de la soberanía sobre un territorio y no delimita ningún límite entre las partes”.

China nunca aceptó la jurisdicción de la Corte ni tampoco participó en los alegatos, aunque conforme a los reglamentos de la Corte Permanente de Arbitraje, esa situación no constituyó un obstáculo para el procedimiento.

La decisión es vinculante pero la Corte de Arbitraje carece de facultades para ejecutarla.

Aunque el fallo internacional solo se basó en la denuncia de Filipinas contra China, otros países también reclaman posesiones en esa área: Vietnam, Malasia, Taiwán y Brunéi.

El Mar del Sur de China, cuyo 90 por ciento es reclamado por Beijing, es una extensa zona rica en recursos naturales y energéticos (sobre todo gas y petróleo), además de ser el paso del 30 por ciento del comercio marítimo mundial.

En la zona, de unos dos millones de kilómetros cuadrados, existen decenas de islas, arrecifes y bancos de arena, entre ellos los grupos conocidos como Paracelso, Spratly, Pratas, Macclesfield y Scarborough.

Las Islas Spratly son reclamadas por China, Malasia, Brunei, Filipinas, Taiwán y Vietnam, mientras que China, Taiwán y Vietnam reclaman las Islas Paracelso –ocupadas por Beijing desde 1974-.

Esas islas están ubicadas dentro de la “línea de nueve puntos”, una línea imaginaria territorial elaborada por China en 1946.

Scarborough es reclamado por China, Taiwán y Filipinas.

El fallo estableció que “a pesar de que navegantes y pescadores chinos, así como de otros estados, habían históricamente hecho uso de las islas en el Mar del Sur, no había pruebas de que China había ejercido históricamente el control exclusivo sobre las aguas o sus recursos”, como en el caso de las Islas Spratly.

Sobre el banco de arena Scarborough, el Tribunal sostuvo que los pescadores de Filipinas y China tienen derechos de pesca tradicionales, pero Beijing “había interferido con estos derechos al restringir el acceso, además de que patrulleras chinas han puesto en riesgo de colisión a barcos filipinos”.

Desde hace un tiempo, los países involucrados han construido infraestructura en varios arrecifes con el fin de ganar terreno al mar para convertirlos en islas artificiales con miras a establecer sitios de defensa militar –con campos de aterrizaje- y así reforzar sus reclamos.

Un reporte del Departamento de Defensa de Estados Unidos en 2015 afirmó que China recuperó en Spratly 17 veces más tierra en 20 meses que los otros países reclamantes combinados en los últimos 40 años.

En virtud del Convenio de los Derechos del Mar, las islas generan una zona económica exclusiva de 200 millas náuticas, pero “rocas no aptas para mantener habitación humana o vida económica propia no tendrán zona económica exclusiva ni plataforma continental”.

El fallo determinó que sitios en las islas Spratly “son legalmente rocas” que no generan una zona económica exclusiva ni plataforma continental”.

El panel de expertos acusó a China de causar graves daños a los arrecifes de coral al construir islas artificiales en sectores de Spratly, además de permitir a sus pescadores capturar tortugas en peligro de extinción, corales y almejas gigantes.

A raíz del diferendo, Filipinas ha expresado su preferencia por negociaciones multilaterales con la participación de los Estados ribereños del Mar del Sur de China, mientras Beijing se inclina por convenios bilaterales.

China no descarta el diálogo, pero solo con “los países directamente involucrados” –según dijo un alto funcionario-, para así rechazar el involucramiento de Estados Unidos, con intereses en la zona.

La marina de Estados Unidos realiza patrullajes regulares en el área, con el supuesto fin de garantizar la libertad de navegación.

El año pasado, China acusó a Washington de un ingreso ilegal de su armada a aguas reclamadas por China en el Mar del Sur.

Luego de la decisión de la Corte de Arbitraje, China anunció una vigilancia regular en el Mar del Sur, aunque para aliviar tensiones la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) en conjunto con Beijing llamaron al mantenimiento de la paz y estabilidad en la zona.

La ASEAN está formada por Laos, Singapur, Tailandia, Camboya, Indonesia, Myanmar, Brunéi, Filipinas, Malasia, y Vietnam, los cuatro últimos con reclamos en el mar del Sur de China.

“Las partes interesadas se comprometen a resolver sus conflictos de competencia por medios pacíficos, sin recurrir a la amenaza o uso de la fuerza”, se indicó en una declaración emitida en Laos.

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