México.- Birgit Gustke sufre, desde hace 12 años y cada día, los problemas que acarrea su enfermedad. "Solía hacer deporte todos los días. Mi meditación era la respiración mientras corría ", recuerda. Hoy, una caminata de 20 minutos es más que suficiente para agotarla y no poder hacer nada más durante el resto del día.

Su compañera de sufrimientos, Christine C., está afectada desde hace ocho años. Antes de la enfermedad, corría maratones, practicaba la equitación y tocaba el trombón en una banda de jazz. Hoy tiene problemas para respirar. Solo puede caminar distancias cortas y no puede sentarse sobre un caballo por más de diez minutos. "La voluntad está ahí, pero el cuerpo no ayuda", afirma.

Los síntomas son diversos. Las actividades aparentemente banales agotan mucho a los afectados, el descanso no es reparador. Además tienen problemas de concentración, sensibilidad a la luz y al ruido, con los cambios de temperatura, molestias estomacales e intestinales y dolor crónico en todo el cuerpo.

Agotamiento extremo

La enfermedad que ambas sufren se llama encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica (EM/SFC). Los afectados se muestran agotados mental y físicamente, y el sistema inmunitario está sobrecargado.

Alrededor de 17 millones de personas en todo el mundo están afectadas con ME/CFS. En Alemania casi 300.000 personas, pero el número de casos no reportados es significativamente mayor. Es muy difícil de diagnosticar, y los investigadores no se ponen de acuerdo en las causas que la originan. Es una enfermedad de las sociedad modernas que exigen el máximo rendimiento. En 1969, la OMS clasificó la ME/CFS como una dolencia neurológica. Sobre todo las personas que son muy exigentes consigo mismas y sobrecargan sus cuerpos sin interrupción son particularmente susceptibles a sufrirla

Diferentes desencadenantes

Además de los virus, los desencadenantes pueden ser, por ejemplo, las sustancias tóxicas o la actividad reducida de las enzimas de desintoxicación en el cuerpo. Lo complicado de la enfermedad es la incertidumbre sobre cuándo el cuerpo se dará por vencido. "Nunca se sabe cuándo se colapsará", dice Birgit Gustke. En su caso, su cuerpo sufre una crisis total dos veces al año. Su esposo tiene entonces que lavarla y alimentarla.

En Christine C. se manifiesta con mayor frecuencia. "Abarca casi un tercio del mes. Simplemente colapso en el lugar y me quedo allí durante media hora antes de poder moverme de nuevo", dice. Para algunas personas, estas crisis pueden durar minutos, meses y, en casos extremos, incluso años.