México.- La mano negra de Felipe Calderón fue lo primero que asomó en este cantado, previsible y nada sorpresivo regreso a la vida política de México, aun cuando va precedida de su presencia “opositora” en redes sociales, especialmente en Twitter.

El regreso de Calderón a la vida política obedece a una gran cantidad de intereses no de la derecha, sino de la oposición en general, que adolece de un líder de envergadura para darle batalla a la famosa 4T.

A pesar de que Calderón antes ya había intentado posicionarse en la vida pública –con la candidatura presidencial de Zavala–, su fracaso fue estrepitoso. El segundo intento aún está en proceso, pero la creación de su partido México Libre también depende en gran medida de la participación de la sociedad, por lo que todo indica que el éxito no correrá a su favor para cubrir los requisitos, lo que le ha obligado a replantear sus estrategias y ahora mismo encamina su regreso a las filas de PAN.

Esto último supone tender puentes, conceder y llegar a acuerdos con gente que en el pasado fue agraviada por su ambición y fue víctima de su carácter irascible e impulsivo.

Calderón y los suyos no han cejado en sus intentos por polarizar, manipular y falsear desde sus perfiles de redes sociales, así lo han demostrado estos los 7 meses que la 4T está en el gobierno, mediante la gran cantidad de desmentidos de los que han sido objeto. Otro aspecto que también ha quedado claro es que la mayoría de los mexicanos tampoco lo apoyan en redes sociales, sin embargo, cuenta con un presupuesto que le permite contratar granjas de bots que provocan gran repercusión y que conforman parte esencial de sus estructuras de redes sociales.

Por lo tanto, ha decidido decantarse por regresar al amparo de los presupuestos institucionales, de las dinámicas partidistas, que cuentan con mecanismos legales para colocar en la palestra a personajes impopulares.

Pero ese regreso también obedece a otras razones. Calderón no sabe hacer otra cosa. Su vida productiva se ha desarrollado en la esfera pública y al parecer sus incursiones en el ramo empresarial no han resultado tan beneficiosas como él esperaba. Sus ingresos, los de su familia y allegados siempre han dependido de los presupuestos gubernamentales. Ahora que no goza de la pensión de expresidente y tampoco forma parte de ningún partido político, se ha quedado sin los recursos suficientes que apuntalen sus ambiciones, y aquellos que lo apoyan o están dispuestos a hacerlo requieren que tenga una robusta estructura como opositor, que no ha podido forjarse por sí mismo.

Por supuesto, este regreso también se trata de poder.

Con el PRI, el PRD y el MC en ruinas y a punto de la extinción, sus principales voces están ocupados y preocupados por asuntos de primerísima necesidad, como su propia supervivencia. La oposición sufre de una desarticulación que ha dejado sin contra parte a la 4T. Y es ahí donde Calderón ve un nicho de oportunidad a la altura de sus ambiciones. Se ve a sí mismo como el articulador, como la voz y la figura de la oposición.

La verdadera pregunta no es si volverá a la vida pública, sino si lo hará con la seriedad que México necesita.