México.- En opinión de Tomás Ejea Mendoza, experto de la Universidad Autónoma Metropolitana y autor del libro Poder y creación artística en México: un análisis del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, la administración del Fonca obedece más a un ejercicio autoritario del poder político que a un asunto de corrupción.

“Durante toda su existencia, no solamente en los últimos años, el Fonca fue generado con una estructura fuertemente vertical y autoritaria”, señala Ejea.

“La toma de decisiones la hacen las comisiones en base a un reglamento, un reglamento que les da demasiado poder, pero sobre todo al Secretario Ejecutivo, le da capacidad de discrecionalidad y le da capacidad de muchas veces ser opaco, pero legalmente él está facultado para eso”, apunta el académico, quien considera que los reglamentos de operación del Fonca “están hechos para que estas comisiones tomen decisiones con la subjetividad correspondiente”.

Un caso concreto de esta discrecionalidad tiene que ver con el manejo de las subcuentas o subfondos, que ocupan la mayoría de los recursos que maneja el Fonca. “Ahí sí hay opacidad, muchísima opacidad de cómo funcionan las subcuentas”, señala el experto.

“El manejo discrecional de los recursos no es un problema de corrupción en ese sentido, sino que es un problema de autoritarismo, que desde mi punto de vista es más grave, porque ese autoritarismo, en la manera en que está estructurado en esta institución permite precisamente todo ese manejo discrecional de los fondos, le da derecho a las autoridades o a los principales encargados de manejar esos recursos discrecionalmente. y estoy usando una palabra elegante, porque en realidad lo que hacen es utilizarlos como ellos dispongan y muchas veces para sus propios intereses.”, explica.

De acuerdo con Ejea, la creación del Fonca no puede desentenderse de la coyuntura política por la que atravesaba México tras unas elecciones fraudulentas de 1988 que llevaron al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari a acercarse con los intelectuales para tratar de construir la legitimidad que no pudo obtener en las urnas. Un acercamiento donde la intervención del poeta mexicano Octavio Paz y su grupo, serían fundamentales para que la creación del Fonca estuviera marcada por la creación de mecanismos verticales y autoritarios que se mantienen hasta la fecha, según el especialista.

“En su momento se juntaron dos voluntades políticas sumamente autoritarias. Por un lado, la voluntad de Carlos Salinas de Gortari, que había cometido un fraude documental documentado históricamente, y que necesitaba un proceso de legitimación, lo cual llevaba estrecharle la mano y brindarle recursos a un fuerte sector de la comunidad intelectual y artística, como se acercó a otros sectores. Pero también la otra voluntad era otro personaje sumamente autoritario como lo era Octavio Paz, quien llevaba muchos años proponiendo que debería de haber un sistema de financiamiento para los artistas que les permitiera subsistir y una cierta independencia del gobierno. Esas dos voluntades lograron generar un proyecto que a todas luces es autoritario”, señala Ejea.

De este modo, el académico considera que la creación del Fonca es un mecanismo que pretende cooptar a la clase intelectual a cambio de becas y apoyos económicos, aún cuando los recursos disponibles se repartan de manera inequitativa.

“El Fonca está pensado para dos cosas: darles muchos recursos a unos cuantos y darles pocos recursos a muchos”, señala Ejea. “El Fonca está muy bien pensado para generar legitimidad. Por un lado, les da muchos recursos a unos cuantos, y en cada disciplina se puede ubicar quienes son esos pequeños grupos que reciben mucho, pero, por otro lado, la gran comunidad artística recibe pocos recursos. Casi todos los que están en la comunidad recursos han recibido recursos directa o indirectamente del Fonca, y es una forma muy inteligente de generar un proceso de legitimidad o al menos de evitar, que este es el caso, una crítica abierta y clara”.

El académico de la UAM también sostiene que la actual transformación de Conaculta en la nueva Secretaría de Cultura obedece a una coyuntura política en la que el actual gobierno de Peña Nieto busca desincorporar el “lastre de la cultura” de la Secretaría de Educación Pública, con el fin de tener un mayor control del sector en el marco de la reforma educativa. Pero a pesar de ello, la creación de la Secretaría de Cultura no cuenta con los mecanismos institucionales necesarios para evitar que la opacidad y los apoyos discrecionales se repitan dentro del nuevo órgano de gobierno, tal como ocurre con el caso de los donativos.

“Absolutamente opacos. Al presidente de Conaculta se le habían dado atribuciones para manejar estos recursos opacos y al ahora secretario de cultura tampoco se le han dado restricciones, por lo que seguirán existiendo. Me parece que muestra otra vez, un régimen que de ninguna manera quiere perder el sentido vertical y unipersonal de la toma de decisiones, sobre todo porque la rendición de cuentas no existe programáticamente, no existe la obligatoriedad de la rendición de cuentas. Me parece muy grave porque son recursos que deberían ser destinados no a ganar adeptos o al beneficio personal, sino recursos que deberían estar funcionando para generar proyectos culturales estables, perdurables, comunitarios que manejen un punto de vista de la equidad y la legalidad”, señala.

De ahí que muchos de los apoyos otorgados a particulares por la vía de donativos obedezcan a un interés del gobierno por ganarse el apoyo de grupos de poder fáctico que han resultado beneficiados no sólo por la política cultural, sino por las llamadas reformas estructurales en su conjunto, tal como ocurrió con la reforma de telecomunicaciones.

“El gobierno es un procesador de legitimidad. Esa es su función. Y el proceso de legitimación se puede dar en el sentido de prebendas o en el sentido de realmente cumplir con las necesidades sociales de la población. Lo que ha hecho el Estado y el gobierno, específicamente para la parte cultural, desde mi punto de vista, es precisamente comprar apoyos y generar alianzas que tienen que ver con que los grupos de poder fáctico estén conformes y contentos con la forma en que se disponen los presupuestos. El que a Televisión Azteca se le brinde un apoyo prácticamente vertical, sin ningún consenso o discusión previa, es una muestra de cómo funciona el gobierno porque si aquí le están dando apoyo a una orquesta, cuando vemos la cuestión de las telecomunicaciones nos encontramos con todo el privilegio que se le ha dado a Televisa y Televisión Azteca. No debe de sorprendernos que en la cultura se les den estos beneficios cuando en la economía en general también se les dan, digamos por ejemplo las concesiones de telecomunicaciones que son un activo muy valioso. No debe de sorprendernos, debe indignarnos”, apunta Ejea.

El académico también señala que en el caso del programa de Ciudades Mexicanas del Patrimonio Mundial se repite la misma tónica, ya que “el problema no son los montos nada más, el problema fuerte es la ideología política, económica y social que está dirigiendo este tipo de programas”.

“Es producto exactamente de lo mismo. Toda esta cuestión de las Ciudades Patrimonio es una idea que de principio podría funcionar muy bien y ser muy interesante, pero está administrada de una manera muy sesgada. Finalmente, lo que debería estar en juego es qué entendemos por patrimonio nacional. Y hay dos grandes corrientes, una que entiende el patrimonio como la recuperación de la cultura, la capacidad de la población de manifestarse, etcétera, y otros que piensan el patrimonio como una apuesta al día de un negocio para la libre circulación del mercado. El problema no es que se destinen tantos recursos a este tipo de programas, el problema es la ideología y el planteamiento programático que está atrás, que es la idea de que la cultura sólo funciona si se comercializa y se vende. Y esas son muchas de las acciones que se llevan a cabo en este tipo de programas”, apunta.

“Si estos recursos se utilizaran realmente para generar un patrimonio en el sentido de un reconocimiento de la identidad y las capacidades de expresión y creativas, estaría muy bien, pero se están dirigiendo fundamentalmente a la idea mercantil de la cultura, y eso no genera patrimonio, sino una serie de negocios que en un momento dado el viento se los lleva, porque el mercado ante todo es volátil y sumamente vanidoso. En el momento en que no funciona, desaparece”, concluye.

Este texto fue escrito por Manuel Hernández Borbolla y fue tomado de: https://drive.google.com/file/d/1iMIiAXmdNshoIDCQi3OQd-2gb9nPD4vo/view