La pintura es poesía; siempre se escribe en verso con rimas plásticas.
Pablo Picasso

 

México.- Francisco Magaña nació en Paraíso, Tabasco, en 1961. En su libro más reciente, Primer mundo, publicado por la Universidad Autónoma de Querétaro, recrea y recuerda, desolvida y sueña su infancia. “Significa todas las emociones: El recuerdo de mi abuelo, del primo con el que viajaba a la playa, el juego en las calles sin pavimentar, el patio con sus animales, el pozo, a un costado de la iglesia.” A pesar de que vivió en Paraíso sólo por temporadas, el recuerdo y la añoranza son muy fuertes. Fernando Nieto Cadena, fallecido poeta ecuatoriano, decía que Francisco Magaña era un comalcalquense nacido en Paraíso.

Poeta y traductor, artista plástico, fundador y editor de Ediciones Monte Carmelo (1997), sus poemas y traducciones del francés han sido publicados en México, Argentina, Chile, España y Canadá. Obtuvo el premio estatal de poesía José Carlos Becerra y el premio nacional de poesía Carlos Pellicer para obra publicada en 1999; también el internacional de poesía Jaime Sabines (2001). Además del francés, es traductor de alemán y portugués, y fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en el periodo 2011-2014.

“Lo que recuerdo es que ya en la secundaria tenía libretas destinadas a la escritura y al dibujo. Y desde entonces forman mi vida o la mal forman, el caso es que son necesarias, como leer y escuchar música, como pensar en la edición de un libro.”

- ¿A qué cosa llamamos poesía mexicana y qué la caracteriza?

- No sólo a la poesía escrita en el país sino a la hecha por quienes se encuentran fuera. Y la caracteriza un vital entramado de voces a cargo de jóvenes que están escribiendo con disciplina y dedicación. Pienso en Paula Abramo, Anaïs Abreu D´Argence, Kenia Cano, Emiliano Álvarez, Ángel Vargas, Francisco Trejo, Hernán Bravo, Citlali Guerrero, en fin, la lista por fortuna es extensa. Y te hablo como lector de los libros que tengo la suerte de haber leído, no como crítico. Pero tu pregunta da para mucho más, aquí sólo mencioné a poetas jóvenes.

Fue co-traductor, con Luis Armenta Malpica y Gabriel Martín, de Los cuatro estados del sol, (Mantis editores / Ecrits des forges, 2009); edición y versión de Notas sobre poesía, de Paul Claudel (EMC, 1999); edición, versión y nota de Canción para la comida del ogro, de Edmond Jabès. (Ediciones de medianoche, 2015); edición, versión y nota de La noche inquieta, de Henri Michaux (Calygramma, 2016); edición, versión y prólogo de Poética de autores francófonos, de Rimbaud a Roger Caillois (Inédito).

Yo siempre he visto una relación íntima entre la poesía y la pintura, un quehacer semejante en lo esencial y lo estimulante de este binario ejemplar, un lazo irrompible, expuesto a lo largo de la historia del arte. Y Francisco piensa igual: “Y es una relación añeja”, me explica desde la distancia. “Hay un libro extraordinario de Neus Galí que justamente analiza esta correspondencia: Poesía silenciosa, pintura que habla, en la que desarrolla a través del tiempo Uc pictura poesis. Y las concibo así, de una manera natural. Cuando leí este título supe que aquel balbuceo intuitivo tenía un sustento histórico.”

- ¿Cuál crees que sea el aporte de la poesía mexicana a la poesía hispanoamericana y en qué consiste éste?

- No sabría decirlo o no puedo opinar como crítico sino sólo como lector. En México hay poetas de obra consumada y avalada por los lectores aquí y fuera de nuestro país. Que no se lee poesía mexicana en España como en México leemos a los españoles, también es cierto. Y hablo así a bote pronto de ese país porque es donde están sellos con mayor presencia en otras latitudes.

Su trabajo está incluido en las siguientes antologías: El salmo fugitivo, una antología de poesía religiosa latinoamericana del siglo XX, selección y prólogo de Leopoldo Cervantes-Ortiz (Aldus, 2004). Anuario de poesía mexicana 2005, selección y prólogo de David Huerta (FCE, 2006). Los mejores poemas mexicanos, selección y prólogo de Elsa Cross (FCE-Fundación para las Letras Mexicanas, 2006). Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos, selección de Eduardo Milán (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 2007). Trece mantis en un jardín germano. Muestra de poesía mexicana reciente / Dreizehn Mantis in einem deutschen Garten. Zeitgenössische Poesie aus Mexiko, selección de Auswahl y Luis Armenta Malpica, con traducción de Simone Reinhard (Colección Terredades, Mantis, 2013). La literatura mexicana del siglo XX, de José María Espinasa. (El Colegio de México, 2015); entre muchas otras importantes.

Le pregunto por el amor, porque siempre ha sido un tema de preocupación para mí, ¿existe o es sólo una conjugación de eventos y otros sentimientos y necesidades? Me responde con una cita cuyo autor no recuerda: ‘Un gran amor dura una hora, y si es eterno, un día’. ¿Quién lo escribió?”, pregunta. Investigo un poco para no quedarnos con la duda y descubro que es del escritor y periodista colombiano Manuel Mejía Vallejo, en cuyas novelas maneja, como tema recurrente, la periferia, el destierro del provinciano y la soledad.

- ¿Puedes mencionar poetas mexicanos contemporáneos que para ti, suman a la poesía nacional?

- Créeme que sería una lista larga e incompleta. Larga, porque son muchos los autores que me han dicho bastante durante años; incompleta porque no conozco toda la obra de ellos. Pero Francisco Hernández, Marco Antonio Campos, David Huerta, Vicente Quirarte, Jorge Esquinca, Fabio Morábito, Fernando Fernández, Pura López Colomé, ¡claro! ¿Ya ves?, es lo malo de las listas. ¿Y Gerardo Deniz? Otros nombres de mi generación: Ernesto Lumbreras, Jorge Fernández Granados, Jeremías Marquines, Javier España, ¡claro!, y Roberto Rico…

Me platica, a grandes rasgos, sus planes y proyectos que tiene en puerta: “Estoy revisando un libro con el que tengo ya un par de años. Soy lento para revisar y acabo borrando más que nada. Y escribiendo, sí, pero sin otro propósito más que el solo acto de hacerlo.”

Este año participará en una colectiva organizada por los Vicentes de El Colegio Nacional: Rojo y Quirarte. Se trata de una muestra de poetas y escritores que hayan incursionado en la pintura y el dibujo. Además de tres proyectos “macerándose a fuego lento” con otros editores. “Son de esos proyectos con los que sigo festejando mi paso por la edición y que me van a dar, seguro, la satisfacción de compartir lecturas con altas dosis de cafeína.”

Ha publicado diecisiete títulos de poesía, entre los más recientes tenemos Querencias (Manosanta, 2018), Altares (Ediciones sin nombre / Secretaría de Cultura, 2018) y el que mencioné al principio, Primer mundo (Colección El libro mayor. Universidad Autónoma de Querétaro, 2019).

¿Cómo descifrar la pintura y la poesía? ¿Sabemos lo que son realmente? “Para mí las dos son difícil de descifrar porque vienen de un sentir, de ese sentir que está alejado de la razón o al menos de lo demostrable. Por eso no me importa indagar, sino el asombro y la alegría que me producen.”

Francisco vive en Comalcalco y trabaja en Villahermosa. El enclaustramiento le ha dado la oportunidad de trabajar en casa lo de la editorial y las publicaciones de la Secretaría de Cultura, y el tiempo que se ahorra al no tener que viajar de una ciudad a otra, lo dedica a su quehacer personal: leer, pintar, escuchar música, hablar con los amigos, actividades fundamentales para él.

“De las satisfacciones que he tenido como editor es que lo que en principio fueron autores se consolidaron como personas entrañables. Dos ejemplos: Mario Heredia y Gabriela Hernández. De Mario me enteré por Luis Armenta, quien me habló de Memoria de mis huesos, una novela extraordinaria que ya había sido publicada en Guadalajara. Cuando lo leí la imaginé en Ediciones Monte Carmelo y tuve la suerte de poder editarla. Lo mismo con Gabriela Hernández. Primero supe que no le gusta publicar (y eso me llamó mucho la atención), luego me confió una novela que me encantó, de una sutileza y a la vez de una fuerza, poco comunes, Islas, y apareció en Monte Carmelo. Y luego, de ella misma pero para la Secretaría de Cultura de Jalisco, publiqué un libro de cuentos. A Gelman lo conocí hace muchos años en Tabasco, y luego, gracias a Marco Antonio Campos, se consolidó la amistad. Y es que de otra manera no puedes publicarlos. A Langagne le publiqué XXX Sonetos, a Juan Domingo Argüelles, Males ciudadanos.”

Vicente Quirarte le envió La invencible y cuando Francisco se enteró de que se presentaría en Bellas Artes, se organizó para realizar el viaje a la Ciudad de México, jornada que le fue doblemente satisfactoria, porque conoció a Eusebio Ruvalcaba y de inmediato hicieron conexión, “primero como autor lector, que luego pasó de autor a editor y luego de amigo a amigo. Un libro me llevó a otro, una amistad a otra. ¿Qué más pedir? Y sí, el nombre de las ediciones es un homenaje a San Juan de la Cruz”, me cuenta desde Comalcalco, Tabasco, la casa de los comales, por su traducción del náhuatl.

Pasando a su etapa de pintor, me interesa saber su opinión sobre el color negro y me parece muy interesante su reflexión: “Sea o no un color, es un efecto, y no menor. Y es el resultado de muchos estadios. Me interesa como fenómeno de escasa luz que irrumpe en la blancura.”

Su obra plástica ha sido plasmada en libros y revistas como Trilce (Chile, 2012); viñetas en el libro Chernóbil, de Óscar Santos (Mantis editores, 2013); la portada de Pledged Poetry / Poesía en prenda, de Abigael Bohórquez (Quattro Books / Mantis editores, 2014). También realizó la portada e interiores de Elegía por la sangre derramada, de Miguel Aguilar Carrillo (colección El otoño recorre las islas, 2012); la portada de El arte y su símbolo, de Mauricio Beuchot (Calugramma / INBA, 2013); la del libro Piélago, poesía reunida, de José María Espinasa (colección Poema y ensayos, UNAM, 2013) y de la Antología poética, de Luis García Montero, en La otra / UANL, en 2019. Y una obra suya pertenece a la colección El amor visto por el arte, de la Fundación Milenio.

Los días de encierro los pasa con su esposa y su hijo. “Tengo la suerte de tener un espacio para leer y escribir, y una mesa grande, bueno, ni tanto, a la que pomposamente llamo taller.”

Su poesía es clara y desnuda, sumaria, así como Borges se inclinaba por la brevedad, la concisión sin más, así también Francisco Magaña.

Se levanta con un sueño entre las manos.
Dice que la palabra se reinventa al ser pronunciada
en la luz que concede la oscurana.
Y cuando le preguntan por la mirada,
responde que la palabra de Dios es el silencio.