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Gabriel Figueroa, el “muralista” del cine mexicano

El pintor Diego Rivera calificó a Gabriel Figueroa como “el cuarto muralista”, junto a David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y el propio Rivera, así como un “muralista ambulante”.

Por Redacción, 2019-04-25 13:11

México, Notimex.-Calificado como el paisajista del cine nacional, creador de la memoria visual del país, forjador de identidad nacionalista, el muralista del séptimo arte y pilar de la Época de Oro del Cine Mexicano, el cinefotógrafo, iluminador, activista y operador de cámaras Gabriel Figueroa imprimió su sello en el arte y la mente de los mexicanos.

Participó en 235 películas filmadas en México y Estados Unidos con directores de la talla de Emilio “el Indio Fernández, Luis Buñuel, John Houston y John Ford, creó una forma de fotografiar la realidad y resaltar personajes y escenarios por medio de claroscuros, acercamientos a los rostros y una cuidada iluminación.

“Estoy seguro de que si algún mérito tengo, es saber servirme de mis ojos que conducen a las cámaras en la tarea de aprisionar no solo los colores, las luces y las sombras, sino el movimiento, que es la vida”, declaró el propio Figueroa en su discurso de aceptación del Premio Nacional de las Artes, en 1971. Nacido el 24 de abril de 1907 en la Ciudad de México, tres días después fallece su madre, pérdida que su padre no pudo superar y por cual deja al bebé y a su hermano Roberto al cuidado de unas tías, en el seno de una familia acomodada.

En el Colegio de San Idelfonso cursó la preparatoria, desde temprana edad manifestó un claro gusto por el arte y decidió estudiar pintura en la Academia de San Carlos y música en el Conservatorio Nacional, pero no concluyó ninguna; prefirió la fotografía tras ver el trabajo del retratista José Guadalupe Velasco. Por ello a los 16 años se acercó a las lentes y acercó a este arte a su compañero de escuela Gilberto y su hermano Raúl Martínez Solares, con quienes tendría una larga amistad y una cercana colaboración en la industria del cine.

Los adolescentes montaron un estudio fotográfico, que fracasó por su poca experiencia, pero cuatro años después los hermanos abrieron otro en el Centro Histórico de la capital mexicana que se convertiría en el mejor del país con retratos, fotografía fija, de moda, para revistas y comerciales.

En 1932 dio sus primeros pasos en el cine como fotógrafo de tomas fijas en la cinta “Revolución-La sombra de Pancho Villa”, de Miguel Contreras Torres. Un año más tarde fue uno de los camarógrafos contratados para la filmación de “Viva Villa!”, dirigida por Howard Hawks y luego Jack Conway. Después lo hizo en “Enemigos” y trabajó como iluminador, operador de cámara y fotógrafo suplente. Figueroa Mateos entonces recibió una beca para estudiar en Estados Unidos, donde conoció a Gregg Toland, director de fotografía de “El ciudadano Kane” y uno de los mejores fotógrafos de cine de todos los tiempos, quien le enseñó su particular estilo de iluminación.

A su regreso a México participó en «Allá en el rancho grande», película de 1936 dirigida por Fernando de Fuentes, que ganó una mención especial en la Mostra Internacional de Cine de Venecia, en Italia. Con la dirección de personalidades como Alejandro Galindo y Julio Bracho, así como la colaboración de expertos, entre ellos Alex Philips en “Cielito lindo”, entre 1939 y 1943 Gabriel trabajó en 40 películas, de las que podemos nombrar “Los de abajo” y “La noche de los mayas”.

Pero es en 1943 cuando se percibe ya definido el estilo de Figueroa con el largometraje “Flor silvestre”, en el cual actúan Dolores del Río y Pedro Armendáriz. Esa fue la primera de 24 cintas que realizó bajo la dirección de Emilio “el Indio” Fernández y un equipo de editores, actores, guionistas, músicos, escenógrafos y encargados de vestuario que modernizó y dio fama mundial al cine mexicano.

Sobresalen tanto en “La perla”, de 1945, trabajo por el que es reconocido con el Globo de Oro, de los Hollywood Foreing Correspondents; el Gran Premio Internacional (que luego cambió de nombre al León de Oro), en la Mostra, y en el Festival de Madrid; así como “La malquerida”, que le merece en 1949 el Premio Internacional a Mejor Fotografía. En esa época fue secretario general de la Sección II de Técnicos y Manuales del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC), que formaba parte de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), y desde allí denunció la corrupción de líderes sindicales.

Con apoyo de diversas secciones, entonces, fue creado el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana, que presidió Mario Moreno “Cantinflas”, con apoyo del cantate y actor Jorge Negrete y del propio Figueroa. En 1946 el cinefotógrafo recibió el Premio Internacional de Fotografía otorgado en el Festival de Cannes por la cinta “María Candelaria” y en ese mismo año fundó la primera Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México, así como la Academia de Estudios Cinematográficos.

En Hollywood ese mismo 1946 comenzó una huelga de escenógrafos y trabajadores de laboratorios, por lo que en solidaridad se ordenó que no fuera procesado ningún material proveniente de Estados Unidos. Tres años después presidió el grupo mexicano que, a propuesta de Pablo Neruda y Efraín Huerta, se organiza para apoyar a artistas de la meca del cine estadunidense que sufrieron persecución, despidos y encarcelamiento durante la llamada “cacería de brujas” impulsada por el senador Joseph McCarthy, debido a su presunta filiación comunista A comienzos de la década de los 50, viajó a Cuba para fotografiar una película sobre la vida de José Martí y en 1955 se solidarizó con el movimiento de la Sierra Maestra encabezado por Fidel Castro.

Durante el último año de esa década fue nombrado secretario del Consejo de Producción de CLASA Films Mundiales. En seis décadas de actividad detrás de las cámaras, Gabriel Figueroa Mateos recibió diversos galardones entre los que destacan el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en 1971; el Premio Salvador Toscano de Ciencias y Artes al mérito cinematográfico. También sumó un total de 16 premios Ariel, entre ellos el Ariel de Oro que recibió en 1987 como reconocimiento a su trayectoria, según resaltó la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.

Con su nombre es llamada la estatuilla que reconoce la Mejor Fotografía Cinematográfica en México. Ya para entonces se consideraba memorable sus trabajo en «Los olvidados» (1950), de Luis Buñuel; “Dos mulas para la hermana Sara”, con Jon Siegel, y «La noche de la iguana», dirigida por John Huston en 1964 y que le valió ser nominado al Oscar como Mejor Fotografía. Con Luis Buñuel también hace mancuerna en “Nazarín, “Los ambiciosos”, “La joven”, “El ángel exterminador” (1962) y “Simón del desierto”.

Además destacan “Bugambilia”, “Enamorada”, “Río escondido”, “Pueblerina”, “Víctimas del pecado”, “El rebozo de Soledad” y “Cuando levanta la niebla”. “Kelly’s heroes”, “María”, “El niño y la niebla”, “El señor de Osanto”, «Los hijos de Sánchez», «Cananea», «Salón México», «Las abandonadas», «Pedro Páramo», «Macario», “La escondida”, de 1955 con Roberto Gavaldón son, igualmente, reconocidas por su valor artístico. Para satisfacer sus exigencias técnicas y artísticas, Figueroa Mateos aportó al cine nuevas fórmulas de composición de cuadro a partir de realizaciones plásticas y experimentos de física, al tiempo que desarrolló filtros y otros elementos fotográficos que dieron realce a su labor.

En 1983 hizo su última película: “Bajo el volcán”, nuevamente bajo la dirección de John Huston, y al año siguiente recibió un homenaje del San Francisco Film Festival por su aportación a la industria cinematográfica. Tras recibir en los últimos meses múltiples homenajes y luego de una operación para corregir una arteria, el 27 de abril de 1997 falleció Gabriel Figueroa en su natal Ciudad de México.

A su muerte se suscitaron varios reconocimientos como la proyección de 12 películas y 42 fotografías en la Cineteca Nacional, la presentación de 26 imágenes de platino en Argentina y la exhibición de 26 gráficas en Caracas, Venezuela. También se han organizado en su honor exhibiciones en Viena, Atenas, Praga, Berlín, París, así como varias ciudades españolas y estadunidenses, entre ellas Nueva York, Los Ángeles y Washington, en las que se ha resaltado su intachable estética del paisaje y su exaltación de la naturaleza como un personaje principal.

El pintor Diego Rivera calificó a Gabriel Figueroa como “el cuarto muralista”, junto a David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y el propio Rivera, así como un “muralista ambulante”. Lo cierto es que durante muchos años México fue visto en su propio territorio y en le xtranjero a través de la mirada de Gabriel Figueroa.

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Doña Lucita se inspiró en sus carencias y las transformo en poesía

A doña Lucita la alcanzó la vejez con una memoria intacta y su pasión poética más ahondada.

Por Redacción, 2019-09-15 10:57

México.-Doña Lucita comenzó a componer poemas hace 75 años, los memorizaba porque no sabía escribir. A los 55 años terminó la primaria, y en las últimas tres décadas sus composiciones han sido premiadas en instituciones de cultura, del sector ambiental, de Profeco, del Inapam, así como por el gobierno del estado.

María de la Luz Romo García, poeta, escritora y cantautora de 90 años, es originaria del pequeño municipio de Trancoso, donde creció en medio de enormes carencias. Se casó a los 22 años con uno de los hombres adinerados de su pueblo, Magdaleno Canizalez Hernández quien, según los relatos de sus hijos, tenía gusto por el vino y las mujeres, debilidades que mermaron esa bonanza.

Las carencias en su niñez y en su vida de casada, Lucita las convirtió en poemas.

“Mi mamá tenía una libreta especial donde cualquiera de nosotros [sus hijos] debíamos escribir lo que ella nos dictaba, ni una palabra más ni una menos, porque le llegaba la inspiración y no debíamos interrumpir sus versos.

“No importaba si era de madrugada, nos levantaba para que no escaparan las letras de su memoria que convertía en frases y rimas”, relata María de Jesús, hija de la poetisa, de 46 años.

“Si por alguna razón mi madre perdía la inspiración, simplemente decía: ‘Ya no me gustó cómo quedó, luego te dicto qué sigue’; a la par tenía varios poemas y canciones iniciadas, porque no sólo escribía lo que a ella le sucedía, sino a sus hijos, a los personajes de su lugar, a su iglesia y a todo su pueblo”, añade.

A doña Lucita la alcanzó la vejez con una memoria intacta y su pasión poética más ahondada.

A los 50 años, la mujer se incorporó al grupo Flores y Rosas —de la tercera edad— donde la motivaron a terminar la primaria, la cursó y pudo escribir sus poesías y hasta corridos; lo mismo relataba una carrera de caballos que un fraude electoral y dedicaba versos a la naturaleza. Sus hijos la convencieron de entrar a concursar y ahí comenzaron los premios.

“Al mundo le vi sus falsedades, pobrezas, engaños y pesares, pero llevo en mi mente las verdades: poemas, sonrisas y cantares”, doña Lucita jamás imaginó que con ese poema que retrata su vida fuera premiada a nivel estatal en 1990, ni tampoco que al escribir: “Ante la crisis actual, mexicano estemos alerta, cuiden de su economía y escojan bien sus ofertas”, que la llevó a ganar el premio nacional en un concurso organizado por la Procuraduría Federal del Consumidor.

Lucita dice estar agradecida con la vida y unida a su esposo, a quien perdonó desde hace muchos años, y como reza Poesía a la vida: “He venido caminando de muy lejos, he cantado, he llorado, he reído; era niño, era joven, ahora viejo, pero nunca la tristeza me ha invadido”.

Dice que está en su mejor momento; se siente plena, recompensada por sus logros y sus nueve hijos, 43 nietos y 18 bisnietos. “El encuentro con Dios es mi esperanza, doblarán las campanas una tarde, oiré entonar una alabanza para después reunirme con mis padres”, así cierra su libro Poesía a la vida, por el que ha recibido muchos premios.

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Hoy estamos vivos y esta es nuestra fiesta, dice autora de «En el viaje»

La novela narra el caso de un grupo de amigos que viaja de la Ciudad de México hacia Real de Catorce en San Luis Potosí.

Por Redacción, 2019-09-12 10:55

México, (Notimex).- “Escribí este libro sobre todo porque hay días en que estoy segura de que vamos a desaparecer como especie y que, además, nos lo merecemos”, dijo la escritora Anaí López durante la presentación de “En el viaje”.

Su nueva novela narra el caso de un grupo de amigos que viaja de la Ciudad de México hacia Real de Catorce en San Luis Potosí. Son Irene, Claudio, Denisse, Lorenzo, Karla, Mauro, Javiera y Adam.

Todos tienen un gusto especial por la fiesta y por diversas sustancias. Entre lo que comparten está el amor, que es su ancla en la vida. Sin embargo, un evento inesperado los fisura, por lo que deberán hacer una introspección para reencontrarse o perderse para siempre.

“Los alucinógenos que ellos consumen implican una negación de los valores sociales y es una tentativa por escapar de este mundo y colocarse al margen de la sociedad”, indicó la autora de la afamada trilogía “Quiéreme cinco minutos”, “Quiéreme si te atreves” y “Quiéreme bien”.

Aclaró que no podría hablar por otros, pues la experiencia de viaje siempre es subjetiva y, en su caso, le recuerda que la vida de las personas no depende del trabajo, el dinero, la estabilidad ni la productividad.

“Dependen más del olor a café, del tacto del amado, de la palabra que nos empaña los ojos, de cosas que no se pueden explicar. Me confirma que lo sagrado no tiene qué ver con credos ni con dogmas, porque no tiene qué ver con nada a lo que se puede acceder con la razón o con la conciencia”.

Dentro de 110 años, dijo Anaí López, “ninguno de nosotros estaremos aquí, estarán otros. Pero ahorita estamos los que estamos, trenzados al mismo tiempo en esta, nuestra única fiesta. Ésta es la época dorada del mundo, ésta y ninguna otra, estamos vivos y mientras lo estemos somos invencibles ante la muerte”.

Antes decenas de personas atentas a los detalles de “En el viaje”, subrayó que también lo escribió por nostalgia, por sus hermanas, por sus padres, por su primo, por sus amigos, con su esposo, por su hijo y por cosas que no sabe que sabe.

“También lo escribí porque en otros días confío en que prevaleceremos y un día sabremos qué diablos hacer con esta bendita y maldita conciencia de nosotros mismos. En esta tensión constante, vivo y escribo”, resaltó quien fungió como jefa de escritores en las series “XY”, “Bienvenida realidad”, “Infames” y “Dos lunas”.

Los comentarios de “En el viaje” corrieron a cargo de los escritores Karina Simpson y Fernando Rivera Calderón, quienes leyeron uno de los fragmentos.

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Uruguaya Cristina Peri Rossi gana Premio Iberoamericano de Letras

Poeta y novelista uruguaya opina que la literatura es el último reducto contra la frivolidad.

Por Redacción, 2019-09-08 09:10

México, (Notimex).- La escritora Cristina Peri Rossi (Montevideo, Uruguay, 1941) obtuvo el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2019, que otorga la Universidad de Talca. Tras conocer la decisión del jurado internacional –integrado por personalidades de España, México, Austria, Francia y Chile– que analizó durante cinco días las candidaturas para el galardón, la poeta y novelista uruguaya se dijo emocionada, halagada y contenta, “siento una emoción tan fuerte, que corro el riesgo que sea la última”.

Asimismo, expuso: “La literatura para mí, en esta época tan dura del siglo XXI, es el último reducto contra la frivolidad y la banalidad”. Hija de inmigrantes italianos, Peri Rossi se ha caracterizado no sólo por su carrera literaria, sino por su activismo político. De acuerdo con la página web amediavoz.com/perirossi, fue su madre, maestra, quien la inició en el amor a la literatura y la música y la instruyó en los ideales feministas de igualdad.

La escritora se graduó en Literatura Comparada, cuya enseñanza ha ejercido durante muchos años. Sus primeras publicaciones fueron protagonizadas por niños, pero luego abordó temas como el erotismo, la homosexualidad o la guerrilla, siempre en un estilo experimental.

Su primera colección poética constituyó un pequeño escándalo por su erotismo y sus transgresiones sexuales. Tras el golpe militar uruguayo, la también amiga de Julio Cortázar (1914-1984) tuvo que exiliarse en Europa. Llegó a España en 1972, cuya nacionalidad obtuvo dos años después.

Algunas de sus obras son Evohé (1971), Descripción de un naufragio (1974), Diáspora (1976) Lingüística general (1979), Europa después de la lluvia (1987), Babel bárbara (1991), Otra vez Eros (1994) y Aquella noche (1996).

Su obra ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con los más prestigiosos premios literarios, entre los que se encuentra el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti 2003 y el Premio Loewe 2008, refirió El Mostrador, medio chileno de noticias, el cual considera La nave de los locos (1984) como la obra insigne de la autora uruguaya, porque aborda tópicos como la locura, el viaje, la creación, el exilio y los desaparecidos.