*Millones carecen de salud, educación y derecho a la propiedad

Por: Anaiz Zamora Márquez

 

A 20 años de que las naciones se comprometieran a lograr la inclusión de las mujeres en la economía y el trabajo, en el mundo la población femenina sigue sumida en la pobreza, carece de recursos monetarios, bienes materiales, acceso al territorio y disponibilidad de su tiempo, a lo que se suma que su salario es 24 por ciento inferior al de los varones.

Para discutir y plantear soluciones a la situación de pobreza y exclusión que aún afrontan millones de mujeres a nivel global, líderes mundiales, activistas, investigadores y funcionarios se congregaron en Buenos Aires, Argentina, en la Conferencia “Las mujeres y la inclusión social: de Beijing a Post-2015”, que inició este miércoles 6 de mayo y concluyó hoy.

En la inauguración de la Conferencia, organizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ONU-Mujeres y el gobierno argentino, Helen Clark, administradora del PNUD, sostuvo que pese a los logros alcanzados en materia de inclusión, las mujeres siguen siendo más pobres que los hombres.

Puso como ejemplo el hecho de que a nivel mundial las mujeres tienen ingresos 24 por ciento inferiores a los de los hombres, y la situación de exclusión social se agrava en países extremadamente pobres, donde las mujeres deben enfrentar graves dificultades como altas tasas de muerte materna, y falta de acceso a la tierra, educación y salud.

En ese sentido, Clark sostuvo que “en la búsqueda de un crecimiento económico que beneficie a todos los ciudadanos, es importante centrarse no sólo en garantizar que las mujeres puedan participar en las decisiones que afecten a sus vidas, sino también en la superación de las barreras, incluidas las prácticas y las actitudes discriminatorias institucionalizadas, que mantienen a las mujeres en la pobreza”.

En una mesa de análisis sobre el acceso de las mujeres al territorio y la propiedad, especialistas internacionales coincidieron en que el derecho de las mujeres a la tierra es “la puerta de entrada” para todos los demás derechos económicos y sociales, ya que ser propietarias del territorio genera avances económicos, y mejores condiciones de salud y educación para sus hijas e hijos.