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Grillos buscan brincar como alimento de Tailandia para el mundo

Los grillos solo tienen 72 por ciento de proteínas y solo 16 por ciento de grasa y 12 por ciento de carbohidrtatos, mientras las proteínas de la carne de vaca llegan a 52 por ciento, pero la grasa sube a 48 por ciento.

Por Redacción, 2017-07-11 10:30

Bangkok, (Notimex).- Los insectos como posibilidad alimentaria se han convertido en una opción que crece en Tailandia y Vietnam, países donde por tradición este consumo siempre ha existido.

Las ventajas son claras, por ejemplo para los grillos: 72 por ciento de proteínas y solo 16 por ciento de grasa y 12 por ciento de carbohidrtatos, mientras las proteínas de la carne de vaca llegan a 52 por ciento, pero la grasa sube a 48 por ciento.

En el sureste asiático y en Tailandia y Vietnam comienza a ser común encontrar en los anaqueles de las tiendas pasta hecha a base de grillo, barras de proteínas proveniente de insectos, o harina y trozos que asemejan tortillas también elaborados con insectos.

Los eventos donde la entomofagia y la cocina a base de insectos son los temas se vuelven cada vez más frecuentes.

Le Cordon Bleu Dusit Culinary School organizó un seminario para mostrar platillos como mousse de chocolate y gusano de bambú, grillos en diversas formas incluyendo uno en que se le combina con sandía.

Massimo Reverberi, propietario de Bugsolutely que fabrica la pasta a base de grillo, aclara que avanzar en este camino no es sencillo, en particular porque en los países occidentales se relaciona a los insectos con plagas.

Y aunque nunca se le haya saboreado, se piensa que van a tener mal sabor, agrega al Bangkok Post.

De ahí la estrategia de este empresario de entrar al mercado de comida a base de insectos de una manera gentil, combinando harina a base de ellos con otros ingredientes familiares al gusto habitual.

Una forma de extender este tipo de alimentación es el turismo, ejemplifica Massimo.

Muchos turistas estadunidenses recorren las calles de Bangkok, en particular la Khao San Road y su amplia oferta de puestos de comida, entre ellos los preparados con insectos.

Al regresar a su país, esos turistas que han tomado contacto con los platillos tailandeses inician el consumo de una manera básica, por ejemplo en forma de regalos, bromas y hasta afrodisiácos.

En Tailandia el reto es que las clases medias y altas acepten el consumo de insectos, ya habitual en el campo de la misma manera que lo es en otros países del sureste asiático.

En Vietnam se da otro ejemplo de expansión de la entomofagia. En esa nación los grillos comestibles se encuentran ocultos en el tallo y hojas de plantas como la yuca, las cuales no son aprovechadas.

La yuca es una de las plantas empleadas para la fabricación de etanol, un biocombustible, pero el tallo y hojas son quemadas lo que contamina el ambiente por la alta liberación de CO2 que se registra.

La sociedad que ha logrado establecer Cricket One con los campesinos que cultivan yuca, es usar contenedores abandonados que se equipan con control automático de clima, para literalmentre cultivar los grillos.

Así se obtiene aceite de grillo que se usa en las industrias de cosméticos y farmaceútica, generando pocos deshechos, detalla Bicky Nguyen, cofundadora de Cricket One.

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Familia chiapaneca lleva 102 años con legado de elaboración de marimba

En enero de 2019, el taller cumplió 102 años en la construcción de marimbas.

Por Redacción, 2019-03-17 10:06

Chiapa de Corzo (México), (EFE).- La familia Nandayapa continúa el legado de elaborar marimbas de forma artesanal desde 1917; es la tercera generación de cuatro hermanos que sigue la tradición de construir este instrumento distintivo del suroriental estado mexicano de Chiapas.

En una antigua casona en el municipio de Chiapa de Corzo se ubica su taller de construcción de marimbas. Los campesinos de la región siembran el árbol de hormiguillo, les llevan los tablones de madera para que ellos las conviertan en marimbas, llegando a elaborar alrededor de 50 al año.

En enero de 2019, el taller cumplió 102 años en la construcción de marimbas.

Carlos Nandayapa Vargas cuenta a Efe que el oficio de la familia era la carpintería, por lo que esto facilitó la fabricación de este instrumento musical. En las siguientes generaciones de la familia, algunos de sus integrantes no solo hacían marimbas sino que también tocaban este instrumento con pasión y amor a la música que se obtiene de las maderas.

Actualmente sus marimbas son reconocidas nacional e internacionalmente; se tocan en orquestas sinfónicas y obras tradicionales, y lo mismo se escuchan en Europa que África, así como en diversos estados de México, principalmente el sur.

A más de un siglo de sus inicios en este oficio ahora también han conformado el grupo musical Nandayapa, que ejecuta un repertorio musical diverso. Una de las figuras más representativas de la marimba es Zeferino Nandayapa, quien tocó en la Orquesta Sinfónica Real de Londres.

“El taller de construcción de la marimba de la familia Nandayapa lo funda 1917 mi abuelo Norberto Nandayapa, continúa con este trabajo su hijo Alejandrino Nandayapa y actualmente con mis hermanos somos ya la tercera generación de constructores de marimba, nosotros a partir de 1994 a la fecha”, narra Carlos.

Refiere que es el taller de más antigüedad que fabrica este instrumento, cuyos orígenes podrían encontrarse en África o Asia, según hipótesis rivales, pero que adquirió su forma actual a fines del siglo XIX en Chiapas.

“Es un trabajo muy bonito que va por todo el aspecto de la carpintería porque recibimos las piezas de madera de hormiguillo y cedro, que son la materia prima fundamental, en un estado rústico en planchones (tablones) y se van transformando poco a poco”, expresa.

Carlos señala que cuentan con un equipo de maestros de carpintería “que nos van ayudando para la elaboración de las piezas de la marimba para que después se haga el proceso de afinado de las teclas y la caja de resonancia”.

Cuenta que el taller trabaja simultáneamente en la elaboración de varias marimbas, cuyos componentes pueden dividirse en tres grandes grupos.

“Uno lo constituye el teclado, que es la parte más visible de la marimba. Otro es el conjunto de cajas de resonancia, que son amplificadores de sonido para cada una de las teclas, y la tercera parte la conforman lo que es el mueble, que sirve de soporte tanto para las teclas como para las cajas de resonancia”, precisa.

De acuerdo con Carlos Nandayapa, el mercado natural para sus productos lo constituyen los estados del sur de México, que son los que tienen tradición de marimbas como Oaxaca, Tabasco, parte de Veracruz y la propia Chiapas.

“Sin embargo, también zona centro como la Ciudad de México e incluso parte del norte de México también se están aficionado a la marimba y enviamos marimbas hacia allá y fuera de México. Prácticamente hay marimbas nuestras en toda Europa, Asia, África y Centro y Suramérica. Hay presencia de nuestras marimbas en todo el mundo”, afirma.

Comenta que el principal mercado para las marimbas son los músicos que tocan el instrumento. “La marimba afortunadamente tiene todavía presencia en las fiestas, en todo tipo de festejos, en estos estados de tradición de marimba. Entonces hay muchos ejecutantes que viven de tocar la marimba”, añade.

Son dos los modelos principales del taller. “Uno le llamamos marimba grande o de concierto, que tiene una extensión de cinco octavas y media, mide tres metros de largo, y hay una marimba mediana que es la marimba tenor de cuatro octavas y media. Esa mide alrededor de dos metros y es la que principalmente se comercializa”, indica Carlos.

Los costos van de 25.000 pesos (1.294 dólares) para las medianas hasta 31.000 pesos (1.604 dólares) para las grandes.

De esa forma, la familia Nandayapa llega a un siglo en el oficio de construir marimbas con un reconocimiento nacional e internacional.

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Trabajar, clave para una larga vida dice mexicano de 121 años

Manuel García dice que se siente como si tuviera 80 años.

Por Redacción, 2019-03-17 09:51

México, AFP.-Nadie podría imaginarlo con solo verlo cuidando a sus pollos en la granja familiar, pero de acuerdo con su acta de nacimiento y su identificación oficial de México, Manuel García Hernández tiene 121 años.

García, que podría ser el hombre más viejo del mundo, nació el 24 de diciembre de 1896, según consta en su certificado de nacimiento del estado de Veracruz y su credencial del Instituto Nacional Electoral.

Él nunca se ha molestado en llamar a la gente de Guinness World Records para que sea oficial.

Pero si esos documentos son correctos, es más de ocho años mayor que Masazo Nonaka de Japón, el hombre que actualmente tiene ese título, nacido el 25 de julio de 1905.

De cualquier forma la edad es sólo un número. García dice que se siente como si tuviera 80 años.

Cuenta que sólo hay dos cosas que le duelen en la vida: la muerte de su padre cuando aún era joven, y el hecho de que ya no puede trabajar.

Sin embargo, es impresionantemente ágil cuando arroja comida a sus gallinas en la casa que comparte con su hija Tomasa en Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos.

“Estoy contento, pero ya me siento cansado. Hago el esfuerzo, porque si estuviera yo acostado o sentado nomás, sí estuviera enfermo. Yo me siento como de 80 años, pero ya yo solito me ando cayendo”, dijo a la AFP este alegre hombre que siempre lleva su sombrero, pantalón y camisa vaqueros.

García ha sido testigo de vertiginosos momentos históricos a lo largo de su vida, desde la llegada de la electricidad, la invención de la televisión hasta la Revolución Mexicana y la elección del presidente Donald Trump. En total ha visto desfilar 22 mandatarios de ese país.

Empezó a trabajar en el campo a los nueve años.

Su padre, que hacía y vendía dulces, murió a los 35 años.

Se casó a los 45 años con Rosa Medino Medino, cuando ella sólo tenía 13 años.

Tiene cinco hijos, 15 nietos y seis bisnietos y estuvo casado por casi siete décadas, hasta que Rosa murió hace ocho años.

Después de eso, García se fue a vivir a Ciudad Juárez a vivir con su hija de 54 años.

La hija de Tomasa y su familia viven a lado, y otro vecino, un estadounidense, deja que García críe pollos en su gran patio.

García cree que la preocupación por sus pollos es lo que lo mantiene con vida.

“Yo quisiera trabajar como antes, ya no puedo, ya de ver que no puedo trabajar me entristezco. Yo de joven fui muy trabajador, ya ahora no, ya cuido pollos, pero eso lo hago porque me entristezco”, cuenta.

Hasta los 125

Entonces ¿es el hombre más viejo?

Alice Pagan, vocera de Guinness World Records dice que García tendría que acudir a ellos para comprobar si es así.

“Solicitamos una gran cantidad de documentación” para validar ese tipo de récords, dijo a la AFP en un correo electrónico.

“También trabajamos con gerontólogos y consultores” que analizan esas solicitudes, añadió Pagan.

Si García tiene 121 años, no solamente es el hombre más viejo que existe, sino también es el hombre que ha vivido más años de la historia, según Guinness, superando a Jiroemon Kimura, de Japón, que murió en 2013 a los 116 años.

La mujer más vieja que ha existido fue Jeanne Louise Calment de Francia, que murió en 1997 a los 122 años y 164 días.

Este señor de piel curtida por el sol perdió un dedo a los 80 años por un lazo que se le enredó, una herida de guerra de su época de vaquero.

Pero goza de buena salud: aunque camina encorvado lo hace a un paso ligero para su edad, su vista es buena porque se sometió a una operación de cataratas hace tres años, aunque el sol le lastima los ojos, y su memoria es aguda. Él espera llegar a los 125 años.

Las claves para una vida larga, dijo, son dormir bien, levantarse temprano, comer sano, tomar vitaminas y trabajar.

Inicia el día con un batido de plátano, manzana, avena y dos huevos. Luego atiende a sus pollos.

“Yo me siento orgullosa, le pido a Dios que lo deje otros años, hasta que él diga”, comentó su hija. “A veces se pone a platicar conmigo y me dice que su vela se va a ir apagando poco a poco, pero yo no pienso eso, ahora está con vida y estoy contenta”.

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Tomasita a los 96 años aprendió de la vida, lo que en la escuela no

Ha trabajado para muchas familias y en diversas actividades. Actualmente lava, almidona y plancha ropa ajena, y cocina para una, dos o tres personas y familias completas en Navidad y demás eventos.

Por Redacción, 2019-03-10 15:18

México, Notimex.-Una enorme imagen de la Virgen de Guadalupe, una bandera nacional también de buen tamaño y una figura en fieltro del presidente Andrés Manuel López Obrador ocupan sitios privilegiados en la modesta vivienda que está pagando Tomasita, quien recién cumplió 96 años.

Su figura diminuta contrasta con la grandeza de su personalidad y evidente deseo de vivir plenamente cada día. “Le digo a mi hijo, a mis nietos y bisnietos que me dejen hacer mis cosas, que no me hagan inútil”, dice, para enseguida explicar que el trabajo la mantiene contenta y sana. “Ni lentes uso… bueno, nada más cuando leo, bordo, zurzo o coso algo”.

Doña Tomasa Pérez Durán nació en Mineral del Monte, Hidalgo, el 7 de marzo de 1923 y a los 10 años llegó a la Ciudad de México con el deseo de encontrar una mejor vida. Pronto encontró empleo como trabajadora doméstica en la residencia de doña María Estier, en Presidente Carranza 45, Coyoacán. A ese trabajo le siguieron muchos.

Ha trabajado para muchas familias y en diversas actividades. Actualmente lava, almidona y plancha ropa ajena, y cocina para una, dos o tres personas y familias completas que en Navidad, Año Nuevo o alguna fecha significativa se reúnen para comer los guisos de Tomasita. “Guiso lomos, piernas, pavos y bacalao, lo que me pidan hago”.

comida
Guiso lo que me pidan, dice Tomasita.

El sentido del humor es otra de sus virtudes, lo mismo que hablar fuerte y claro, caminar derechita y mirar de frente a sus interlocutores. Nunca fue a la escuela, pero aprendió lo básico “para que no me hagan taruga a la hora de pagarme la ropa”. En una época cuidó niños en una institución educativa para varones y espiando en las clases aprendió a leer.

Era una casa de gobierno donde eran llevados niños de la calle. Ahí trabajó 16 años y tuvo a su cuidado 28 infantes. “Era la Casa Hogar número 3, exclusiva para niños, y se localizaba en Prosperidad 45. Antes había cuadernos que en la parte de atrás traían las tablas de multiplicar y junto con los niños aprendí a hacer cuentas”, recuerda Tomasita.

Con un vestido floreado cubierto por un delantal clásico y unos zapatos negros que desde lejos se adivinan cómodos recibió a Notimex en su vivienda, una que le adjudicó el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI). “Antes pagaba mil pesos de renta.

Aquí pago lo mismo cada mes, pero ésta va a ser mía”, compartió emocionada. Para charlar se acomodó en una silla de espalda a su perchero improvisado donde cuelga las camisas que le encargan vecinos bondadosos. Así la ayudan. Frente a ella esos tres símbolos que denotan su fe religiosa, el amor que siente por el país que la vio nacer y la confianza en las instituciones que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador.

planchando
Sigue trabajando en lo que puede, señala Tomasita.

“Diariamente me traen 10, 20, 30 y hasta 36 camisas. A veces me dan las dos o tres de la mañana planchando pero cumplo cada encargo que me hacen”, señaló la bisabuela de varios niños y adolescentes. Su rostro refleja la tranquilidad de los espíritus sanos y su higiene se nota de inmediato. “Me arreglo, pero no soy una coqueta”, señaló. Los recuerdos afloran: “Mi madre quedó viuda y éramos tan pobres que tuvo que dejarme con una de mis hermanas, con quien crecí.

A los 10 años de edad, en Hidalgo, la señora María Estier me invitó a venir a la Ciudad de México y llegamos a Presidente Carranza 45. Ahí yo lavaba, planchaba, guisaba y hacía la limpieza; me pagaba un peso al mes”.

Luego de que recibió la noticia de que su madre estaba enferma regresó a Hidalgo y para el sustento se empleó como nana de la niña de un matrimonio de estadunidenses. Su padre, Manuel Pérez Durán, había fallecido años atrás. “Dejé el empleo porque mi mamá, Juana Durán de Pérez, fue trasladada a la capital del país donde lamentablemente murió”.

Huérfana desde temprana edad Tomasa buscó la forma de ganarse la vida. “Nunca me eché el compromiso del matrimonio pero ya con experiencia tuve dos hijos, Salvador y Amada Martha, que en paz descanse, quien nació el 13 de septiembre, Día de los Niños Héroes”, dijo mirando con dulzura el retrato de la hija fallecida, colgado en la pared.

Amada sucumbió hace 37 años tras un año de lucha contra el cáncer y Tomasita se hizo cargo de sus tres hijos; Salvador tuvo cinco descendientes, lo que suma en total ocho nietos. De ahí nacieron 14 bisnietos. A todos ha cuidado y alimentado, educado y orientado para que sean hombres y mujeres de bien y útiles a la familia y a la sociedad.

Ha dado mucho, ayudado a numerosas personas, visto por sus semejantes y auxiliado al prójimo. “En cambio la vida no me ha dado más que problemas, insultos, groserías y humillaciones. “Sin embargo, no hago caso a esas vicisitudes porque de hacerlo podría afectar mi salud.

No voy a morir por una cosa de esas, ¡primero que se caiga el mundo!” En sus ratos libres le gusta bailar y escuchar la radio, ver la televisión y asistir a fiestas en el transcurso del año, así como organizar posadas en diciembre. Hace una pausa y reflexiona: “Mientras más he vivido más estoy mirando. Ya no hay mujeres que les guste bordar, lavar, almidonar o planchar y menos guisar; soy ejemplo para quienes no hacen nada”.

El gobierno capitalino le da sus vales, tiene el apoyo de la Secretaría de Desarrollo Social y su hijo y nietos le dan dinero. Cuando la noche extiende su manto acomoda cosas de la casa, cambia manteles y se sienta a bordar carpetas y servilletas para las tortillas, o teje manteles.

Si quiere leer y las letras están muy chiquitas se pone sus lentes, menos no. Siendo como es, un cofre de sabiduría, no ha podido heredar sus dones a nadie, ni siquiera a sus nietas, porque, dijo, nadie quiere aprender. “Para mí ser mujer significa valorarse a sí misma, aprender de la vida y reírse de ella. Debemos pensar en cosas que nos ayudan y no en tonterías, como embarazarse siendo casi niñas”, rubricó Tomasita.