#Opinión cultural

‘hitchBot’, vida y muerte de un robot autoestopista

Por Édgar Pérez, 2015-10-17 17:07

En el verano de 2014 cuando la doctora Frauke Zeller y el diseñador y artista David Smith (de las universidades de Ryerson y de McMaster) analizaban el modelo de su experimento, lo que en realidad discutían eran nociones de confianza y seguridad en la interacción del ser humano con los robots. La idea era ver si el hitchBot, un monigote con inteligencia artificial y un cuerpo de cubeta de plástico, extremidades de esponja, manos de guantes y pies de botas para la lluvia, cuyo rostro era un cubo con cuatro pantallas digitales cubierto por una pavesa de plástico y un sombrero de tapadera, era capaz de atravesar Canadá pidiendo aventón, valiéndose únicamente de la buena voluntad y la ayuda de los extraños.

Esta apariencia exótica es intencional, pues con el tamaño correspondiente a un niño de seis años de edad y su construcción de chunche casera se pretendía apelar a “la naturaleza humana asociada a la empatía y a la protección”, explican sus creadores. El experimento se transformó en una historia conmovedora; en una muestra de la profundidad que nos aguarda en la interacción hombre-máquina. Algo que debería estar inquietándonos.

hitchBot, adaptado con una silla o soporte plegable, más un sobresaliente dedo pulgar solicitador del raid, fue dejado a su suerte en la carretera, programado para interactuar con personas y planeado para provocar curiosidad, pronto inició su aventura itinerante, siendo llevado por conductores que lo cargaban y lo colocaban en el asiento copiloto, le cruzaban el cinturón de seguridad y le enchufaban el cable al encendedor eléctrico del vehículo para mantener su batería siempre cargada. hitchBot también iba equipado de un sistema GPS más una cámara que disparaba cada veinte minutos para registrar sus experiencias.

El robot vivió la gran aventura. Asistió a una convención de cómic, a un encuentro de béisbol de los Medias Rojas, interrumpió en una boda donde bailó en hombros de la novia, viajó a Alemania, donde se le pintó un retrato, además pasó una semana con una banda de rock pesado, y por si esto es poco para un robot, también se fue de campamento, lo invitaban a cenar, hasta llegó a ser miembro honorario en el 1er. Pow Wow en la isla Manitoulin, donde la pasó a todo dar interactuando con chicos y grandes. Su éxito, dijeron sus creadores, está basado en la concepción de los robots como “actores sociales, a partir de un diseño simple, divertido y curioso”. Todo ello para crear confianza en el humano.

Pero llegó el día de la atrocidad y sucedió en los Estados Unidos. Su viaje por la unión americana comenzó en Marblehead, Massachusetts, con su notorio pulgar por lo alto, una sonrisa de oreja a oreja en su cara digital, y una cinta envolviendo su cabeza cilíndrica que anunciaba la consigna “San Francisco o morir”. Lo acompañaban virtualmente más de 35 mil seguidores vía redes sociales, donde sus aventuras llegaron a ser “virales”. Aquella noche en Boston, un agresor no identificado dañó irreversiblemente a hitchBot. Sus creadores no pudieron rastrearlo más porque su batería fue destruida, declararon a la Associated Press.

Días más tarde recibieron un video donde puede verse al joven agresor dando una paliza al robot en una calle solitaria. Los investigadores canadienses dijeron desconocer quién lo destruyó o por qué; y que muchos niños admiradores quedaron con el corazón roto. El experimento de hitchBot, el rey del raid, había concluido con un resultado perturbador. La doctora Frauke Zeller declaró: “Usualmente nos preocupa si podemos confiar en los robots. Este proyecto cuestiona: ¿pueden los robots confiar en los humanos?” ¿Qué sigue? “Por ahora nos enfocaremos en la cuestión, ¿qué se puede aprender de esto? Un venturoso futuro de experiencias para robots y humanos.” Definitivamente los robots son una experiencia humana.

#Opinión cultural

Llámenme Míster López | Opinión

Ayer, me mandó una foto, acompañada del mensaje: “mira hijo, esto es por ser dignamente un López. Yo creo que deberías de ir usando tu primer apellido,

Por Redacción, 2018-08-03 08:02

Por Luis Acopa | Colaboración especial

Sólo un mes ha pasado del resultado electoral y es sorprendente el dinamismo que López Obrador, le ha impuesto a nuestra casi estática sucesión presidencial. Recuerdo que con Fox, las noticias eran semanales de posibles cambios y nombres de gabinete. Con Calderón, todo se fue en protestas y enlaces en vivo de las Secciones de Consejo Electoral y el reclamo del “Voto x voto”. Con Peña, fueron halagos y el resurgimiento de un PRI que esta vez “era diferente y que había aprendido la lección en las urnas”. Ahora las noticias son día a día y abren nuevos temas, que en la vertiginosidad de la cotidianidad, sólo puede captarse en algunas fugaces posturas o dichos, más que en los “cómo” y en los “qué implican”.

Lo digo porque en las recientes vacaciones, me tocó hacer más vida pública, de lo común, que pude escuchar a señoras de la tercera edad, reconociendo que con la medida del sueldo rasurado para los funcionarios de alto nivel se dan por contentas; a taxistas, que le brillan los ojos al recordar que los diputados ya no tendrán servicios médicos a costa del erario; a trabajadores de mediana edad, hacer planes con todo el beneficio que vendrá con los diversos programas; a familiares, que ahora me echan más en cara, el reclamo añejo que creí ya superado, de haber suprimido mi primer apellido para mi vida pública de escribidor.

La verdad no me preocupa tanto, sólo hay un dejo de envidia en los beneficios inmediatos que han comenzado a tener muchos que portan el apellido López y son de Tabasco. Un ejemplo es mi padre. En sus recientes vacaciones por la Riviera Maya (la construcción verbal anterior fue premeditada, ya que siempre él llama así, a la visita anual de uno de sus hijos que trabaja allá), pudo comenzar a sentir el cambio, en el beneficio directo de ser coincidentemente del mismo lugar y portar el mismo apellido del presidente electo del país (“aún sin papelito”, diría AMLO).

Para empezar, en un restaurante al preguntarle el clásico “de dónde nos visita Míster López”, contestó inflamando el pecho: “ de T A B A S C O”. El mesero lo miró de nueva cuenta y acotó: “Como Obrador”, mi papá, que es un sobreviviente de todo el régimen priísta institucional y de los horrendos seis años del perrede, dijo: “Sí, además de paisano, es mi primo el hombre.” El mesero de inmediato hizo una corrección en su bitácora de asignación de mesa y les indicó que les tocaba una mejor. Mi madre, que nunca es cauta, acoplándose a los nuevos tiempos, con esa sabiduría propia de mujeres guardó silencio, para después -ya afuera del local- exigirle a mi padre el origen de la nueva línea genealógica entre los López de Nacajuca con los de Macuspana, mi padre fingió no oír y sólo acotó: “en Tabasco, todos somos familia”.

Como si fuera una tarjeta de presentación, charola de judicial o tarjetón de inspector de alcoholes, la coincidencia del origen y “parentesco”, resultó más efectiva que una tarjeta de crédito. Mi padre, usó el argumento a diestra y siniestra, obteniendo los más extraordinarios beneficios: descuentos en pagos finales, dos por uno en bebidas nacionales, mejores mesas, raciones con mayor cantidad de comida; se olvidó de las colas y lo exentaron de cualquier tipo de pago en la playa.

Ayer, me mandó una foto (con la que se ilustra este textículo), acompañada del mensaje: “mira hijo, esto es por ser dignamente un López. Yo creo que deberías de ir usando tu primer apellido, sino, serán seis años muy tristes para ti.” Y la verdad, cada que vuelvo a mirar la fotografía, pienso que tal vez pueda tener razón, por ello he comenzado a practicar frente al espejo: llámenme Míster López.


El autor, es escritor tabasqueño. Publica en su blog: https://eraseunavezuncuentoenlinea.mx

#Opinión cultural

El tigre somos todos los mexicanos | OPINIÓN

Los mexicanos hemos soportado hasta el hartazgo a una clase política abusiva y déspota; estamos heridos por los fraudes, desfalcos, triangulaciones, por la obscena corrupción del gobierno.

Por Lucía Deblock, 2018-03-16 19:00

México.- Las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador en la 81 Convención Bancaria en Acapulco dieron lugar a otra gran tergiversación pública, como pasó antes con el tema de la Amnistía.

Veamos, AMLO dijo: “Si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy a Palenque, y a ver quién va a amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre, yo ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral, así de claro, yo por eso deseo con toda mi alma que las elecciones sean libres y limpias; y que decida el pueblo quién será el presidente.”

Al margen de la metáfora de “El tigre” de Porfirio Díaz, estamos hablando de un pueblo cansado de la corrupción, la violencia y la impunidad. Los mexicanos hemos soportado hasta el hartazgo a la clase política abusiva y déspota; estamos heridos por los fraudes, desfalcos, triangulaciones, por la obscena corrupción del gobierno; nos hiere profundamente la impunidad del día a día y más aún, casos emblemáticos como el de Ayotzinapa, Tlatlaya, San Fernando, Allende, sólo por mencionar las más recientes matanzas a manos del Estado.

Quienes acusan a López Obrador de agitador, quieren olvidar los 234 mil homicidios dolosos, a los 32 mil desaparecidos, quieren pasar por alto que cada dos horas una mujer mexicana es asesinada con lujo de violencia, que hay más de 6 mil niños y niñas que han sido arrancados de sus hogares.

Quienes quieren acusar a López Obrador de llamar a la violencia son los mismos que se han beneficiado de la Estafa Maestra, el fraude de OHL, del viaducto Bicentenario, La Casa Blanca, Odebrecht, los gobernadores que compran agua destilada como tratamiento para el cáncer y que fraguaron los más recientes esquemas de defraudación descubiertos por la ASF por más de 6 mil 879 millones de pesos.

Por si no hubiera motivos suficientes, esta semana la SCJN, encabezado por el ministro Láynez, ha coartado los derechos humanos y la presunción de inocencia de todos los mexicanos, al permitir a la policía inspeccionar a personas y vehículos de acuerdo a su criterio. Sí, a los cuerpos policiacos que no aprueban los filtros de confianza, que no están capacitados, que muchas veces están liados con el crimen organizado, les han permitido interrogarnos y revisarnos “si les parecemos sospechosos” sin una orden judicial de por medio.

También esta semana la PGR se desistió de ejercer acción penal en contra del ex gobernador priísta César Duarte por los posibles delitos federales de operaciones con recursos de procedencia ilícita, delito bancario y defraudación fiscal, echando por tierra cualquier posibilidad de saber cuánto dinero del estado de Chihuahua fue desviado a las campañas del PRI.

Mientras tanto, en Río Blanco, Veracruz, se presume la ejecución extrajudicial de dos niñas, de 14 y 16 años, y después de sembrarles armas, el gobernador del estado, el panista Miguel Ángel Yunes, ha justificado el actuar de la policía al relacionarlas con criminales, debido a que ostentan el tatuaje de un revólver. Al mismo tiempo que en instancias internacionales, la ONU exhibe al gobierno mexicano como torturador al inspeccionar el caso de los detenidos por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

La impunidad en México crece: sólo 4 de cada 100 denuncias tienen resultados. ¿El motivo? Tenemos la mitad de policías que como mínimo se necesitan, hay déficit de fiscales que indaguen delitos y hay 4 veces menos jueces que el resto del mundo, según datos de Animal Político. Y lo que tenemos está muy lejos de ser eficiente.

Los mexicanos tenemos motivos de sobra para estar profundamente enojados. El tigre somos todos. No importa por quién vayas a votar. No importa si eres de izquierda o de derecha. No importa que seas hombre o mujer. El tigre somos todos los mexicanos víctimas de la crisis del Estado de Derecho que se vive en México. El tigre somos todos aquellos que vamos a ejercer nuestro derecho a elegir un gobierno diferente.

Cuando escuches a alguien decir que aún no ha decidido su voto, o que sus motivos para no votar son tan superficiales como que el candidato no es bilingüe o que es un naco (sic), recuérdale que tenemos muchos motivos de peso para votar.

Comenta estas cifras y estas situaciones o aquéllas que más te motiven para tomar una decisión el primero de julio. En la medida en que estemos mejor informados y seamos capaces de solidarizarnos con el dolor y las injusticias que han sufrido nuestros vecinos, amigos o compatriotas, seremos capaces de desmentir a los incautos que dicen que un candidato está llamando a la violencia a los mexicanos.

#Opinión cultural

Roman J. Israel, Esq; o cuando se corrompen los valores | CINE

Es una película con una profundidad notable, donde el relativismo moral lleva una responsabilidad importante.

Por Lucía Deblock, 2018-02-11 10:41

México.- Roman J. Israel, Esqesel nombre de un abogado muy particular. Es un hombre incómodo, obsesivo, desgarbado e intolerante, aficionado al jazz y a los emparedados de crema de cacahuate, con casi ninguna habilidad social, pero con una mente legal deslumbrante.

El socio de Roman siempre fue la parte visible del despacho legal donde se atendían principalmente casos de derechos civiles y de gente pobre, era también quien litigaba y atendía a los clientes. Roman J. Israel, Esq trabajaba a la sombra, detrás del escritorio, al fondo del despacho bajo la luz de una lámpara, armando casos y sustentando la base legal para ayudar a los pobres y desamparados de un sistema legal percibido como injusto. Cuando el socio muere, es Roman quien queda desprotegido.

Roman j. israel Roman J. Israel, Esq; o cuando se corrompen los valores | CINE

Roman J. Israel, Esq, es un hombre desempleado y complicado y su mayor ambición es la de mantenerse idealistamente puro. Es un hombre que ante cualquier embate de la vida enarbola una ética sin fisuras, un estricto apego a la ley. Su ethos está forjado en los años 60 y su conocimiento técnico se detuvo en algún lugar de los 90, pero su fe en la justicia es atemporal. Roman J. Israel, Esqes un caballero, un verdadero creyente que defiende valores que la cultura periférica no comprende y por ende, es él quien queda a merced de las circunstancias, o tal vez, de la vida.

Por situaciones tan mundanas como las cuentas por pagar, Roman acepta trabajar con un abogado dueño de una gran firma en la ciudad de Los Ángeles. A él no le sienta el mundo donde la facturación de las horas laborables marca la pauta, sin embargo, trata de adaptarse. Es ahí donde debe decir si los valores éticos que defiende siguen vigentes y son capaces de adaptarse al mundo real. Entonces, es cuando se corrompe su rígido sistema de valores.

En muchos sentidos la película es el personaje. Denzel Washington confecciona un personaje excéntrico y cautivador, saludablemente cursi, con matices asombrosos, que justifica más allá de cualquier duda su nominación al Oscar como mejor actor.

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La película, sin embargo, en algún lugar pierde cohesión. La jerga legal pesa en algunas secuencias. Cuando su primer trabajo como director fue una película tan buena como Nightcrawler, Dan Gilroy levanta muchas expectativas, pero en esta ocasión la tensión dramática no ha sido bien llevada a lo largo de la cinta, arrojando un resultado es un tanto irregular.

La trama de la película, sin embargo, es un laberinto bien diseñado, donde encuentran cabida los mejores escenarios para contrastar los polos de la idealización. Es una película con una profundidad notable, donde el relativismo moral lleva una responsabilidad importante

Creo que la actuación de Washington le valdrá el premio de la academia, hace mucho que no se veía en el cine un personaje con peso moral como el de Roman J. Israel, Esq.