EFE.- El rey Guillermo Alejandro de Holanda ha teñido de naranja su país este sábado con motivo del "Día del Rey", un festivo nacional en el que los holandeses se vuelcan para celebrar el cumpleaños del monarca, que solo se vio empañado hace una década, con un intento de atentado contra la familia real.

Como es tradición, el rey, junto a la reina Máxima y sus tres hijas - las princesas Amalia, Alexia y Ariane- visitaron una ciudad holandesa; este año le tocó el turno a Amersfoort, en la provincia de Utrech, donde los ciudadanos recibieron al monarca vestidos con camisas, pantalones e incluso gorros naranjas, y con música y actuaciones en directo.

Al comienzo de la visita, un grupo de escolares cantaron la canción "Mooi" (Bonita) a toda la familia de los Orange, antes de que estos comenzaran su caminata de aproximadamente un kilómetro por la ciudad, saludando a la gente, estrechando manos, haciéndose fotos con los residentes y recibiendo flores y regalos de unos y otros.

Los monarcas estuvieron acompañados en su paseo de varios miembros de la realeza, entre ellos el príncipe Constantino y la princesa Lorenza, el príncipe Maurits y su esposa Marilène de Orange-Nassau, y el príncipe Bernardo van Vollenhoven y la princesa Annette.

"Es una gran fiesta. Junto con el resto de la región, Amersfoort muestra cómo se puede convivir bien con las diferentes culturas. La fiesta ha sido estupenda y en una ciudad preciosa", aseguró Guillermo Alejandro.

El alcohol es el rey de las fiestas de todo el país en esta fecha. El cumpleaños del monarca es el único día del año en el que está permitido beber en la calle sin recibir una multa por ello, por lo que, desde primera hora de la mañana, los holandeses han circulado con cervezas en la mano, bailando delante de cada escenario instalado en las calles con música en directo.

Los hay que han preferido no bailar tanto y han optado por tirar la casa por la ventana y hacer caja aprovechando la fiesta: muchas familias han sacado alfombras a las puertas de sus casas, donde han expuesto todas las piezas, la ropa, las herramientas, las joyas y las antigüedades en las que ya no están interesados y las han puesto a la venta.

Respetando el horario reglamentario para instalar el mercadillo callejero, los ciudadanos pueden vender artículos de segunda mano sin solicitar una autorización previa, ni pagar impuestos por ello.

Los más pequeños, con la ayuda de sus padres, han preparado bebidas de colores y sándwiches que han ofrecido en la calle a los holandeses y también a los turistas que habían venido a visitar la capital holandesa este fin de semana, desconociendo la monumental fiesta que se iban a encontrar, que también obliga a las tiendas y supermercados a cerrar sus puertas.

Algunos activistas, sin embargo, no se han tomado el día libre. Varios miembros de "Extinction Rebellion Netherlands" saltaron a un canal en Amersfoort, con chalecos salvavidas, para llamar la atención sobre el calentamiento global y el cambio climático porque, advierten, si sube el nivel del mar, esta ciudad será de las primeras en desaparecer.

La seguridad ha sido uno de los temas clave de la visita de la familia real holandesa a Amersfoort, además de los guardias de seguridad que seguían a los miembros de la monarquía había un grupo de policías uniformados cada 20 metros a lo largo de la ruta y agentes vestidos de civiles entre el público.

En 2009, durante las festividades del Día de la Reina -entonces con la monarca Beatriz que cumple años un 30 de abril-, un holandés de 28 años, Karst Tates, arrolló con su coche a la multitud en el municipio de Apeldoorn, en un intento de asesinato de la familia real que paseaba en un autobús descapotable por la ciudad.

Ocho personas, incluido el atacante, murieron en ese ataque, pero la familia real al completo salió ilesa de lo ocurrido.

En recuerdo de ese ataque, el municipio mantendrá una reunión pública de los familiares de las víctimas en la Grote Kerk (Gran Iglesia) de Apeldoorn y colocará dos vitrinas con cartas, flores y peluches en la escena del ataque de hace una década.

Desde ese intento de asesinato, se han instalado bloques en el acceso a los caminos por los que pasará una visita real, independientemente del día, para impedir así que coches y furgonetas puedan acercarse a la familia.

Según un estudio publicado esta semana con motivo del Día del Rey, un 65 % de los holandeses cree que Guillermo Alejandro es un monarca que conoce bien la situación real del país, un 10 % menos que en 2018, mientras que un 79 % sigue pensando que el monarca representa bien a Holanda en el extranjero.

Sin embargo, la reina Máxima, de origen argentino, sigue siendo el miembro más popular de la familia real holandesa, por delante del propio rey, según los encuestados.

"Ya me gustaría a mí tener esos números de popularidad. Es una familia que ha estado trabajando día y noche durante 500 años por nuestro país. Tengo un gran respeto por ellos", afirmó el primer ministro, Mark Rutte.