México.-La huelga general convocada para este lunes, la primera en cinco décadas en Hong Kong, ha supuesto el último y más multitudinario suceso en cuatro días consecutivos de protestas, un nuevo clímax en la crisis más grave de la historia moderna del territorio.

Trabajadores de todos los sectores se han sumado a la llamada, con la que se pretendía redoblar la presión popular sobre el Gobierno. La disrupción, extendida a los siete distritos, ha cortado la respiración de la ciudad al estrangular sus vías de transporte.

A primera hora de la mañana, los manifestantes han asaltado el sistema de metro y, como ya hicieran la semana pasada, han interpuesto objetos o sus propios cuerpos en las puertas para evitar que se cerraran. De esta manera, más de 15 estaciones han quedado bloqueadas, por lo que el servicio ha sido suspendido en varias líneas entre las 9:00 y las 11:15, hora punta para entrar a trabajar.

Una de las líneas interrumpidas ha sido la que lleva hasta el aeropuerto, donde la huelga ha hecho mella, obligando a cancelar más de 230 vuelos. Las carreteras también se han visto afectadas: en Tai Po el tráfico se ha cortado cuando unos pocos coches han comenzado a dar vueltas ininterrumpidas en varias rotondas. La huelga ha llegado incluso al “lugar más feliz del mundo”, Disneyland, donde el sindicato de trabajadores del parque de atracciones ha decretado el cierre parcial de las instalaciones.

Las movilizaciones se han calmado con la llegada del mediodía y Hong Kong ha recuperado la normalidad. Los manifestantes se preparan ahora para el segundo asalto, que tendrá lugar frente a la sede del Gobierno local en Admiralty, donde ya hay varios miles de personas concentradas. En otros lugares del territorio, los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad ya han comenzado, como en Tin Shui Wai, donde la policía ha disparado gases lacrimógenos y ha realizado al menos veinte nuevos arrestos.

Si en algo ha triunfado la huelga general ha sido en lograr que Carrie Lam rompiera su silencio. Tras dos semanas de perfil bajo, la discutida jefa del Ejecutivo local ha vuelto a la palestra, aunque solo haya sido para reafirmarse en su posición.

En rueda de prensa, Lam ha declarado que “algunos elementos radicales han cambiado la naturaleza de las protestas”, para lo que ha empleado como ejemplo los daños sufridos por el emblema nacional chino o una bandera continental que este fin semana acabó en el agua de la bahía. “Estas acciones amenazan la soberanía y pueden empujar a Hong Kong a un camino de no retorno. (…) ¿Queremos usar las vidas de siete millones de personas y el futuro de Hong Kong como fichas en esta apuesta?”, ha sentenciado, sin dar más detalles al respecto, en lo que muchos han entendido como una referencia a la hipotética movilización del ejército chino.

Lam se ha negado a hacer ninguna concesión. Preguntada por las cinco demandas populares, ha reiterado que la ley de extradición está “suspendida” y que el departamento policial correspondiente ya ha comenzado su investigación sobre el comportamiento de los agentes en la represión de las protestas, algo que no satisface a los manifestantes, que piden la intervención de un organismo independiente. “No creo que sea la mejor solución en este momento”, ha respondido a las voces que piden su dimisión.

La situación ha superado completamente a la jefa del Ejecutivo, una idea extendida incluso entre los sectores sociales más pro chinos. Según una encuesta del Hong Kong Public Opinion Research Institute, menos de un 20% de la población confía en el Gobierno y un 66% cree que las fuerzas de seguridad se han excedido en su actuación.

Otro punto en el que Carrie Lam se ha detenido es la idea de que “las protestas destruirán la propiedad y la estabilidad de Hong Kong”, algo muy significativo en una ciudad que ha construido su prosperidad sobre la base de ser un enclave para el comercio internacional.

En esa misma línea se expresaba la semana pasada un informe de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, que alertaba de que muchas de sus empresas socias comenzaban a percibir a la ciudad como un destino de riesgo para sus inversiones, por lo que muchas estaban optando por desplazar su presencia asiática a otros emplazamientos como Singapur. Con motivo de la huelga general, el Hang Seng, índice bursátil hongkonés, ha caído este lunes un 1,6%.

Entre los miles de jóvenes que se han concentrado frente a la sede del Gobierno local está Helen, una consultora de 27 años, que ha optado por no ir a trabajar y ejercer su derecho a la huelga.

“Nuestra empresa nos avisó la semana pasada de que podíamos tomarnos el día si queríamos, lo más importante para ellos era nuestra seguridad”. No ha podido acompañarla su marido Anton, ya que trabaja en una empresa de propiedad china. “A ellos les dijeron que tuvieran cuidado en su camino ¡hacia! el trabajo”, comenta entre risas. Al final, Anton ha optado por trabajar desde casa para evitar verse atrapado en los cortes del transporte público.

Es la primera vez que en Hong Kong tiene lugar una huelga general desde los disturbios de 1967. En aquella ocasión, las reyertas fueron instigadas por el Partido Comunista Chino (PCCh) y estuvieron vinculadas a la Revolución Cultural, un movimiento subversivo promovido desde la cúpula del poder político en Pekín. Una serie de atentados con 15 bombas se saldó entonces con 51 muertos, 832 heridos y 1.936 encarcelados. El conflicto de estos últimos meses, que curiosamente ahora se vuelve contra el PCCh, no ha alcanzado tales cotas, aunque el número de personas detenidas crece con rapidez y ya rebasa las 400.

Se cierra así un ciclo de cuatro días de protestas consecutivas que arrancaron el viernes con una concentración de funcionarios contra el Gobierno del que forman parte y continuaron con enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios en Tsim Sha Tsui el sábado y en Causeway Bay el domingo.

En los últimos días, la multitud ha puesto en marcha nuevas técnicas de guerrilla urbana, moviéndose a toda velocidad por la ciudad, causando el caos pero evitando el enfrentamiento directo con la policía. Está por ver si tras este nuevo clímax la situación se calma o si la línea de los acontecimientos lo deja atrás, como tantas veces ha sucedido a lo largo de estas nueve semanas.

El futuro de la anomalía histórica que representa Hong Kong, una ciudad libre gobernada por el más poderoso régimen autoritario del mundo, depende de ello.


Nota original de "El País"