Guerrero.- El lugar se llama Ixcateopan de Cuauhtémoc, aquí desde la madrugada del día 22 de febrero comienzan los cinco días de ritual que se realizan en honor del último tlaotoani mexica.

Según la tradición oral, el 23 de febrero es considerado como el nacimiento de Cuauhtémoc, el último emperador mexica. Dice la historia que después de su ejecución, sus fieles guerreros transportaron sus huesos a su lugar de nacimiento: Ixcateopan de Cuauhtémoc, un pequeño pueblo en la montaña en la parte sur del estado de Guerrero.

Sobre el nombre de esta población (a veces escrito Ichcateopan), algunas fuentes afirman que el verdadero nombre de la zona es Zompancuahuithli, y el nombre fue cambiado a Ixcateopan después de la llegada del cuerpo de Cuauhtémoc. El glifo en el Códice Mendoncino para Ixcateopan refleja las dos interpretaciones, una flor de algodón, una representación de Cuauhtémoc y una pirámide. "De Cuauhtémoc" fue agregado al nombre de Ixcateopan por parte del Congreso del Estado de Guerrero en 1950.

Danzantes y soldados. Foto: Sergio Ferrer

Cuauhtémoc ha sido para la población indígena de México un símbolo de resistencia contra los conquistadores y un emblema de su identidad étnica y cultural, por lo que no es sorpresa que durante los cinco días de celebración, el pueblo es invadido por bailarines aztecas de todo el país.

Las danzas y ceremonias se llevan a cabo casi sin descansos durante día y noche, transformando las silenciosas calles del pueblo en un vibrante espectáculo de plumas y huesos, copal y cuerpos pintados, acompañada de los ritmos de los tambores y las caracolas.

 

Apenas entras al pueblo, lo primero que puedes ver es al "águila que desciende" una escultura, sobre una pequeña pirámide hecha por el escultor Francisco del Toro.

Ixcateopan tiene calles empedradas hechas de mármol, es un pueblo tranquilo la mayor parte del año, pero sólo en esta fecha, esa paz se evaporaba conforme se llegan decenas de autos y autobuses con peregrinos. La larga fila de tiendas de campaña, junto con los puestos de artesanías de varios puntos del país, la comida regional, y la gente, que ofrece su trabajo de limpias y masajes holísticos, transforman este pueblo.

Los restos de Cuauhtémoc

Interior de la Iglesia Santa María de la Asunción. Foto: Sergio Ferrer

Sin existir fecha exacta, se calcula que Cuauhtémoc nació a finales del siglo XV (los lugareños afirman que fue en este lugar, aunque las crónicas lo delatan tlatelolca). Se dice que los restos en exhibición dentro del templo le pertenecen (existe la controversia sobre su veracidad). Lo que importa es que para la gente, yazcan o no aquí sus restos originales, es un buen motivo para celebrar su mexicanidad.

La ceremonia se lleva a cabo dentro y fuera de la iglesia de Santa María de la Asunción, precisamente donde se supone están los restos del emperador.

Fusión de tiempos y razas

Conforme se acerca la media noche, todos los asistentes, de distintos grupos étnicos, se fusionaban en la espera de su turno para ingresar a "la puerta que unifica los tiempos". A la entrada, una ligera cortina de copal da la bienvenida. Dentro de la iglesia, la vista se nubla con la penumbra humeante del copal, de donde emergen un sinnúmero de caracoles y penachos.

Voladores: Foto: Sergio Ferrer

La última gran danza

Por la mañana, afuera de la iglesia, el grupo organizado por representantes de cada una de las distintas etnias, del país y del extranjero, se congregan en círculos. Es ahí donde se lleva a cabo la última y gran danza, para después entrar a la iglesia, y así concluir la ceremonia, que en palabras de uno de los "guerreros", adquiere un sentido de permanencia: "Lo nuestro es una raíz cultural que debe preservarse".

Las danzas y ceremonias se llevan a cabo casi sin descansos durante día y noche, transformando las silenciosas calles del pueblo en un vibrante espectáculo de plumas y huesos, copal y cuerpos pintados, acompañada de los ritmos de los tambores y las caracolas.

Tambores y plegarias: Foto: Sergio Ferrer

Aunque la celebración tiene un aire de carnaval y muestra algunos de los mejores trajes indígenas, la ceremonia tiene un gran sentido espiritual para los participantes, quienes ven ésta como una manera de preservar y representar sus raíces. Algunos grupos de bailarines viajan desde distintas partes de México para honrar a Cuauhtémoc con un solo baile.

De acuerdo con los habitantes de Ixcateopan de Cuauhtémoc, la celebración se ha hecho desde hace treinta años, más o menos.

Museo de Santa María de la Asunción

El Museo de Santa María de la Asunción, que se encuentra justo al sur de la plaza principal en el centro de la ciudad, fue la iglesia parroquial de la comunidad desde el siglo 16 hasta mediados de los 20, cuando fue declarado monumento nacional. Desde el descubrimiento de la tumba de Cuauhtémoc, bajo el altar principal, este edificio y sus jardines se han convertido en un santuario religioso. La mayoría de la iconografía cristiana ha sido retirada. El altar principal es ahora el santuario del último emperador azteca, con sus restos en exhibición pública. Un pequeño museo ocupa el anexo de la iglesia antigua. Jairo Rodríguez, hijo del médico que hizo los documentos sobre el conocimiento de Cuauhtémoc , es el cronista oficial de Ixcateopan y el guardián del museo.

Ceremonia anual en honor de Cuauhtémoc

Cuauhtémoc se ha convertido en un símbolo de la identidad cultural mexicana y para muchos bailarines que vienen aquí a celebrar, un símbolo de su identidad moderna. Cuauhtémoc es un símbolo de la identidad etnocultural nacionalismo y la resistencia, y este lugar une a las personas indígenas de todo México y otras naciones de las Américas.

Ritual nocturno: Foto: Sergio Ferrer

El final de febrero es importante como el cumpleaños de Cuauhtémoc (23 de febrero) y la muerte (28 de febrero) se conmemora aquí. Su día de nacimiento atrae a los grupos de bailes que vienen de todas partes de México, los EE.UU., Canadá y América del Sur, para poner ofrendas. Bailan y cantan en varios idiomas. Durante varios días los bailes y ceremonias siguen casi sin parar, acompañados por huehuetls (tambores aztecas), y los instrumentos de viento hechos de cuernos de animales y caparazones de grandes caracoles e incienso de copal.

Hijos del último tlatoani. Foto: Sergio Ferrer