México.- Jalisco se volvió un recordatorio para todos los mexicanos. Un recordatorio del autoritarismo, de la cobardía y los abusos de los gobernantes. Las declaraciones del gobernador de Jalisco van de lo cómico a lo trágico.

Desde el manejo del confinamiento por el Covid-19, Enrique Alfaro mostró el talante autoritario e irascible que hoy lo tiene en medio de una crisis monumental. Acusa, se desdice, recula y vocifera, pero ya nadie le cree.

Abuso de poder, autoritarismo, desaparición forzada, asesinatos en manos de policía, infiltraciones del crimen organizado y acusaciones sin fundamento, son los elementos de la tormenta perfecta que sacude al gobierno Jalisco.

En tiempos de las redes sociales y de una sociedad cada vez más crítica y atenta a los abusos, hay mentiras que ya no viven para cambiar el rumbo de la historia, pero sí para derrocar gobiernos. Es la inmediatez.

Y en el medio de toda esta crisis asoman la cabeza los oportunistas de siempre, con sus mentiras de siempre, rodeados del oropel del conservadurismo más rancio, con otra operación clandestina diseñada para crear caos y zozobra, que apunta su dedo acusador al gobierno federal de AMLO.

En el fondo, detrás de Alfaro y sus reuniones con gobernadores de oposición, están las elecciones del 2021. La estrategia apunta a ganar cada uno de los 3.200 cargos de elección popular que se disputarán en las urnas y acabar con la preeminencia de Morena.

Aislar al presidente, distanciarlo del pueblo. Acabar con su proyecto político. Adueñarse de México. Eso buscan.

Mientras los gobernadores de oposición ondean la bandera de la independencia y la inconformidad, han contratado deuda, pagado a plumas de alquiler para defender sus posturas, realizado compras dudosas, viajado a los aquelarres en lujosas aeronaves y rodeados de seguridad. Lo cual viene a representar, a modo de metáfora, esa realidad que no quieren que desaparezca en manos de un gobierno cuasi-comunista, como denominan al de Palacio Nacional.

Los gobernadores tratan de enmascarar, de crear un escenario que los posicione como víctimas a fin de desviar la atención que pronto los va a poner en el ojo de un nuevo huracán: las investigaciones de Santiago Nieto.

A pesar de las demostraciones, claras, públicas y evidentes, esos que apuestan por el caos y el hostigamiento como única vía para que las cosas no cambien, no han querido incorporar a sus fórmulas al pueblo “ignorante y desinformado”. Para ellos, es un elemento de poca valía, manipulable y vilipendiable.

Están reunidos, rabiosos y vociferantes, en mullidos sillones esperando el tiempo preciso para asestar el golpe. Pero allá afuera y en RRSS la presión es casi palpable. Aunque no quieran verlo.

Allá Floyd, acá Giovanni. Allá Trump, acá Kike. El tigre rugió. Seguirá rugiendo, porque México no es de ellos.