México.- “Vivo en un lindo piso muy cerca del Barrio de San Miguelito en San Luis Potosí, con mi mujer Rosa María. Tenemos una amplia terraza con un juego de jardín y sombrilla, parrilla, cielo y una visual de toda la ciudad. Escribo ahí. Como no puedo salir, compro vino y cervezas que me llevan hasta el depa. Todas las mañanas de 10am a 2pm me ocupo de impartir el taller de corrección del texto poético a distancia a poetas de México, Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Guatemala, Nicaragua y Argentina. Cocino mucho y veo muchas películas.”

Idílico, ¿no? Así pasa estos meses apocalípticos y pasajeros (afortunadamente), Jorge Humberto, poeta nacido en Ciudad Juárez, ganador del Premio Aguascalientes de Poesía con un libro en el que hay crónicas de hechos ocurridos desde la época de la Revolución Mexicana, hasta el sexenio de Felipe Calderón. “Hay algunos poemas donde un hombre narra asuntos de su niñez, como en Twitching like a finge ron a trigger of a gun, pero son pocos”, aclara cuando le sugiero cierta narrativa de voz infantil en su obra.

¿Poesía mexicana?

Para Chávez la poesía mexicana “es la que llevo estudiando desde que me acuerdo. Cuento aquí a autores nacidos desde mediados del XVI hasta mis cuates de parranda en el México de hoy mismo".

Nació en Ciudad Juárez en 1959. Es egresado de la Escuela Normal Superior de Chihuahua como licenciado en Ciencias Sociales. Fue coordinador del taller literario del Museo del Arte del INBA de Ciudad Juárez. Fue jefe de la Representación del Instituto Chihuahuense de la Cultura en Ciudad Juárez y fundador del Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro, del Festival Internacional Chihuahua y del Encuentro Internacional de Escritores Literatura en el Bravo. Actualmente, es coordinador de literatura del Instituto Potosino de Bellas Artes y curador del Festival Internacional “Letras en San Luis”. Desde 2014 es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

“Mi encuentro con la literatura ocurrió a los 4 ó 5 años, cuando empecé a leer los libros de lectura de la Comisión Nacional de Texto Gratuitos de mis hermanos, en la época de Adolfo López Mateos. Nadie sabe cómo aprendí a leer.”

Este es un poeta que no cree en la poesía, ni en dios, ni tiene fe alguna. Para él, la poesía es sólo un trabajo al que quiso dedicarse, conscientemente, desde los 13 años. Es un poeta que persigue el dominio del arte verbal. Dice no ser un tipo muy listo, por eso ha dejado de escribir ensayo, crónica y artículos. “Debo concentrarme en la poesía, eso es lo que puedo hacer”, expresa.

¿Quiénes son los protagonistas contemporáneos de la poesía mexicana?

-No existen protagonistas en el sentido exacto del término. En un momento dado, los protagonistas de una literatura son todos los que la escriben. La sociedad produce poemas, así como produce goles. Los individuos y sus obras se interrelacionan y forman redes semióticas en las que tu poema y el mío se leen o no se leen.

Desde su terraza chingona, escucha rock clásico, arias operísticas, música norteña, música mexicana clásica (Lara, Vargas, Solís, Beltrán, Juan Gabriel), son jarocho, pop latino, como el de Carlos y Favio y de cantautores como Serrat, que no es cierto, que es mentira, que murió. Más vivo que nunca.

“Yo soy un poeta de frontera. Aunque escriba libros como Ángel (Mantis Editores, Col. Liminar, 2009, y con versión al italiano en 2012), mi imaginario está en Ciudad Juárez. No soy un poeta político, pero uno de mis registros más reseñados es al que llamamos poesía social.

En política me considero de izquierda con tintes anárquicos. Voté por López Obrador buscando una política que disminuyera la pobreza y la violencia, pero creo que el presidente ha traicionado muchas cosas. Como sea, considero a los políticos una verdadera lacra social y con gusto emplearía a la Nave de los Locos para mandarlos a todos al Mar de la Tranquilidad.”

¿Qué aporta la poesía mexicana a la poesía hispanoamericana?

-Hasta ahora el aporte de la poesía mexicana a la hispanoamericana está en la suma de los rasgos estéticos propios de la primera en el corpus de la segunda. Pero las literaturas en español tienden a homogeneizarse y es muy posible que esta afirmación no sirva por mucho tiempo. Es como si nos preguntáramos que impacto tiene la literatura de Ciudad Acuña con las letras coahuilenses.

Jorge Humberto no es un tipo espiritual y lo más superfluo que realiza en el día, me confiesa, es vigilar desde el cuarto piso a los vecinos de la casa de enfrente que, como no tienen sala en su casa (es muy pequeña,) organizan verdaderas pachangas en la acera.

Pero hablando de poetas jóvenes y sus nuevas formas de expresión, dice que “están buscando expresarse en otras formas y con otros soportes y desean que otros lenguajes se involucren o se mezclen o se separen con y de la poesía escrita. Eso ocurrirá siempre. Cada quien escoge la ruta que más le atrae para dejar su marca en la cultura.”

Libros publicados más importantes: Bar Papillon, La Sociedad de la Mano Fría, edición corregida y numerada, 2001;The city and the endless journey, Personal Anthology 1980-2000, University of Texas at San Antonio-Instituto de México, EE.UU, edición bilingüe, 2003; Bar Papillon et le poeme triste, Écrite des Forges-Mantis Editores, edición bilingüe, Quebec, 2004; Angel, Mantis Editores, Col. Liminar, ilustrada por Fermín Gutiérrez; y Angelo, Quaderni di Proa, Sentieri Meridiani Edizioni,Traduzione di Emilio Coco, 2011, Italia.

Tantos días de reclusión, entre la preocupación y el estar viviendo, buscamos nuestra verdad. Jorge está enamorado del vino tinto, la comida japonesa y de Rosa María. Sabe muy bien que el cautiverio nos cambia la vida, “y dejará secuelas para el mundo del futuro, pero no creo que produzca un cambio sensible en la poesía, salvo la aparición de algunas novelas, dramaturgias y poemarios.” Yo puedo ver más la poesía como sonido, no como imagen, pero nada puede decirnos ni todo ni nada. Esperemos.

¿Qué piensas de los poetas de tu generación?

-Los poetas de mi generación, a los que conozco bien, se esfuerzan en dialogar con su taumaturgo interior para escribir buenos poemas. La poesía no quiere hablar con todos, así es. Si el texto y el lector encuentran un espacio para relacionarse, tenemos una interpretación: aleluya.

Esto es: Conduzco un Honda blanco por el Palacio de la Luna: un cruce de caminos, un punto exacto en el mapa donde convergen los estados de Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México. El punto tiene sus coordenadas precisas y cuando te paras en él (hay un monumento y una placa para que lo hagas) estás parado en medio de los cuatro estados. Llegué ahí porque estaba haciendo un viaje desde Denver hasta el Skywalk del Gran Cañón, en la ribera oeste, muy cerca de Las Vegas, siguiendo lo más posible el viaje que hace Marco Stanley Fogg en la novela El Palacio de la Luna, de Paul Auster. M. S. Fogg sale en auto buscando la nada desde Nueva York, le roban el coche en un punto de Colorado y sigue su camino errático a pie, cruzando Utah, Nuevo México y California para detenerse en la orilla del mar, muy cerca de San Diego.

Antes de preguntar otra cosa, leo: “La poesía es el cadáver de la vida que algunos pasan cargando ante tu puerta”, sospecho que Jorge ya se fue, y mejor sueño.

(Las fotos que ilustran esta pieza fueron tomadas del Facebook del autor.)