México.- Lo que parecía un intento por revestir con música una estación de metro con medio siglo de existencia, terminó convirtiéndose en un espacio que transformó las relaciones de los usuarios.

En este lugar, un escenario anhelado por muchos, sobresalen las risas, la camaradería, las mejores imitaciones de los ídolos mexicanos y alguna que otra persona desentonada.

Una mañana, un joven llamado Juan Diego aprovechó su día libre en el trabajo para venir a la estación División del Norte, al sur de Ciudad de México, para hacer lo que más le gusta. Viste una playera de la selección de fútbol argentina, pantalones deportivos y tenis. La falta de espectadores no lo desanima. Toma el micrófono en sus manos, ve una pantalla que despliega las letras de la melodía y canta: "Soy un idiota, te perdí, pero te amo".

Lo que parecía un intento por revestir con música una estación de metro con medio siglo de existencia, terminó convirtiéndose en un espacio que transformó las relaciones de los usuarios.

En este lugar, un escenario anhelado por muchos, sobresalen las risas, la camaradería, las mejores imitaciones de los ídolos mexicanos y alguna que otra persona desentonada.

Una mañana, un joven llamado Juan Diego aprovechó su día libre en el trabajo para venir a la estación División del Norte, al sur de Ciudad de México, para hacer lo que más le gusta. Viste una playera de la selección de fútbol argentina, pantalones deportivos y tenis. La falta de espectadores no lo desanima. Toma el micrófono en sus manos, ve una pantalla que despliega las letras de la melodía y canta: "Soy un idiota, te perdí, pero te amo".

No hay lágrimas en su rostro, tampoco aplausos de los asistentes. Él, sin decepción alguna, continúa con 'Amor divino' y, aprovechando que no hay nadie que le arrebate el micrófono, entona 'Vete o me voy' de Joan Sebastian.

"No me des mentiras, no me des explicación, sé bien lo que quiero y esta es mi decisión", canta este joven mientras recuerda a una exnovia que tuvo hace 7 años —según confesará después—. Al terminar, recibe aplausos de César, un hombre mayor de 50 años que es profesor de economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Entre Juan Diego y César hay más de 30 años de diferencia, pero eso no ha impedido que se hayan vuelto amigos que se encuentran regularmente en este espacio que no mide más de dos metros cuadrados.

"De dolor se canta"

En octubre de 2017, la Sociedad de Compositores de Mexico y el Gobierno de Ciudad de México inauguraron la 'Estación de los Compositores' en el metro División del Norte.

Fotografías y objetos de los ídolos de la música mexicana —como José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Armando Manzanero, Ana Gabriel— decoraron la estación. Pero tener a los ídolos cerca no era suficiente, había que imitarlos, por lo que las autoridades instalaron un piano y una rocola [gramófono] karaoke con dos micrófonos.

"También de dolor se canta cuando llorar no se puede", dijo el entonces jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, en la inauguración. Las palabras de apertura del político terminaron siendo un presagio.

Terapia grupal

La policía de la estación, de apellido Hernández, ha sido la principal espectadora de este largo recital que ha durado 1 año y 9 meses. Con tantas interpretaciones que le ha tocado presenciar, el karaoke le ha servido como un desestresante y también como terapia grupal.

Al principio, hubo algunas burlas infantiles y abucheos a los que se animaban a cantar en este micrófono instalado en el metro de Ciudad de México, que en sus 12 líneas, transporta a 5,5 millones de personas cada día. La oficial Hernández fue testigo de las burlas, pero ella no las dejó pasar. Encaró a los jóvenes burlones y los retó a que ellos cantaran; se terminaron disculpando.

De los abucheos infantiles se ha pasado a los aplausos, y en más de una ocasión, a las lágrimas. Hace unos meses —recuerda Hernández—, una señora entonaba una canción con mucha nostalgia, cuando a la mitad del coro su voz ya no respondió y se puso a llorar. La pista continuaba, pero no había una voz que la siguiera. La hermana de la desconocida cantante había fallecido y la canción irremediablemente le hacía recordarla. Estaba sola, como muchos viajeros que intercambian miradas con extraños en los vagones, pero eso no impidió que recibiera muestras de solidaridad. "Entre todos la ayudaron a terminar la canción", relata la policía de la estación.