México.- Hernán Bravo Varela suena en los canales culturales del país con frecuencia. Yo lo veo como una especie de niño de oro de la literatura mexicana. Nació en esta frenética y ruidosa Ciudad de México en 1979 y es poeta, ensayista y traductor. Estudió la licenciatura en Literatura y Ciencias del Lenguaje en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha traducido a Dylan Thomas y T. S. Eliot.

“Como toda poesía nacional, la mexicana es una entelequia, una superstición estamentada. Sin embargo, las supersticiones -como los cultos e, incluso, las comunidades de escépticos- tienen diferencias entre sí. Mucho se ha escrito sobre la supuesta solemnidad tonal, sublimidad léxica y neutralidad lingüística de aquello que Luis Felipe Fabre dio en llamar "poesía mexicana promedio". Sin embargo, bastaría con hojear a Salvador Novo, Efraín Huerta, Gerardo Deniz, Ricardo Castillo o José Eugenio Sánchez para desmentir aquella afirmación.

“La poesía mexicana, como la de cualquier país, goza de un caótico republicanismo como solo rasgo unificador. ¿Es menos mexicana la poesía de Deniz porque hablarnos de fosfenos y "bacterias cocteau", o la de Coral Bracho al hacerlo de una "humedad cifrada" o un "agua de bordes lúbricos", que la poesía de López Velarde al cantar a su patria "alacena y pajarera"? Solemos confundir, como sugería el narrador y ensayista estadounidense Leonard Michaels, la superficialidad con la superfacialidad”.

Fue becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en poesía (2004-2005 y 2008-2009) y de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de ensayo literario (2005-2006 y 2006-2007). Es colaborador de Letras Libres (edición impresa y blog) y de Laberinto de Milenio Diario. Sus poemas, traducciones y artículos han aparecido en revistas, diarios y suplementos de Argentina, Brasil, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Perú y Venezuela.

“Los protagonistas de la poesía mexicana son siempre rotativos, y su visibilidad depende de la hora del día (y de las estaciones generacionales) en que decidamos leerlos. Ayer fue el turno de ciertos Contemporáneos como Villaurrutia y Pellicer; hoy, tal vez, de Novo y de Owen. Ayer leíamos Los hombres del alba, de Huerta, y sus poemínimos; hoy es, quizá, la época perfecta para un poema documental como Amor, patria mía. Hasta hace algunas décadas, la poesía escrita por mujeres era un ofensivo capítulo para especialistas; hoy sería imposible bosquejar siquiera nuestra tradición lírica sin Enriqueta Ochoa, Ulalume González de León, Isabel Fraire, Gloria Gervitz, Isabel Quiñones, Myriam Moscona, Tedi López Mills, Dolores Dorantes, Maricela Guerrero, Paula Abramo y Elisa Díaz Castelo, entre tantísimas otras”.

Hernán hace una pregunta sobre mi pregunta: “¿Qué ha influido más a la hora de vivir: los libros leídos o la vida misma?", podríamos preguntarnos a modo de respuesta. La literatura, en palabras de Pessoa, hace más real la realidad, pero esta no posee gramática, ni sintaxis, ni métrica. La realidad no escribe -mucho menos poemas-. Somos nosotros quienes, sustrayéndonos de la vida -y, a un tiempo, sustrayéndole a la vida-, la dotamos de legibilidad y arbitrariedad, de elocuencia y balbuceo, de despojamiento y arquitectura, de sentido y polisemia: paradojas fecundas que son aportaciones (y no los resultados trágicos) de nuestra escisión, nuestra pérdida diaria de paraíso y nuestra intermitencia como especie.

-¿Cuál es el aporte de la poesía mexicana a la poesía latinoamericana?

-Su ecumenismo, que no debemos confundir con la variedad ecléctica de sus escrituras. Sin temor a equivocarme, México lee y ha leído desde el siglo XX, con una avidez tan insospechada como saludable, la poesía de América Latina y España. De ahí que suela ser tachada de "demasiado bien escrita" (sic!). Lo que pasa, en realidad, es que ha asimilado con gran metabolismo crítico múltiples tradiciones, incluida la propia.

 

Hernán sigue de cerca, con admiración no tan secreta el trabajo de contemporáneos como Maricela Guerrero, Paula Abramo, Sara Uribe, Óscar de Pablo y Rodrigo Flores Sánchez. Poetas nacidos posteriormente, como Inti García Santamaría, Daniel Saldaña París, Diana Garza Islas, Christian Peña, Xel-Ha López Méndez, Elisa Díaz Castelo, Pablo Piceno, Fredy Villanueva o un jovencísimo David Cacho (de escasos veinte años), que dice, le abren todo el tiempo la cabeza, nuevos caminos y ojos entrecerrados, “más por inercia que por sueño”.

-¿Qué tan fácil o difícil consideras que es publicar poesía en buenas editoriales en el país?

-Hay, respecto a América Latina, mayor facilidad. (Sobre todo si consideramos que, en Argentina, por ejemplo, los autores suelen pagar sus propias ediciones.) Sin embargo, sigue siendo excepcional que un autor nacido en los años 80 o 90 comparta la misma plaza que uno nacido en los años 40, 50, 60 y 70. La gerontocracia sigue siendo un pesado lastre de la poesía, la literatura y la cultura de nuestro país. A los poetas jóvenes, por fortuna, los tiene sin cuidado esta inaceptable marginación por parte de los popes literarios y editoriales: hace mucho que, felizmente incrédulos, abandonaron el templo.

Hernán Bravo obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1999. Publicó el libro de poemas Oficios de ciega pertenencia, Fondo Editorial Tierra Adentro, CNCA, México, 1999; y Nueve poemas, Cuadernos de filodecaballos, Guadalajara, 2001. Y junto con Ernesto Lumbreras realizó la muestra El manantial latente Poesía mexicana desde ahora (1986-2000), publicada por el fondo Editorial Tierra Adentro del Conaculta.

“Mi experiencia (pero, también, mi aspiración) como lector y autor de traducciones querría resumirse en estas líneas de Edith Grossman: "lo que nunca debería olvidarse o pasarse por alto es el hecho obvio de que lo que leemos en una traducción es la escritura del traductor". Odio la cualidad aséptica e intercambiable de los doblajes; así que aspiro a "escribir con palabras ajenas", según Pablo Ingberg, cada vez que traduzco palabras propias, que solo pueden serlo en la medida en que nos apropiemos de ella.

Nuestro último encuentro físico fue en Bellas Artes, una nube lo rodeaba y me saludó de entre la gente. “Sí, hola, cómo estas”, y eso. Hace un par de semanas lo vi en la tele diciendo cosas. Sus abuelos, poesía y toda la intelectualidad de un joven, experimentado químicamente.

 

“El consumo interno de la poesía mexicana suele ser defendido por los patrioterismos ilustrados. (Basta con seguir algunas lecciones de historia y política actuales de Estados Unidos). Toda buena poesía no deja de abonar el terreno de una curiosa paradoja: entre más pretendidamente universal, entre más lleve a la lengua a su grado cero, más provinciana resultará de miras; entre mejor se avenga a su espacio, tiempo y habla interiores, más universal será”.

-Desde tu punto de vista, ¿qué crees que le haga falta a la poesía mexicana?, ¿más experimentación y menos tradición?, ¿más vitalidad y menos refritos?, ¿más autenticidad y menos copias? ¿Qué opinas?

-El crítico peruano Julio Ortega llegó a afirmar, hace ya casi 20 años, que a la poesía mexicana le faltaba calle.  Hoy día, el mismo Ortega podría quejarse de su exceso de peatones. A la poesía mexicana le hace falta, en cualquier caso, admitir con gracia sus contradicciones, fungir como abogado del diablo para sí misma. Entre más inestable, menos totémica; entre más centrífuga, menos prejuiciosa”.

Si quieren conocer la vida de Hernán durante la pandemia, en su página personal de Facebook está todo: “Los primeros meses de la cuarentena llevé un diario público donde mezclé ensayos, aforismos, traducciones, poemas en verso y prosa. Durante 69 días (número fetiche por donde se le vea), fui escribiendo ese libro hasta cerrarlo, coincidentemente, el último día de la así llamada "Jornada Nacional de Sana Distancia". En él, los lectores interesados o morbosos podrán advertir los buenos, malos, viejos y flamantes hábitos que se dieron cita en la "nueva normalidad" a cal y canto -más a cal viva que a canto nuevo, a decir verdad”.

Este es Hernán Bravo Varela, el joven narrador y gran poeta, a quien muchos envidian. Nuestro niño de oro.

Las fotos que ilustran esta pieza periodística fueron tomadas de la página de Facebook del autor.