Ciudad de México.-Daniela Vega, la actriz chilena que obtuvo notoriedad al protagonizar Un mujer fantástica (2017), filme que ganó el Oscar a Película Internacional, cree que el arte puede generar cambios individuales que gradualmente se decantan en transformaciones estructurales de una sociedad.

“El arte siempre ha hecho eso, siempre lo ha hecho”, dice Daniela en entrevista a Life and Style , vía zoom, desde Santiago de Chile.

La Jauría , que estrenó el primer minuto de este viernes por Amazon Prime Video, es un thriller que tiene como eje la desaparición de Blanca Ibarra, líder feminista de un colegio de élite en Santiago, encarnada por Antonia Giesen.

La historia, en su subtexto, explora la violencia de género. Esto la convierte en una serie relevante por abordar una problemática que afecta a Latinoamérica de forma transversal. Sin embargo, aunque su historia es casi un statement sociopolítico —cargada de dilemas morales y personajes buenos que se equivocan— esto se logra de forma sutil, sin ser doctrinaria o maniquea.

“Como artista no busco pontificar o dar respuestas a la audiencia, y creo que lo que La Jauría busca es cuestionar al espectador, es hacer preguntas más que intentar entregar respuestas. El rol del arte es el cuestionamiento”, explica Daniela, quien encarna a la agente Elisa Murillo.

“Creo que el espectador es el que completa la obra, porque para mí cualquier obra es una ecuación cuya X la despeja quien la mira, por lo tanto al entrar en ese juego matemático, en el que el artista entrega algo y la audiencia lo recibe y lo digiere a su antojo: esa ya es la finalidad del arte, porque si tú cantas y nadie te escucha, entonces no estás cantando”.

La serie, también protagonizada por las chilenas Antonia Zegers, Paula Luchsinger, Mariana Di Girolamo y María Gracia Omegna, así como por el cubano-mexicano Alberto Guerra, es una ficción escrita por Leonel D'Agostino, Paula del Fierro, Enrique Videla y dirigida por Lucía Puenzo (también guionista), Nicolás Puenzo, Marialy Rivas y Sergio Castro.

La Jauría , producida por la mancuerna chilena de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín —laureados por películas como No , Neruda y El Clan — es tan intrigante como dura. Su historia pone en dedo en la llaga al retratar la violencia de género de forma cruda.

“El arte tiene ese poder y la capacidad de transformar”, explica Alberto Guerra desde su casa en la Ciudad de México, vía zoom. “Hace unos momentos Daniela decía algo muy bonito, que ‘el arte va siempre un paso adelante’. Y es así, esta tiene la posibilidad de leer la problemática actual y ponértela en la cara. A medida que te confronta, va cambiando las estructuras de la sociedad”.

Alberto interpreta a Manuel, un psicólogo mexicano que trabaja dando terapia a los alumnos del colegio católico al que asistía Blanca, la joven desaparecida. “Él por su profesión tiene una capacidad de manipular a un espectro de la sociedad muy manipulable, que es la adolescencia. Por otro lado tiene la capacidad de mostrarse como lo contrario a eso, que creo que es algo que pasa muchísimo hoy en día”.

En esta historia, en la que la religión y su ideología carente de igualdad de género son bien retratadas, Elisa Murillo, la agente que interpreta Daniela, deberá lidiar con un fuerte trauma y su deseo de resolver este caso para cumplir su objetivo más profundo, crear un cambio social en pro de las mujeres. “Para ella el fin justifica los medios y tiene formas poco ortodoxas de solucionar sus problemas, pero al mismo tiempo es una mujer muy inteligente, casi como una ajedrecista”.

Pese a que esta problemática ha sido muchas veces retratada, La Jauría pone el foco de esta tema social en la élite santiaguina, un estrato social que pese a sus particularidades podría ser transferida a cualquier otra capital latinoamericana sin perder veracidad. “Vemos los juegos de poder e influencia en la cúpula y la capas que se van tejiendo por debajo de la historia porque ésta tiene muchos giros dramáticos.

Es un retrato de un sector que tiene poder y en ese sentido es como Los ricos también lloran. El foco de la serie está puesto ahí porque esto a cualquiera le puede pasar”.

“Me parece interesante agregar”, dice Alberto, “que las plataformas de streaming , al ser de paga, de entrada ya hay un aspecto socioeconómico que se siente representada ahí; en la televisión abierta en Latinoamérica estamos acostumbrados a ver historias aspiracionales porque están dirigidas a un nicho de la sociedad económicamente bajo, pero en esta forma de distribución va a otro estrato que quizá con suerte pueda cuestionarse un poco sobre la realidad que habitan”.

La Jauría , además, incorpora el internet como un elemento crucial, pues en la historia existe un hacker que crea un “juego” en el que pone retos a adolescentes masculinos, como cortar un mechón de cabello de una “presa”, marcarla con el logo del lobo de La Jauría y hasta otras acciones de consecuencias más atroces a niveles físicos y emocionales. “La serie trata el internet como un personaje más, porque este es así en nuestra vida”, subraya Alberto.


Con información de Life and Style