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La locura española de Leonora Carrington

La artista y escritora surrealista cruzó los Pirineos para ayudar a su amante judío Max Ernst y acabó en 1940, atada de pies y manos, en un psiquiátrico en Santander

Por Redacción, 2017-08-11 13:38

(EL PAÍS) .- El intento de conseguir un salvoconducto para Max Ernst, confinado en un campo de concentración en Francia, llevó a su amante Leonora Carrington a entrar en España recién acabada la guerra civil. En lugar de conseguir liberarlo, fue ella la que acabó encerrada en un sanatorio psiquiátrico de Santander, dirigido por el doctor Luis Morales. De aquella peripecia, más surrealista que la filosofía de sus propios protagonistas, quedó un relato tan real como alucinante escrito por la propia Carrington, que pretendía ser una mera catarsis y acabó publicado como Memorias de abajo. Un texto fundamental en la historia del surrealismo.

Ahora que celebramos el centenario de la artista británica finalmente afincada en México se reconstruye su desvío español, tanto mental como geográfico, en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el mismo Santander y en breve en el Hay festival de Segovia.

Leonora y Max Ernst se habían conocido en el restaurante Barcelona de la londinense Beak Street, con Man Ray, Lee Miller y los Eluard. Fueron amantes en Paris, donde André Breton la adoptó como “una de los suyos”, y se fueron a una casita de campo donde ambos produjeron una importante obra, incluido el autorretrato de ella La posada del caballo del alba. El avance nazi sobre Francia destruyó el idilio amoroso y artístico que Carrington y el pintor alemán desarrollaron en la localidad francesa de Saint Martin d’Ardeche. Tras ser arrestado él por segunda vez, una atribulada Carrington viaja en coche a España, vía Andorra, para buscar en Madrid un salida para Ernst.

En las entrevistas que mantuvimos hace una década en su casa de México, Carrington reconocía haber estado afectada por lo que llamaba un “síndrome de guerra”, perturbada, físicamente disminuida, mentalmente debilitada. Pero fueron su salidas de tono político en el Madrid del año cuarenta lo que llevo a las autoridades españolas, con el cónsul británico y con la aquiescencia de su potentado padre a encerrarla primero en un convento y después a trasladarla en coche al norte. Le administran tres veces luminal y una inyección en la espina dorsal: anestesia sistémica. Han vencido su resistencia. La entregan, como un cadáver, al psiquiátrico del doctor Morales, una casa jardín en Valdecilla. Su destino no buscado. Es atada de pies y manos. Medicada con cardiazol, equivalente al electrochoque. Una caída al abismo. Una locura forzada.

Medio año duró su encierro español, un episodio del que se negaba a hablar, “porque aún me produce mucho dolor”, según me confesó cuando ya había cumplido los 90. Fue el doctor Pierre Maville quien le aconsejó escribir sobre su cruda experiencia. “No sé cuánto tiempo permanecí atada y desnuda. Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible: creí que eran los espíritus de todos los españoles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisión. La magnitud de mi remordimiento hacía soportables sus ataques. No me molestaba demasiado la suciedad”. Terminó manejando la sórdida situación con una inteligencia prodigiosa, convirtiendo el escenario de su encierro en una especie de mapa prodigioso, con sus símbolos y constelaciones que le permitían buscar la salida a su caída en el hondo pozo de la locura.

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El de Carrington puede inscribirse entre los casos de mujeres sometidas por haber ejercido su libertad sin límite. Gracias a la escritura —una maldición que salva, en palabras de Clarice Lispector— Carrington exorcizó sus males. En la clínica leyó a Unamuno, hizo horóscopos diarios para el doctor Morales, que acabo prendado de su inteligencia. Con una señorita de compañía abandonó Santander en tren rumbo a Lisboa, con parada en Ávila. “Era Nochevieja. Hacia un frío intenso. Paramos en Ávila, donde nació Santa Teresa. Había un tren largo con muchos vagones cargados de ovejas que balaban de frío. Era espantoso. Los españoles pueden ser atroces con los animales. Recordaré aquella ovejas sufriendo hasta el día que me muera. Era como el infierno.”

Más lúcida de lo que aparentaba, Carrington dio esquinazo a su protectora y en Lisboa se fue en busca del periodista y poeta mexicano Renato Leduc, que hacía funciones de secretario de embajada. Se casaron y dejó de estar a merced de la voluntad de su padre, o de Max Ernst, que también acabó saliendo de Marsella hacia el exilio vía Lisboa, de la mano de la millonaria Peggy Guggenheim. Tras un tiempo con el grupo surrealista reunido en Nueva York, la pareja marcha a México. Pese a su divorcio Carrington se quedará allí —en el país del surrealismo natural según su protector, André Breton— hasta el fin de sus días. Incluida hoy en el grupo de mujeres artistas surrealistas de Latinoamérica, su pintura está entre las más cotizadas, y sus relatos mantienen la frescura y las sorpresas de textos adobados por un profundo surrealismo.

En su casa de la colonia Roma, acabó rodeada de españoles, incluido el médico que asistió sus partos, José Horna, y su mujer la fotógrafa Katy, más su inseparable compañera en el arte y la vida, la ilustradora y pintora Remedios Varo. También trató a Luis Buñuel que la cita en sus memorias. “Un día, cuando llegamos a casa de un tal Mr. Reiss donde nos reuníamos regularmente, Leonora se levantó de súbito, entró en el baño y se dio una ducha completamente vestida. Después, chorreando, regreso a la sala, se sentó en una butaca y me miro fijamente. ‘Eres un hombre apuesto’, me dijo en español tomándome del brazo. ‘Te pareces enormemente a mi guardián’, del psiquiátrico de Santander”. El desvío español en su viaje vital marcó para siempre el destino de la última surrealista.

 La locura española de Leonora Carrington

 

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Cloud Gate Dance Theatre of Taiwan conquista Bellas Artes con “Rice”

El fundador y director de la compañía Lin Hwai-Min creó movimientos potentes y exuberantes, tejidos a través del suelo, la luz del sol, el viento, el agua y el fuego, que los bailarines ejecutaron teniendo como fondo la proyección multimedia.

Por Redacción, 2018-02-17 12:35

México, (Notimex).– Inspirado en el paisaje y la historia de Chihshang en el Valle del Eift de Taiwán, el coreógrafo Lin Hwai-Min creó el espectáculo “Rice”, que evoca muerte y devastación, pero también amor y resurección, para su compañía Cloud Gate Dance Theatre of Taiwan, que anoche conquistó el Palacio de Bellas Artes, de la capital mexicana.

Los 24 bailarines en escena lograron transmitir a través de sus cuerpos cómo es el círculo vital de un arrozal, de ahí el nombre de este espectáculo creado en 2013 para celebrar el 40 aniversario de Cloud Gate Dance Theatre of Taiwan.

Teniendo como punto de partida extensos campos de arroz, la agricultura y la conciencia ambiental, los bailarines hacen uso del Qi Gong, una ancestral técnica de respiración, así como de artes marciales, danza moderna, ballet y caligrafía para ofrecer piezas que anoche fueron ovacionadas por su excelsa técnica.

El fundador y director de la compañía Lin Hwai-Min creó movimientos potentes y exuberantes, tejidos a través del suelo, la luz del sol, el viento, el agua y el fuego, que los bailarines ejecutaron teniendo como fondo la proyección multimedia de los campos que sirvieron de inspiración para esta obra.

Con un vestuario de colores tenues, la agrupación confirmó una vez más porque es consideradas una de las más importantes compañías de danza contemporánea en Taiwan, no solo por la perfección de sus cuerpos, también por lograr hacer tan elocuente la quietud como la energía del movimiento.

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Y es que Cloud Gate (Puerta a las nubes) hace referencia a la más antigua danza conocida en China y a través de las coreografías de Lin la compañía transforma la estética antigua en una celebración de movimientos modernos.

Cada pieza está acompañada por canciones populares en Hakka, la más antigua entre los dialectos chinos existentes, y arias de ópera de Occidente, así como el susurro del grano y del viento y el repique de truenos en el lugar, completan el paisaje sonoro.

Las imágenes de vídeo -nubes que se reflejan en el agua, el arroz que se mece con el viento, y el fuego que asola los campos- se han convertido en los elementos visuales esenciales de la producción.

“Rice” está integrado por las piezas “Tierra”, “Aire”, “Polen I”, “PolenII”, “Sol”, “Cereal”, “Fuego” y “Agua”; y su presentación en la Ciudad de México fue posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura y del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de China, y habrá otra función este sábado en el Palacio de Bellas Artes.

Lin Hwai-Min fue distinguido con el Premio Lifetime Achievent en 2009, por el jurado del Internacional Movimientos Dance Prize, en Alemania, donde fue aclamado como “un destacado innovador de la danza”. Ha recibido doctorados honorarios en seis universidades de Taiwan y Hong Kong, el Premio de Artes de Taiwan, entre muchos más.

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Indígenas convierten balones de la NFL en obras de arte

La exposición “Juego americano, arte mexicano” se presenta en el Museo de la CDI.

Por Redacción, 2018-02-17 12:32

México, (Notimex).- Maquillaje facial de la cultura Seri, técnicas en estambre y chaquira Huichol, concha de nácar decorada de la cultura otomí, algodones y acrílicos Huipil con técnica de brocado son utilizados para recrear “Juego americano, arte americano”, exposición que se presenta en el Museo Indígena de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) en esta ciudad.

Se trata de 40 piezas originales de arte indígena, basadas en la figura del balón oficial de futbol americano de la NFL, trabajadas con las técnicas y diseños tradicionales de 26 pueblos originarios de México: chatino, chiapaneca, chontal de Oaxaca, chontal de Tabasco, huasteco, huichol, kikapú, maya, mazahua, mazateco, mixe, mixteco, nahua, otomí, pa ipai, pima, popoloca, purépecha, seri, tarahumara, tepehuán del sur, totonaco, triqui, tseltal, yaqui y zapoteco.

Octavio Murillo, director de Acervos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), comentó que la muestra forma parte del programa cultural previo a la celebración de un partido de liga de la NFL en la Ciudad de México, en noviembre pasado.

La exhibición que se reinauguró en el Museo Indígena en el marco del Super Bowl LII, “comenzó como un proyecto del Consejo de Promoción Turística de México, con la idea de hacer algunas obras de arte que fueran intervenidas por indígenas.

“Al final nos buscaron para saber cómo se podía generar un proyecto interesante, novedoso y que reflejara también las culturas indígenas; de tal manera que se hizo una selección de las más representativas manifestaciones artesanales del país”, dijo Murillo.

Con base en su experiencia de trabajo directo en las localidades indígenas, la CDI estableció contacto con talentosos artesanos que, en compañía de los curadores, desarrollaron cada una de las piezas, con estricto apego a las tradiciones estéticas y tecnológicas de los pueblos originarios.

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Para ello, un equipo de ceramistas, ebanistas y técnicos textiles desarrollaron los moldes, estructuras y patrones con base en los cuales los artesanos elaboraron las piezas de acuerdo con la técnica y diseños específicos de su comunidad.

“De esta manera, tenemos 40 piezas únicas realizadas con las piezas artesanales que representan el arte tradicional de cada una de las 40 localidades que aquí tenemos representadas; son 26 pueblos indígenas de culturas diferentes de 22 entidades del país”, señaló.

La curaduría final representa 23 ramas y técnicas artesanales: cerámica (modelado, engobado, barro negro, bruñido, bruñido y esgrafiado, decorado al pastillaje y vidriado), textiles en telar de cintura (brocado, teñido con tintes naturales y bordado, teñido con tintes naturales).

También, textiles bordados (a mano con diferentes puntadas, con cadeneta, en máquina de pedales), maque y laca, pintura (sobre papel de amate, diseños faciales), escultura policromada, técnicas mixtas (estambre o chaquira sobre madera, textil con aplicaciones), papel recortado y cartonería, cestería, talabartería, incrustaciones, entre otras.

De acuerdo con Murillo, el pretexto de los indígenas que participan en esta exposición radica en el balón, sin embargo, aclaró que “de lo que se trata es rescatar estas técnicas de la cultura popular”.

Mediante estas intervenciones, además de la tradición, se presenta una innovadora aportación estética bajo la apariencia del emblemático balón de futbol americano.

“Juego americano, arte mexicano. Intervenciones indígenas en balones de football”, estará abierta hasta finales de junio próximo en el recinto situado en la zona de Peralvillo, en e norte de esta ciudad.

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Entregan Premio Bellas Artes a Novela “José Rubén Romero” 2017

Marco Tulio Aguilera Garramuño, ganó este premio con la novela “Formas de Luz.

Por Redacción, 2018-02-17 12:27

Morelia, (Notimex).- El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la Secretaría de Cultura en Michoacán (Secum) entregaron este viernes el Premio Bellas Artes de Novela “José Rubén Romero 2017” al escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño, por la novela “Formas de Luz”.

En este marco, el coordinador nacional de Literatura del INBA, Geney Beltrán Félix, explicó que de acuerdo al jurado calificador la novela galardonada presenta una propuesta narrativa de gran calidad y “se centra en el infierno personal del narrador protagonista, con una profunda visión del ser humano y una ironía. Además, muestra un eficaz manejo del lenguaje y una estructura novedosa y atractiva”.

Durante la actividad realizada en el Teatro Ocampo del Centro Histórico de Morelia, la titular de la Secum, Silvia Figueroa Zamudio, afirmó que a partir de ahora el Premio Bellas Artes de Novela “José Rubén Romero” se entregara en Michoacán de manera anual.

Explicó que lo anterior surgió luego de que esta semana se entrevistara con la directora general del INBA, Lidia Camacho Camacho, con quien se acordó que este galardón debía continuar y tener como sede la entidad; “así que el premio se queda en Michoacán”, dijo la funcionaria.

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Recordó que el premio se entrega desde 1978, convocado por el INBA y el gobierno de Michoacán a través de la Secum, por lo que desde la administración estatal se harán las gestiones necesarias para seguir fortaleciendo este reconocimiento.

“Sé que en estos casi 40 años prácticamente los escritores mexicanos han sido los reconocidos, y si no mal recuerdo, Marco Tulio Aguilera sería el cuarto extranjero en recibirlo, pero usted ya no es extranjero maestro, es mexicano-colombiano”, dijo Figueroa Zamudio.

Marco Tulio Aguilera Garramuño nació el 27 de febrero de 1949 en Bogotá, Colombia, pero radica en México desde 1977. Estudió Filosofía en la Universidad del Valle de Cali, en su país natal, y obtuvo la maestría en Literatura en la Universidad de Kansas en Lawrance.

Cabe destacar que el Premio Bellas Artes de Novela “José Rubén Romero” consiste en la entrega de un reconocimiento y un premio económico de 200 mil pesos.