#Opinión cultural

La nouvelle poésie mexicaine, gato por liebre

Por Jeremías Marquines, 2016-07-03 20:58

Hace no muchos meses, en febrero para ser exacto, Mario Calderón fue vapuleado, insultado y humillado por la jauría mayor de la revista Letras Libres y asociados, calificativos llenos de odio como “tontito”, “imbécil” y “provinciano”, entre otros, proliferaron como argumento en contra de una opinión que profirió sobre las antologías, el tratamiento que recibió fue cruel.

Lo que el académico Calderón dijo fue lo siguiente: “En estas condiciones se podría afirmar que en la poesía mexicana hay mucha falsedad. Nos encontramos engañados suponiendo que algunos supuestos poetas tienen gran recepción en la sociedad mexicana, cuando lo único que sucede es que existe gran manipulación, se nos da gato por liebre. Los antologadores, en la mayoría de los casos, son poetas que no cursaron la carrera de letras y no han realizado un posgrado en literatura, sino que son periodistas o estudiaron comunicación o cualquier otra carrera; por tanto, a pesar de escribir poesía, desconocen la teoría literaria y sólo proponen a los autores con base en su gusto personal”. (Lenguajes en la poesía mexicana (Entre el canon y el folclore), UNAM, Colección Poemas y Ensayos, 2015, pp. 174-175).

No especularé sobre las motivaciones de Calderón para haber afirmado tal cosa, de lo que expresó me quedó sólo con las cuatro primeras líneas: “En estas condiciones se podría afirmar que en la poesía mexicana hay mucha falsedad”. “Nos encontramos engañados suponiendo que algunos supuestos poetas tienen gran recepción en la sociedad mexicana, cuando lo único que sucede es que existe gran manipulación, se nos da gato por liebre”.

Sobre lo demás que dice en ese párrafo, varios de los que reaccionaron a esta opinión ya lo juzgaron y lo lanzaron al basurero; la discusión infame sobre este asunto está completa en la red para el que esté interesado. No obstante, traigo a la memoria este asunto de Calderón porque en cierta forma hay vasos comunicantes entre lo que expresó en esas cuatro líneas que menciono y la discusión que se ha generado, meses después, sobre la antología, selección, compilación, compendio, etc., llamada: México 20. La nouvelle poésie mexicaine.

 La nouvelle poésie mexicaine, gato por liebreMario Calderón emite su opinión, porque no es otra cosa que opinión, en un libro publicado por la UNAM, no es ningún canon ni nada para tomarse en serio. Me supongo, que intenta defender cierto criterio de gusto contenido en una de las tres antologías que comenta. Calderón, tiene derecho, como todos, a tener mal gusto y a opinar lo que se le antoje, siempre y cuando lo que haga no lo haga disponiendo del poder de un cargo público, ni comprometiendo recursos públicos para imponer sobre otros, con alevosía y ventaja, su criterio o su gusto. Al parecer, no fue así.

Sucede lo contrario con la antología, autocompilación o autocompendio que la Secretaría de Cultura federal costeó para presentar en el extranjero como el rostro canónico de la nueva poesía mexicana en la que sí se involucra todo el aparato cultural oficial y los consecuentes recursos económicos públicos, porque no sólo se trató de la publicación de un simple libro, sino de posicionar en el mercado extranjero un gusto, una preferencia estética, como La Estética poética predominante desde una posición de poder gubernamental, y a un grupo particular de poetas, algunos, ciertamente con mucha valía, otros, a mi parecer, a mi particular gusto, no tanto, pero ese no es el tema, ni tampoco importa, porque los asuntos del gusto siempre serán una discusión falsa y mezquina; es una pérdida de tiempo tratar de esclarecer qué escritura poética es más valiosa que otra, con base siempre, a nuestros estados de ánimo.

Lo que sí puedo decir con seguridad, es que no hay nada cuestionable en que alguien, quien sea, con preferencias específicas por autores o por estéticas afines, pueda con su dinero o por medio de gestiones culturales diversas, realizar el compendio poético de su preferencia y lanzarlo al mercado; de esto, lo único que alguien podría cuestionar será lo de siempre: la falta de rigor, las preferencias o el pésimo gusto del editor; incluso, alguno que otro podría atreverse a emitir valoraciones estéticas sobre el contenido, algo que siempre será debatible.

En este supuesto, me viene a la mente el compendio poético titulado: “Nosotros que nos queremos tanto”, ediciones El billar de Lucrecia, 2008. Una iniciativa editorial de Rocío Cerón que no tuvo, al parecer, más pretensión que reunir una muestra de trabajos de amigos que más o menos coinciden en estéticas comunes, al menos, así lo dejaron claro. Los recursos para este libro, según se infiere por los logotipos en la contraportada del libro, provinieron de la gestión ante instancias culturales, pero no es en sí una institución del Estado la interesada en promover esta iniciativa. No obstante, paradójicamente, allí están registrados varios de los que también aparecen en la La nouvelle poésie mexicaine. Pura casualidad, me supongo, porque Rocío Cerón, la editora de “Nosotros que nos queremos tanto”, quedó excluida, quien sabe por qué criterios, de la nueva poesía mexicana.

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Así pues, lo cuestionable, de la iniciativa gubernamental llamada: La nouvelle poésie mexicaine, no son los antologados, ni los que fueron convocados como supuestos antologadores, ese no es el centro ni el fin de la discusión, los que aparecen allí son poetas con todo el derecho de ser promocionados y difundidos, cada uno tiene su lugar en la llamada poesía mexicana actual que se está escribiendo en todo el país y tienen sus lectores. Lo que se rechaza es la opacidad procedimental para realizarla y el uso del dinero público para privilegiar, gustos y afinidades poéticas particulares para exponerlas como política cultural de Estado, como ya lo denunció a tiempo la poeta María Rivera.

 La nouvelle poésie mexicaine, gato por liebreLa discusión sobre si los poetas seleccionados merecen ser los representativos de la nueva poesía mexicana o no, es igual de mal intencionada y absurda que la pretensión de algunos de omitir y tratar de encubrir -violentando el derecho de quien cuestiona-, a los responsables de esta iniciativa editorial, tal como lo hizo Francisco Hinojosa en el salinista periódico La Razón, donde califica despectivamente como “inconformes” a los que han emitido una opinión crítica sobre esa antología.

Así pues, parafraseando a Mario Calderón, hay mucha falsedad en la nueva poesía mexicana donde los funcionarios de la Secretaría de Cultura federal han dado gato por liebre a los franceses, pues de entrada no existe nada que pueda llamarse “la nueva poesía mexicana”, debido a que eso no lo determina el título de un libro, ni mucho menos, que esa nueva poesía pueda ser representada por veinte elegidos con base en el rigor de las afinidades, en esa lógica, supondríamos que fuera de esos veinte, todo lo demás que se está escribiendo en México es vieja poesía mexicana, aún cuando en el país, en las provincias, sobre todo, haya poetas, de menor edad que los antologados con propuestas de escritura posiblemente más intensas.

Pero más allá de intentar esclarecer quien tiene más o menos patente de poeta representativo de “la nueva poesía mexicana”, lo que en realidad debe exigirse es que los funcionarios de la Secretaría Cultura que abusaron de una posición pública privilegiada, para convertir sus gustos, preferencias y desencuentros en la muestra definitiva de la poesía escrita por poetas menores de cincuenta años, de la que excluyeron intencionadamente a autores cuyas obras simplemente no son de su agrado, o no pertenecen a sus círculos íntimos, además de otros supuestos igualmente subjetivos, sean sancionados por la Secretaría de la Función Pública, porque para eso existen las reglas de operación específicas para cada programa federal, así como exigir a Rafael Tovar y de Teresa la transparencia absoluta del proceso y los recursos públicos invertidos en este proyecto, para evitar que en lo futuro se repitan estos mismos mecanismos viciados como la antología que ya se está planeando para Montreal, Canadá.

Si la nouvelle poésie mexicaine se hubiese realizado por particulares y con fuentes de financiamiento provenientes de la gestoría cultural, quizá nadie podría objetar nada, pero no ha sido así, fue desde una secretaría de Estado, a través de la Dirección General de Publicaciones que se excluyó arbitrariamente de participar de una política de estado a creadores del país que no fueron siquiera tomados en cuenta en un proyecto que se pagó con dinero de los impuestos.

En el texto: ¿Puedo antologar tu antología?, escrito por Hinojosa para ultrajar las críticas que la poeta María Rivera y otros han hecho contra la nouvelle poésie mexicaine, dice: “Los inconformes con esta muestra de veinte poetas argumentan que no es representativa (ya quedó claro que ese no es el punto), que fue elaborada con criterios poco rigurosos, que el proceso de selección fue opaco y que detrás de las decisiones hay amiguismo o compromiso. Y como se invirtieron recursos públicos tanto para la edición como para el viaje a París de un grupo de poetas, la publicación –se piensa- debería haberse sometido a la aprobación del gremio. ¿De verdad habría que hacer una votación para elegir a los veinte autores representativos de nuestra nueva poesía? ¿Quiénes serían los electores: todos los poetas? Los inconformes, de haber sido elegidos para realizar la antología, se habrían guiado por sus propios criterios para hacer la selección o habrían hecho una convocatoria para repartir la elección?”

Aparte de validar un proceso viciado de origen: “Creo que la medida tomada por quien lo haya hecho es acertada”, lo dicho por Hinojosa muestra a la perfección ese pacto entre ladrones que han sido las relaciones en la institución literaria nacional. Un pacto como el que ocurre entre el cabo Macías y Cervantes en la novela Los de abajo de Mariano Azuela. “Los une la rapiña, el lenguaje común del despojo, como en la famosa escena en la que cada uno, fingiendo que duerme, ve al otro robar un cofre sabiendo que el otro lo mira sellando así un pacto silencioso de ladrones”, así escribió Carlos Fuentes, en el libro La gran novela latinoamericana.

#Opinión cultural

Roman J. Israel, Esq; o cuando se corrompen los valores | CINE

Es una película con una profundidad notable, donde el relativismo moral lleva una responsabilidad importante.

Por Lucía Deblock, 2018-02-11 10:41

México.- Roman J. Israel, Esqesel nombre de un abogado muy particular. Es un hombre incómodo, obsesivo, desgarbado e intolerante, aficionado al jazz y a los emparedados de crema de cacahuate, con casi ninguna habilidad social, pero con una mente legal deslumbrante.

El socio de Roman siempre fue la parte visible del despacho legal donde se atendían principalmente casos de derechos civiles y de gente pobre, era también quien litigaba y atendía a los clientes. Roman J. Israel, Esq trabajaba a la sombra, detrás del escritorio, al fondo del despacho bajo la luz de una lámpara, armando casos y sustentando la base legal para ayudar a los pobres y desamparados de un sistema legal percibido como injusto. Cuando el socio muere, es Roman quien queda desprotegido.

 Roman J. Israel, Esq; o cuando se corrompen los valores | CINE

Roman J. Israel, Esq, es un hombre desempleado y complicado y su mayor ambición es la de mantenerse idealistamente puro. Es un hombre que ante cualquier embate de la vida enarbola una ética sin fisuras, un estricto apego a la ley. Su ethos está forjado en los años 60 y su conocimiento técnico se detuvo en algún lugar de los 90, pero su fe en la justicia es atemporal. Roman J. Israel, Esqes un caballero, un verdadero creyente que defiende valores que la cultura periférica no comprende y por ende, es él quien queda a merced de las circunstancias, o tal vez, de la vida.

Por situaciones tan mundanas como las cuentas por pagar, Roman acepta trabajar con un abogado dueño de una gran firma en la ciudad de Los Ángeles. A él no le sienta el mundo donde la facturación de las horas laborables marca la pauta, sin embargo, trata de adaptarse. Es ahí donde debe decir si los valores éticos que defiende siguen vigentes y son capaces de adaptarse al mundo real. Entonces, es cuando se corrompe su rígido sistema de valores.

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En muchos sentidos la película es el personaje. Denzel Washington confecciona un personaje excéntrico y cautivador, saludablemente cursi, con matices asombrosos, que justifica más allá de cualquier duda su nominación al Oscar como mejor actor.

 Roman J. Israel, Esq; o cuando se corrompen los valores | CINE

La película, sin embargo, en algún lugar pierde cohesión. La jerga legal pesa en algunas secuencias. Cuando su primer trabajo como director fue una película tan buena como Nightcrawler, Dan Gilroy levanta muchas expectativas, pero en esta ocasión la tensión dramática no ha sido bien llevada a lo largo de la cinta, arrojando un resultado es un tanto irregular.

La trama de la película, sin embargo, es un laberinto bien diseñado, donde encuentran cabida los mejores escenarios para contrastar los polos de la idealización. Es una película con una profundidad notable, donde el relativismo moral lleva una responsabilidad importante

Creo que la actuación de Washington le valdrá el premio de la academia, hace mucho que no se veía en el cine un personaje con peso moral como el de Roman J. Israel, Esq.

#Opinión cultural

“Los archivos del pentágono”; periodismo contra posverdad | CINE

Kapucsinski dijo: “Cuando se descubrió que la información era poder, la verdad dejó de importar”.

Por Lucía Deblock, 2018-01-28 11:54

México.- A la nueva película de Steven Spielberg (The Post) no sólo le precede un sentido de la oportunidad muy acertado, sino que, además, es tan oportuna que ha logrado colarse a las nominaciones a de los Oscar, en las categorías de Mejor Película y Mejor actriz principal. El sentido de oportunidad al que me refiero, es al que se encuentra actualmente la prensa internacional tras los embates desde diferentes frentes que la acusan de publicar y generar noticias falsas, pero también, resulta oportuno por el empoderamiento de la mujer que vive la industria del cine.

Kapucsinski dijo: “Cuando se descubrió que la información era poder, la verdad dejó de importar”. Tal vez, es el mismo motivo que ha hecho entrar, apenas a finales del año pasado, al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la palabra Posverdad, y la define como: f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

 Los archivos del pentágono; periodismo contra posverdad | CINE

Y todos, en mayor o menor medida, tenemos algún ejemplo cercano. En México, basta con sintonizar cualquiera de los canales de noticias de Televisa o TVAzteca para conocer los sesgos que sufre de la información. En el caso particular de la película, se trata de la publicación de documentos clasificados por el Pentágono sobre la guerra de Vietnam.

Katharine Graham (Meryl Streep) fue la mujer más poderosa del mundo de la prensa estadounidense durante las décadas de los setenta y los ochenta. Llevó a The Washington Post a ser uno de los más importantes referentes noticiosos, mientras fue su presidenta. Al principio de su presidencia, en junio de 1971, contra todo pronóstico, ya que era una mujer indecisa y tímida en un mundo dominado por hombres, decidió publicar los papeles del Pentágono, el estudio ultra secreto del Departamento de Defensa sobre la Guerra de Vietnam, que aún estaba lejos de finalizar, y que relataba con lujo de detalles el encubrimiento masivo de secretos y engaños por parte del gobierno, que abarcaban cuatro décadas y cuatro presidencias estadounidenses.

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Graham y su editor general, Ben Bradlee (un deslucido Tom Hanks), fueron presionados por el gobierno de los Estados Unidos para que los detalles de ese documento no viesen la luz, pero siguieron adelante alentados por su competencia, el diario The New York Times, en una pragmática asociación, que había comenzado a publicarlos, aferrándose a la libertad de expresión y a la obligación de informar al pueblo norteamericano. Esa maniobra facilitó el camino legal para las revelaciones del caso Watergate, que acabaron con la dimisión del presidente Richard Nixon.

 Los archivos del pentágono; periodismo contra posverdad | CINE

Al finalizar la película, tuve la impresión de haberla visto antes. Nada me resultó novedoso, ni el tema, ni el tratamiento, ni la gesta de los protagonistas. Está muy reciente el éxito de Spotlight, de Thomas McCarthy y ganadora del Oscar a la mejor película en 2015. Pero también el tema de documentos secretos publicados masivamente ha sido recurrente en esta época de crisis, Snowden, de Oliver Stone, estuvo en cartelera en 2016 y antes, el documental que cuenta como protagonista con el mismo Edward Snowden en Citizen Four, que fue el nombre clave que usó para contactar a la cineasta Laura Poitras, altamente recomendable.

Por lo tanto, sólo resta concentrarnos en las actuaciones. Para Meryl Streep, sería su 21a nominación al Oscar. Spielberg ya debió haber perdido la cuenta. La ausencia de una nominación para Hanks no es de extrañarse, ésta no ha sido su mejor interpretación.

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“Lady Bird”, la película menos incómoda de la temporada | CINE

A Lady Bird el éxito le viene de otras circunstancias que poco tienen que ver con la calidad cinematográfica.

Por Lucía Deblock, 2018-01-27 12:40

México.- Lady Bird es una película que flota hacia la temporada de premios con el halo mágico de haber alcanzado la marca perfecta de comentarios favorables de usuarios en la página especializada de cine Rotten Tomatoes, lo cual sólo había conseguido anteriormente Toy Story 2. Eso ha sido suficiente para que casi cualquier diario en el planeta se haya sentido en la obligación de escribir una nota al respecto. Eso significa que el 100% de los usuarios de EU que postearon su opinión, fue una opinión positiva

¿Pero la película realmente es tan perfecta? ¿La película justifica tanto afán?

La cinta es una comedia dramática independiente, dirigida y escrita por la actriz Greta Gerwig, que aborda el último aliento de la adolescencia de una mujer, justo antes de irse al campus de la universidad, lo que implica la emancipación y la separación de la familia. Cambios hormonales, cargas emocionales, problemas en la escuela, sexo, escarceos amorosos, etc. Es decir, la vida promedio de una adolescente promedio, en un hogar promedio, con problemas económicos, dirigido por la madre, quien es la que gana dinero y quien domina, y tal vez lo único que escapa del promedio de la cinta, con figuras masculinas más bien apagadas, pero presenciales a nivel emocional.

 Lady Bird, la película menos incómoda de la temporada | CINE

Se dice que en la literatura no hay malos temas, sino malos tratamientos del tema. Dicho de otro modo, no hay tema trillado, sino trilladas maneras de hablar del mismo tema. De modo que el trabajo de un buen autor consiste en encontrar la mejor forma de contar su historia. En este caso, es probable que Gerwig haya elegido la mejor manera de contar una historia que, sin embargo, poco aporta al universo. La película es correcta, pero nada más. No tiene la fuerza de Juno, el encanto de Miss Little Sunshine, la aproximación descarnada de Kids o la impresionante propuesta visual de Gummo. Es una película promedio, que agota todos los tópicos del tema.

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Resalto un par de cosas: La actuación de Laurie Matcalf, la compleja madre de la historia, pero no tan peculiar como les gustaría creer a los guionistas; y el particular tono de algunos diálogos, esa manera de nombrar, de comunicar, a través de la palabra, el significado de cosas nimias que adquieren importancia referencial en el campo de las emociones.

 Lady Bird, la película menos incómoda de la temporada | CINE

A Lady Bird el éxito le viene de otras circunstancias que poco tienen que ver con la calidad cinematográfica. Es verdad que este año hay varias películas cuyos temas giran alrededor del universo femenino, como The Florida Project o The shape of wáter, sin embargo, ninguna de ellas es dirigida por una mujer, como en este caso. Y en un contexto histórico tan exacerbado como el que se vive en la industria del cine, tras las denuncias por acoso sexual al productor y magnate Harvey Weinstein y de la creación del movimiento#MeToo en redes sociales, la reivindicación del poder femenino necesitaba un estandarte, pero Detroit de Kathryn Bigelow resultó muy controversial y Mudbound de Dee Rees, tal vez fue descartada y penalizada por estrenarse en Netflix, es decir, fuera del control de Hollywood, así que ese honor recayó en una modesta película, la menos incómoda de la temporada, dirigida por una mujer y con temática femenina, es decir: Lady Bird.

No es la primera vez que la crítica especializada y la popularidad de una cinta se oponen. Film Affinity le da 6.8/10, Sensacine 3.2/5 y Séptimo Arte 4.8/10

Todos sabemos que el éxito de la película será medido por la recaudación. Veremos si cumple con las expectativas del espectador de América Latina, que no es particularmente sensible al pragmatismo familiar de los estadounidenses. Pero, sobre todo, veremos si trasciende el tiempo.

Mientras tanto, sigo preguntándome: ¿Dónde están esas grandes películas de antes?