OPINIÓN

México.- La visita de AMLO a Washington ha provocado que, desde rincones insospechados, salten como chapulines sesudos análisis avisando tragedias, venganzas y maldiciones contra el pueblo de México.

Resulta no sólo sospechoso sino contradictorio que justo cuando el maridaje entre la Casa Blanca y Palacio Nacional goza de mejores relaciones, las voces de la oposición pongan tanto empeño en señalar el supuesto error garrafal que significaría la visita de AMLOW, como le llaman por allá.

Acostumbrados a pontificar desde un escritorio, los opinólogos expertos predicen aún contra los hechos irrefutables que demuestran que, a pesar de todo, la relación con el impredecible Trump ha sido muy bien administrada por el gobierno de la 4T.

Muy lejos, muy atrás quedaron las humillaciones y vejaciones contra México, gracias a los traspiés de Peña Nieto y sus corruptos compinches.

Mucho se habla sobre las posibles venganzas que emprenderán los “desairados” contra nuestro pobre país, toda vez concluida la contienda electoral de noviembre, sin molestarse en ocultar la sumisa condición de tapete a la que se someten sin el menor pudor.

Sin embargo, pocos abordan los beneficios que como vecinos, hemos recibido gracias al manejo adecuado de la compleja relación que nos une.

Para empezar, la creciente relación comercial entre China y México no ha sido criticada ni usada como pretexto para someter o chantajear a nuestro país por parte de Washington.

AMLO es capaz de declarar públicamente que vendería petróleo a Venezuela, si acaso esta lo solicita, sin que se desate un escándalo mayúsculo.

Cuando se trató de disminuir la producción de petróleo pocos meses atrás, México consiguió que EU absorbiera los 100 mil barriles diarios que nos correspondían a nosotros. Un hecho inédito, por cierto.

Las quejas de los gasolineros gringos afincados en nuestro país, enumeradas en puntilloso oficio donde se quejan de la Profeco, la Guardia Nacional y otras instancias encargadas de verificar precios y el correcto funcionamiento del servicio y precios a los consumidores mexicanos, han caído en un limbo silencioso en los pasillos de la American Chamber.

Pero en el fondo, lo que en realidad les preocupa, es que en medio de la contienda electoral, la visita del popular presidente mexicano se interprete como un espaldarazo al presidente más complicado e impredecible que haya habitado la Casa Blanca, quien va 10 puntos por debajo de su contrincante no oficial, Biden.

Y no es para menos, el líder más carismático de América Latina puede acarrear muchos, muchos simpatizantes de la comunidad latina, que tiene una capacidad de 36 millones de votos para el próximo noviembre.

Si a eso le sumamos que en EU viven 36 millones de mexicanos, siendo la comunidad hispanohablante más grande de todas las minorías. Los mexicanos representan el 10.8% de la población total de aquel país y no podemos olvidar que muchos de ellos son desplazados por la pobreza y la falta de oportunidades, que ven en AMLO a un presidente que defiende a los menos favorecidos y apoya las causas justas.

Así que es comprensible la preocupación de lo opinólogos de la derecha mexicana, que ven en la visita de AMLOW un riesgo a sus aspiraciones de tener en la Casa Blanca a un aliado de sus causas, un probable golpe, un socavamiento constante instrumentado desde las más altas esferas.

En tiempos de crisis y pandemia, todo es posible.