México.- “La poesía mexicana es endogámica y soberbia, solazada en sí misma, edulcorada y engolosinada en su propio veneno de suficiencia”, afirma Balam Rodrigo, premio Aguascalientes de poesía 2018, por Libro centroamericano de los muertos, y agrega que no sólo hay elitismo en la literatura y la sociedad mexicana, también discriminación y xenofobia; asimismo, critica a las grandes editoriales que centran sus ganancias en la publicación de poesía mediocre.

Nacido en Villa de Comaltitlán, Chiapas, un 11 de octubre de 1974, Balam Rodrigo Pérez Hernández vive actualmente en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, con su esposa y sus dos hijos (un niño de ocho años y una niña de diez) en una casa rentada que se ubica en las laderas del volcán Huitepec, alejada del centro del pueblo. La casa se encuentra a 200 metros del bosque (la reserva del Huitepec) y el espacio es amplio, lleno de árboles. Biólogos ambos, disfrutan del entorno junto con los niños, a quienes les enseñan a mirar e interpretar la naturaleza y los fenómenos del mundo de forma científica, pero sensible y humana. Además de las labores y asuntos domésticos, dedican tiempo a observar y a documentar aves, reptiles, y los niños colectan e identifican serpientes, lagartijas e insectos. “¡Ah, nuestras orquídeas!”, expresa con alegría.

Balam es poeta y narrador. Estudió la Licenciatura en Biología por la Facultad de Ciencias de la UNAM, tiene una Maestría en Ciencias Biológicas y un diplomado en Teología Pastoral. Se ha desempeñado como docente en instituciones del sector salud en materia de bioética, religiones y tradiciones de la muerte en México y además ha coordinado talleres de lectura y creación de poesía en varias entidades del país. Fue becario del Coneculta-Chiapas en 2005 y 2007 en el área de poesía, en el 2009 en la Categoría de Creadores con Trayectoria y del programa Jóvenes Creadores del FONCA 2009-2010.

Protagonismo de lenguas originarias

-¿Quiénes son los protagonistas contemporáneos de la poesía mexicana?

“Considero que son las y los poetas que hablan, sueñan y escriben poesía en alguna de las 68 lenguas originarias del país, con la clara excepción de quienes escribimos en el hegemónico español. Las lenguas originarias estuvieron silenciadas durante siglos por el Estado ‘mexicano’ que ha utilizado su poder militar, económico, político y unicultural para implantar una sola y homogeneizadora ‘identidad mexicana’, al tiempo que la sociedad, al igual que el Estado, continúa perpetuando las mismas e interminables prácticas de xenofobia y discriminación contra las minorías étnicas al intentar borrar, segregar e invisibilizar a los pueblos originarios, sus lenguas, su cultura, formas de organización y cosmovisión, privilegiando, por ejemplo, lo ‘mexica’ o ‘azteca’ como única representación de lo indígena en el país.

Refiere que en las últimas décadas del siglo XX y las primeras dos del XXI atestiguamos la emergencia de las y los poetas en lenguas originarias que, a la par de la lucha por la autodeterminación de sus pueblos, la defensa de su territorio, el reconocimiento de su patrimonio y exigencia de sus derechos culturales, así como el derecho a la autorrepresentación política, la justicia social y organizativa, “transforman con su poesía nuestras occidentales nociones de indigenidad y etnicidad, haciendo resurgir su palabra, su escritura, su filosofía, su poesía, desde una voz multilingüe, heterogénea, diversa, plural: no una, sino las múltiples identidades, rostros y voces de la mexicanidad”.

“Creo firmemente que los protagonistas más ‘contemporáneos’ de la poesía de México son los que escriben en las varias lenguas ancestrales (en términos actuales e históricos), revitalizando y renovando nuestras formas de pensar y crear la poesía. Quiero mencionar sólo un puñado de lenguas y nombres, aunque falten más: Kalu Tatyisavi, Celerina Patricia y Nadia López (ñu saavi), Petrona de la Cruz, Mikel Ruiz, Angelina Suyul, Ruperta Bautista, Xun Betán, Enriqueta Lunez, Manuel Bolom (tsotsil), Emilia Buitimea (yoreme), Jorge Cocom Pech, Briceida Cuevas Cob, Ángel Sulub, Waldemar Noh Tzec (maya peninsular), Irma Pineda y Esteban Ríos Cruz (zapoteco), Juan Hernández, Mardonio Carballo, Martín Tonalméyotl (náhuatl), Margarita León, Thaayrohyyadi (hñähñu), Rubí Tsanda Huerta (p’urhépecha), Adriana López y Antonio Guzmán (tseltal), Hubert Mikeas Sánchez, Trinidad Gómez Arias, Lyz Sáenz (zoque), Dolores Batista y Martín Makawi (rarámuri), Hubert Matiúwàa (mè'phàà), Juana Karen Peñate (ch’ol), Manuel Espinosa Sainos y Alejandra Lucas Juárez (tutunakú), entre muchas y muchos otros”, asegura.

Elitismo y discriminación

Balam Rodrigo considera que no sólo existe elitismo en la literatura y la sociedad mexicana, también discriminación y xenofobia. “Cuando les pedís que hablen de sus preferencias lectoras o que te den referencias sobre sus contemporáneos en términos estéticos, no es raro que refieran inmediatamente a quienes integran sus cofradías, pese a que algunos de ellos sean escritores francamente mediocres y su obra menos reconocida o limitada en relación con creadores de otros grupos e intereses”.

“Para poner un ejemplo en la poesía -detalla- hará cuatro años que se publicó la “incómoda” antología México 20: La nouvelle poésie mexicaine (Le Castor Astral/Secretaría de Cultura, 2016). No pongo en tela de juicio la calidad literaria de los veinte poetas incluidos en la selección, sino el elitismo transmutado en centralismo institucional poco incluyente: 16 de los poetas radicaban en la Ciudad de México e incluso, algunos en la misma colonia o delegación al momento de la publicación de la antología; Jalisco, Ciudad de México, Coahuila, Veracruz y Tlaxcala, los lugares de origen de los antologados, es decir, cinco entidades representadas de 32 estados que conforman el país; ninguna escritora o escritor en lenguas originarias: práctica común de un Estado que impone el monolingüismo hegemónico y la homogeneización cultural, etc”.

“Quienes me conocen saben que leo, admiro y sigo de cerca la obra de la mayoría de las y los poetas seleccionados en la antología y de quienes fungieron como antologadores. De pocos soy cercano y con otros mantengo una considerable distancia ética y estética; la obra de algunos definitivamente no me gusta, y pese a ello, compro sus libros, leo con atención su obra y elaboro mis propios juicios literarios. Sin embargo, pese a las virulentas críticas y múltiples quejas de buena parte del ‘gremio’ literario al momento de la publicación de la antología, a mí me parece que ese libro sí representa, con exactitud, el elitismo de la literatura y de la sociedad mexicana en general, las prácticas culturales elitistas del Estado mexicano, por lo que la antología es un espejo más que fidelísimo de nuestras instituciones y tradiciones culturales “mexicanas”. Es más, considero que algunas y algunos de los poetas y antologadores son, al mismo tiempo, víctimas voluntarias e involuntarias de un Estado fallido, un efecto secundario de sus políticas culturales, su propio daño colateral”, remata.

-¿Consideras que los poetas mexicanos son sobrevalorados en comparación con sus pares sudamericanos y españoles?

-Claro, nos sobrevaloramos mucho, sobre todo en relación con los poetas de Centro y Sudamérica, aunque la actitud de lectores y poetas sea de subyugación colonial con respecto a la poesía española, que sí está sobrevalorada. Las tradiciones literarias de Chile, Perú, Ecuador, Argentina y Uruguay, tienen grandes poetas, algunos poco conocidos y leídos en nuestro país. Me atrevo a decir que Chile es el país de los poetas, el país de la poesía en lengua española.

Balam es premio Aguascalientes de poesía 2018, es el galardón de mayor importancia que se otorga a los poetas en nuestro país, dice que la escritura poética suele ser más conservadora en México y Colombia, y que Centroamérica es ignorada, pese a que la tradición modernista de la poesía en español que se escribe en América nace en Nicaragua con Rubén Darío, es decir, nuestro modernismo poético emerge en Centroamérica.

Editoriales y poesía mediocre

Señala que pese a sus limitaciones, los centroamericanos cuentan con escritores que nada tienen que pedirle ni a México ni a Sudamérica, tampoco a España. Otro asunto –comenta-, es el poder colonial, corporativo y trasnacional de las grandes editoriales españolas que miran con desdén y condescendencia a la poesía de América, y en general, nos siguen vendiendo espejos y publicando a poetas mediocres de uno y otro lado del Atlántico, legitimándolos. Pero de un lado y de otro se cuecen habas (aquí, maíz y frijoles), por ello no deja de sorprender que después de Octavio Paz y José Emilio Pacheco, la mayor parte de los poetas mexicanos son totalmente desconocidos en España, mientras que un puñado de poetas mediocres, alienados, “legitimados” y publicados por las editoriales trasnacionales españolas en turno, “representan” actualmente la “mejor” poesía mexicana del otro lado del charco.

Refiere que “de la misma forma operan estas editoriales corporativas en los demás países de Latinoamérica e incluso han extendido sus tentáculos en el suelo y la academia estadounidense que lee y escribe en español, debido a que el mercado ‘hispano’ o ‘latino’ paga buenos dólares en EEUU y la recesión económica en España debe pagar sus réditos”.

“Los caros espejos que intentan vendernos las editoriales españolas y sus ramales corporativos en Latinoamérica, hace tiempo ya que no reflejan el verdadero rostro de nuestra poesía, mucho menos nuestra historia literaria. En esos espejos siguen y seguirán reflejándose los criollos neoliberales de siempre, los súbditos del imperialismo neocolonial, y los hay muchos a lo largo y ancho de América: subyugados cuentasílabas y acomplejados versorrimadores que lustran las botas del poder con la lengua recibiendo a cambio, migajas editoriales y prestigio malhabido. De igual manera, los poetas españoles que se salen de la norma estética e ideológica (poesía tradicional española afín al gobierno) y clientelista (institucionalizada) de los grandes corporativos editoriales o bien, de aquellos que son más influyentes por sus vínculos con el poder político del Estado español (y que influyen en los medios y en la academia), nos son también, casi desconocidos (Carlos Aurtenetxe es un grandísimo poeta español inédito y desconocido en América)”.

Por fortuna –dice Balam-, gran cantidad de editoriales españolas independientes nos ofrecen con sus libros de poesía no más espejos, sino ventanas, puertas y cielos nuevos en los que podemos asomarnos y conocer otros poetas españoles diversos y distintos, necesarios.

Pese a ello, dice este poeta chiapaneco, considero que la mejor poesía en español se escribe en América, no tengo duda alguna. Y no me incomoda que en general los poetas españoles conozcan poco o casi nada a los mejores poetas mexicanos y latinoamericanos (salvo los “consagrados”), pues gracias a sus corporativos editoriales trasnacionales, España tiene la poesía mexicana, centroamericana y sudamericana que merece: la peor. Celebro que las editoriales pequeñas, independientes, marginales o infravaloradas de España estén dando la cara y publiquen las otras voces silenciadas de Hispanoamérica. En ellas encontraremos más de un espejo poético que sí nos refleje y nos devuelva un rostro humano múltiple: hispánico y nuestroamericano.

La vida en la frontera sur

Balam me platica un poco sobre su infancia: “la viví en mi pueblo, Villa Comaltitlán, ubicado entre varios ríos en el corazón de Soconusco, en la costa de Chiapas, el lugar más centroamericano de México. Soy el mayor de ocho hermanos; mi papá era vendedor ambulante y mi madre es costurera y técnico en enfermería. Pasé gran parte de mi infancia entre los ríos Chalaca, Vadoancho, Paso de Lima, Zapaluta y Despoblado, pescando, nadando, corriendo, subiendo árboles, jugando futbol, pero también leyendo”.

Relata que por serias limitaciones materiales, “mi familia y yo nunca hemos tenido casa propia y durante años luchamos y trabajamos para comer apenas lo mínimo. Mi padre fue un gran narrador oral y mi madre, una gran lectora. Muchas veces íbamos con mi padre a pescar y a cazar para comer, a los ríos, al monte, y también al estero, donde aprendí a echar el trasmallo para pescar en el manglar, una práctica que necesita de la fuerza y trabajo de varias personas. Además de mi pueblo, viví con mis padres y hermanos en San Cristóbal de Las Casas y en Tapachula, la Perla del Soconusco”.

Expectativas negativas

-¿Qué opinión tienes de la actual administración cultural en México, es lo que te imaginabas o superó tus expectativas?

-Soy un detractor del voto y nunca he realizado ningún sufragio. Sé claramente que la votación es un derecho inalienable, esto es efectivo en un país verdaderamente democrático, México no lo es, por eso me abstengo de votar. Sucede que el INE (antes IFE) siempre es influido y controlado por el partido político en turno, el que está en el poder y legitima a la sucia piara de partidos políticos y sus miles de mantenidos. En México se planea cambiar la figura jurídica del voto, de derecho a obligación, por lo que abstenerse de sufragar sería punible por ley. Por otra parte, como ciudadano cumplo con todas mis demás obligaciones.

¿Por qué menciono esto? La administración cultural en México superará todas las expectativas de modo negativo, pero no se debe a la actual administración, sino al rezago y la corrupción de hace décadas. Como ejemplo de nuestras carencias en materia de cultura en el país, basta con asomarnos a la nula promoción, difusión y enseñanza de la cultura y el conocimiento científico básico en México, un país en el que pocas personas pueden diferenciar entre una bacteria, un protozoario, una levadura o un virus (ya no digamos un prion), información básica que hubiese permitido desarrollar una mayor conciencia y una actuación ciudadana (individual y colectiva) responsable y diferente, en relación con la pandemia causada por el SARS-CoV2.

Balam dice que en este país la cultura es otro más de los varios y exóticos ornamentos artesanales que los políticos se cuelgan en el cuello para invocar milagros populistas. Y no es suficiente con apelar al ánimo y al entusiasmo de los varios cárteles cultureros oficiales. Tal como escribió George Christoph Lichtenberg hace dos siglos: “Hay ineptos entusiastas. Gente muy peligrosa”.

Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en el periodo 2013-2016. Ganó el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos 2013, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2014 por Iceberg negro. La Presea Armando Duvalier 2015. Premio Nacional de Poesía a Obra Inédita José Emilio Pacheco 2016. Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2017. Premio Nacional de Poesía Tijuana por Ceibario y el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2018 por Libro centroamericano de los muertos, entre muchísimos premios más.

En su casa se ve muy poca televisión -dice-, excepto documentales sobre ciencia o naturaleza, cine internacional y escuchan música diversa mientras leen. Sus hijos están acostumbrados a leer y a consultar libros físicos; aún no les permiten utilizar las nuevas tecnologías o medios electrónicos para “comunicarse” con el mundo, sólo cuando, esporádicamente, se comunican con la familia distante.

Poesía endogámica y soberbia

“La poesía mexicana sí es endogámica y soberbia, solazada en sí misma, edulcorada y engolosinada en su propio veneno de suficiencia. Ciertos autores mexicanos han influido en la literatura de otros países, sobre todo los que escribieron una obra universal: Juan Rulfo, Octavio Paz, Rosario Castellanos. Debido al trabajo histórico de editoriales como el FCE, la literatura mexicana llegó a distintos rincones de Hispanoamérica y de ese modo ha influido, con relatividad, en otras latitudes”, comenta.

No obstante, precisa: “actualmente nuestra actitud ha cambiado un poco, el desdén que muestra la soberbia de la poesía mexicana es patente, por ejemplo, en su relación con la literatura de Centroamérica: ponemos más atención a lo que el vecino del norte escribe o publica en español, que aquello que nuestros cercanos hermanos centroamericanos escriben tanto en español como en alguna de las 11 lenguas mayenses que compartimos con Guatemala y Belice. Por ejemplo, existen más estudios literarios en relación con los balbuceos de la poesía escrita en spanglish que sobre la literatura tradicional y la poesía ancestral y actual de las y los poetas que se escribe en las múltiples lenguas originarias que compartimos con Centroamérica. Pero no debemos olvidar que la poesía del nicaragüense Rubén Darío atenuó los efluvios del romanticismo mexicano al legarnos el modernismo literario y que la obra del guatemalteco Miguel Ángel Asturias fue reconocida en 1967 con el Premio Nobel de Literatura, 23 años antes que la de Octavio Paz, y que el Popol Wuj, nuestro gran libro mítico y genésico mesoamericano, se gestó original y oralmente en lengua K’ich’e y también en Guatemala; no más: seguiremos en deuda con Centroamérica”.

-Cada año y en cada administración aumentan las restricciones para obtener becas y apoyos para los poetas, y esas modificaciones tienen que ver con comentarios y cosas publicadas en redes sociales, ¿qué opinas de que estas nuevas restricciones afecten los derechos de los poetas y condicionen su acceso a los recursos públicos para obtener esos premios y becas del Estado?

“Aunque parece que cada año existen más restricciones para el acceso a los recursos públicos ofrecidos mediante becas y otro tipo de estímulos económicos, en términos estadísticos es natural, dado que se ha incrementado considerablemente el número de artistas y creadores en todo el país, por lo que deben existir requisitos y exigencias de calidad (amén de la productividad) demostrables y fehacientes para todas y todos. Por otro lado, es sabido que los políticos y funcionarios que administran los recursos públicos correspondientes a becas y otros estímulos estén pendientes del escrutinio y la opinión pública".

"Antes se decía que, como chuchos desobedientes, temían a los “periodicazos”; ahora tiemblan por la virulencia exponencial de cualquier comentario negativo expresado en los medios masivos de comunicación electrónica, contra su administración o relacionados con ella. Y en un ambiente político y cultural donde populismo, popularidad y meritocracia van de la mano, la mejor respuesta es una ética y una estética irreprochables”, señala.

Poesía tardoadolescente

Sobre lo dicho por el poeta Hernán Bravo Varela en mi nota anterior en Bajo Palabra, Balam Rodrigo opina que “si la gerontocracia es un lastre, la parvulocracia en la poesía mexicana está totalmente sobrevalorada en términos estéticos, pero favorablemente valorada en términos mercantiles y corporativos, dado su atractivo para los fines de la industria editorial global y los medios de comunicación masivos y electrónicos”.

Y explica: “el supremo valor de la juventud como paradigma literario y ruptura generacional se exagera demasiado, principalmente porque la adolescencia y la juventud se han transformado en lo que los sociólogos denominan tardoadolescencia, la cual va de los 15 hasta los 40 años, y está sujeta a los dictados e intereses neoliberales, de mercado.

"Por otra parte, las pasadas generaciones se infravaloran, lo que obedece, también, a las mismas razones mercantiles capitalistas, que no artísticas: al medirse por productividad, “cambio” y renovación, su valor de mercado (y artístico) ha caído.

No exagero en mis comentarios. Por ejemplo, quienes pertenecieron y fundaron el Estridentismo o quienes formaron parte de La Espiga Amotinada, no rebasaban, en promedio, los 25 años, incluso menos. Pero pasaron muy pronto de ser “jóvenes” a considerarse poetas maduros, críticos, solventes ideológica y estéticamente. Cuando los actuales críticos y lectores los juzgan casi nunca justifican o recalan en su “juventud”, pues valoran su obra, más allá de la edad. Actualmente, la mayor parte de ellos no tendría suficiente currículum meritocrático para optar por alguna de las varias becas del FONCA o al menos un estímulo estatal juvenil”.

Balam Rodrigo asegura que “la parvulocracia actual de la poesía mexicana no resiste las críticas, y a su jovencísimo, lozano y virtualizado cuerpo le duele cualquier tipo de juicio, los tardoadolescentes de nuestra poesía evitan a cualquier costo el ‘fracaso’ mediático y son hipersensibles a la frustración, se evaden ante su mínimo indicio. Y dado que los poetas mexicanos gerontócratas, parvulócratas y adultócratas somos intolerantes e inoperantes frente a la crítica seria, madura y objetiva, la crítica formal casi ha desaparecido, transformándose en el efímero pero venenoso y punzante enjambre de opinologías, seudocríticas, censuras, detracciones y virulencias que facilitan las redes sociales y los medios masivos de comunicación electrónica. Más crítica literaria madura y menos poesía tardoadolescente y parvulocratizadora, por favor”.

Públicos y mercados acríticos

Aguerrido pero gentil, convencido hasta su esencia de que hay que poner los ojos en el sur del país y Centroamérica, Balam continúa charlando con nosotros desde Chiapas y asegura que: “Se equivoca rotundamente José Ángel Leyva cuando menciona que la poeta española Elvira Sastre es la más popular en lengua española debido a la cantidad de libros de ‘poesía’ y ‘narrativa’ que vende”.

Y agrega: “los cientos de miles de ejemplares que otros poetas juveniles de España venden en el mercado harían sonrojar a cualquiera y hacen palidecer todos los números previos: Irene X, Marwan, César Brandon, Loreto Sesma y, sobre todo, Defreds, son poetas ‘superventas’ que acrecientan por varios miles de ejemplares (de euros) las ventas alcanzadas por Elvira Sastre, así como el número máximo de ejemplares que cualquier poeta canónico en lengua española haya logrado vender en la historia. Ya no hay diferencia entre youtuber, influencer, neotrovador, performer y poeta, todo se mezcla hasta la saciedad, y entre más popular, estereotipada, sensacionalista y acrítica sea la creación ciberpoética, mejor”.

Comenta que “aquellos medios electrónicos y tecnológicos que fueron llamados en algún momento ‘alternativos’ y ‘democráticos’ empleados para la difusión, promoción, edición y publicación de la poesía con el fin de acercarla a un mayor público, ahora ven, en efecto, los resultados: se vende y se lee más poesía que en cualquier otro momento de la historia de nuestra lengua, pero la mayor parte de lo ofertado y vendido es todo, menos poesía. A estas alturas, si la mejor comida se mide por ventas y popularidad, ello supondría reconocer a McDonalds como el mejor restaurante del mundo. Como una enorme bofetada con guante blanco en las mejillas de los nativos digitales puristas y de los defensores de la industrialización, masificación, musicalización neotrovadoresca y globalización de la ciberpoesía creada, publicada y vendida a través de los medios masivos de comunicación electrónica, este año la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP) de EEUU, otorgó el premio a Mejor Compositor del Año a Bad Bunny, famosísimo reguetonero originario de Puerto Rico, cuyas canciones se reproducen miles de millones de veces en las distintas plataformas en la red”.

¿La mejor poesía?

Cáustico hasta la médula, Balam dice que “si las fronteras entre música, performance, iconografía y letra se han difuminado y mezclado para dar lugar a la nueva poesía virtual en lengua española, entonces Bad Bunny no sólo es el mejor compositor del año, sino el mejor poeta en nuestra lengua, ya que vende más ‘poemas’ que cualquier otro, incluyendo a los tardoadolescentes poetas españoles como Loreto Sesma, Marwan, Elvira Sastre, César Brandon, Irene X y una larga lista más. Con tales pruebas me remito y con ellas sostengo lo que había dicho antes: incluso en términos virtuales, la mejor poesía en lengua española se escribe en América. Posdata: para mayor referencia y ampliar la discusión con respecto a lo anterior, recomiendo leer: Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? de Nicholas Carr (Taurus, 2011) y La lira de las masas. Internet y la crisis de la ciudad letrada. Una aproximación a la poesía de los nativos digitales de Martín Rodríguez-Gaona (Páginas de Espuma, 2019)”.

Su encuentro con la poesía se dio primero con la lectura de la Biblia en casa, pero también escuchando los bailes de moros y cristianos que se ejecutan en su pueblo durante los cuales se cantan a viva voz El cantar de Roldán y Los doce pares de Francia. “Afortunadamente, mi primer encuentro con la poesía fue con los libros, no con los poetas. El primer poeta que conocí en persona fue Cayetano Cantú, durante la presentación de la antología Poemas de Constantino Cavafis, que él mismo tradujo del griego al español. El evento fue en la Casa del Lago en febrero del año 2000 y Vicente Quirarte fue el presentador (ese día conocí también a Quirarte y supe que era poeta)”.

-¿Qué piensas de los poetas de tu generación? ¿A quiénes lees?

“Pertenezco a la generación de poetas que comenzó a publicar hacia la mitad de la primera década de este siglo en Hispanoamérica. Mi primer libro, Hábito lunar, se publicó en diciembre de 2005. Por tal razón, considero que no pertenezco a la generación de poetas nacidos, como yo, en la década del setenta del siglo pasado. Una generación literaria, más allá de las coincidencias por año de nacimiento, se relaciona más por otras afinidades como las estéticas (p. ej. Estridentismo), las grupales o colectivas (p. ej. La Espiga Amotinada), las cronológicas (fecha de publicación del primer libro) o por lugar de nacimiento o lengua en la que escribe (estado, país, continente, idioma). Así que además de leer a las y los poetas en lenguas originarias que mencioné previamente, citaré aquí otro puñado de poetas hispanoamericanos que leo con atención y considero cercanos generacionalmente y estéticamente, algunos de ellos bastante jóvenes: Amora Pera, Pedro Tostes, Pedro Rocha, Álvaro Alves de Faria (Brasil), Matías Mateus, Alicia Preza, Rafael Courtoisie, María Laura Pintos, Gustavo Wojciechowski (Uruguay), Teresa Orbegoso, Mario Montalbetti, Darwin Bedoya, Nilton Santiago y Denisse Vega (Perú), Claudio Archubi, Patricia González López, Ricardo Rojas Ayrala y María Negroni (Argentina), Octavio Gallardo, Natalia Rojas, Carlos Cociña, Soledad Fariña, Jesús Sepúlveda y Elvira Hernández (Chile), Luis Carlos Mussó, Juan José Rodinás y María Auxiliadora Balladares (Ecuador), Alex Aillón y Jessica Freudenthal (Bolivia), Shirley Villalba y Carlos Bazzano (Paraguay), William Rouge, Paula Andrea Gaviria, Henry Alexander Gómez”, estos son algunos de una larga lista que mencionó.

Su obra está incluida en las antologías: Espejo de doble filo: antología binacional de poesía sobre la violencia Colombia-México (2014), Un poema en que no mueras nunca: 64 poetas latinoamericanos nacidos entre 1970 y 1990 (2014), Un manojo de lirios para el retorno: antología de poetas chiapanecos (1973-1991) (2015), Del caos a la intensidad. Vigencia del poema en prosa en Sudamérica, (Perú/Argentina, 2017) y Ganarse la vida para siempre (República Dominicana, 2017), entre muchas otras importantes. Parte de su obra ha sido traducida al francés, inglés, polaco, portugués y zapoteco.

“Escribo a mano, con lápiz, en diversas libretas y cuadernos, aunque en el caso de mis libros de ensayo o los narrativos hago breves notas manuscritas y luego desarrollo las ideas en la computadora. En cuanto a la poesía, transcribo los textos y luego los corrijo en el ordenador, y en promedio, mis libros, al menos los de poesía, se han publicado cinco años (o más) después de escribirlos. Afortunadamente tengo un pequeño estudio en casa, donde leo y escribo, un espacio similar a la esquina de una librería de viejo, pero confortable”, concluye.