México.- Para Roxana Elvridge-Thomas, poeta nacida en la Ciudad de México, la administración cultural del actual gobierno ha sido una decepción: “la verdad, yo estaba muy ilusionada y esperaba mucho más. Por lo tanto, estoy decepcionada. Yo sé que el sector indígena ha estado olvidado por muchísimos años, pero también creo que no es el único al que hay que apoyar”.

Refiere que “al sector al que más le han recortado recursos es al cultural. Los museos tienen muy poco, apenas para sobrevivir, las orquestas igual, y así podría ir con cada sector. Cuando nos contratan para algo, se tardan muchísimo en pagarnos. No hay presupuesto para apoyar proyectos que antes se apoyaban, los teatros están cerrando, en fin. Un balance muy malo”.

Egresada de la carrera de Ciencias Humanas de la Universidad del Claustro de Sor Juana, la infancia y juventud de Elvridge fueron solitarias y tímidas, con pocos, pero buenos amigos y una gran pasión por todo, pero “muy arrinconada en mi pecho”, declara.

En su casa no había poetas ni libros de poesía, pero junto con la suscripción del periódico “Novedades”, llegó un librito, el Ómnibus de poesía mexicana de Gabriel Zaid.

“Nadie le hizo mucho caso, así que yo me lo apropié y descubrí la maravilla de la poesía”, nos cuenta Roxana, quien también estudió la Maestría en Literatura Mexicana en la UNAM. Tenía alrededor de siete años y un mundo se abrió ante mí. Muchas cosas no las entendía, pero estaba segura de que “eso” era maravilloso y me iba a cambiar la vida. Mi hermano y yo nos aprendimos muchos de esos poemas de memoria y aún los recordamos”.

Profesora e investigadora de medio tiempo en la Universidad del Claustro de Sor Juana y la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, ha sido coordinadora de talleres de Creación Literaria en el IPN; guionista de radio; colaboradora de la Unidad de Documentación del Museo de Arte Moderno; cofundadora, miembro del consejo editorial y colaboradora de De Nosotros y Umbrales.

-¿Qué es para ti la poesía mexicana?

-Es un ente extraño y multiforme, pero fantástico. Creo que en él cabemos muchos, tomando en cuenta nuestras distintas edades, diversas creencias estilísticas, divergencias al enfrentar ese fenómeno que es la palabra poética. Desde las primeras muestras que se dieron en el mundo prehispánico y la gran poesía novohispana, con seres tan descollantes como Sor Juana Inés de la Cruz y Luis de Sandoval Zapata, por nombrar sólo dos de los más grandes; la poesía del siglo XIX y la gran poesía del siglo XX, ha habido poetas que nos llenan los ojos, los oídos y el alma con su palabra. Este siglo XXI también ha estado lleno de gratas sorpresas que se han creado en colectivo, con todos los que hacemos poesía, que somos muchos, los nacidos aquí y los mexicanos por amor, todos los que creamos en este país y que colaboramos para hacer andar a ese ser extraño y multiforme, pleno y polifacético que es la poesía mexicana.

“En el momento de leer a un poeta, sea éste del siglo que sea, se convierte en tu contemporáneo por virtud de la palabra poética”, expresa Roxana atinadamente.

“Así, puedo decir que los grandísimos poetas de los Siglos de Oro son mis contemporáneos, ya que los leo con fruición. Tanto el Renacimiento como el barroco hispano se instalan en mi estudio a cada rato”, expresa.

¿Nombres?:“Garcilaso, Boscán, Baltasar del Alcázar, Gutierre de Cetina, Francisco de Terrazas, Quevedo, Góngora, Sor Juana, Sandoval y Zapata; lo mismo que la gran literatura medieval, en especial la maravilla que fue el Siglo de Oro Valenciano con esos grandiosos poetas como Jordi de Sant Jordi, Joan Rois de Corella y el maravilloso Ausias March. También leo mucho teatro en verso: Toda la Comedia española, de Lope a Calderón, pasando por Tirso, Ana Caro Mallén, Mira de Almescua y compañía; el Teatro Isabelino, con Shakespeare a la cabeza, pero también con Marlowe, Ford, Jonson y Kyd”, refiere la poeta.

Roxana ha sido colaboradora de Azar, El Ángel, Graffiti, La Jornada Semanal, Sábado, Siempre! y Tierra Adentro, también fue Becaria del Centro Eurolatinoamericano para la Juventud de España en 1993, y del FONCA en poesía, 1997-1998.

Miembro del SNCA (2004-2007). Ganó el Premio Nacional de Poesía Joven de México Elías Nandino (1990), por El segundo laberinto; el Premio Nacional de Periodismo Juvenil, Elena Poniatowska (1990), en el área de entrevista; Premio Nacional de Ensayo “El Privilegio de la Palabra”, 1999 (ICY); Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa (1999); los Juegos Florales Nacionales “San Marcos Tuxtla 2010”; y el Premio de Poesía “Daniel Robles Sasso”.

 

-¿Crees que los poetas deben participar en la vida política del país?

-Los poetas, como seres humanos comprometidos que debemos ser, tenemos la obligación de participar en la vida política del país. Si se da el caso de que, además, como poeta eres una figura pública, pongo el caso de Javier Sicilia o David Huerta, es más importante tu participación política, ya que hay una serie de personas que te siguen y están pendientes de tu opinión para seguirla.

Roxana considera que, en cuanto a calidad, no hay diferencia entre la poesía escrita por mujeres y la escrita por hombres y que no importa el género de quien escriba, sino la calidad poética de quien lo haga.

“Las mujeres escribimos tan bien como los hombres. Yo vivo mucho tiempo con mis poemas antes de escribirlos, como pedía Carlos Drummond de Andrade. Les doy vueltas a las ideas, les doy forma en mi imaginación, los sueño, los modelo, leo cosas en torno a ellos, a los temas que me suscitan, o a cosas que creo que tienen que ver con ellos, me enamoro de lo que quisiera decir y luego, comienzo a querer decirlo, a escribir primero tímidamente, después con vehemencia, eso que necesito, que quiero, que anhelo decir”.

Su poesía ha sido acopiada en numerosas antologías en México, España, Canadá y Francia. Sus poemas, ensayos, artículos y entrevistas han sido publicados en revistas y suplementos culturales del país y del extranjero. Desde 1995 ha dirigido espectáculos teatrales en varios espacios culturales de la República Mexicana.

“Seguro que hay elitismo en la literatura mexicana”, responde convencida. “Están los rockstars de la poesía mexicana y estamos los simples mortales. Los que tienen millones de becas y los que tenemos que trabajar como bestias de carga para tener un ratito para escribir”. Luego me explica que su escalar por ese elitismo ha sido con muchas batallas y que las becas y premios que ha tenido han sido con trabajo, “de ese que te cuento: duro y constante”, reafirma.

Sobre quiénes son los protagonistas contemporáneos de la poesía mexicana, responde: “Como lo dije antes, la poesía mexicana, y más la contemporánea, contiene en su seno muchas voces. Y dependiendo de la cara del poliedro que veamos, estaríamos viendo a los protagonistas. Mencionaría, por ejemplo, a David Huerta, a María Baranda, por una parte, marcando el pulso de una generación y creando libros admirables; por otra, a Rocío Cerón, con su propuesta alternativa e incluyente de las artes; a Hernán Bravo Varela con las admirables traducciones que está haciendo; a Odette Alonso y su hermosísima poesía; a toda la grandiosa generación de jóvenes nacida en los años 80 que está tomando el pulso y la batuta de la poesía contemporánea”.

“Y qué decir de los grandes poetas en nuestra lengua (y en otras) del siglo XX. Todos ellos y ellas -porque si trato de leer poetas mujeres siempre, a partir del siglo XX, éstas se multiplican en número y calidad- son magníficos y me hacen una compañía que agradezco enormemente. También son mis contemporáneos, porque los leo y están conmigo. Me gustan las corrientes de las primeras décadas del siglo en castellano (Contemporáneos, Generación del 27), en inglés (Pound y T.S. Eliot), en francés (los maravillosos poetas surrealistas); La gran poesía mexicana que siguió con fuerza y que sigue hasta ahora como una corriente inagotable, que leo con curiosidad y avidez, donde tengo grandes amistades y querencias fuertes”.

-En cuanto a la poesía mexicana, ¿cómo la concibes? ¿Tiene repercusión en la poesía hispanoamericana?

-La poesía mexicana es importante y trascendente, no sólo para nosotros, sino a nivel hispanoamericano y universal. En un mundo globalizado como en el que vivimos, la función de la poesía es develar los misterios que nos pasan desapercibidos: las pasiones, nuestro entorno, nuestra existencia, nuestro ser aquí. Y como tal, la poesía mexicana contribuye desde su palabra poética a desentrañar este misterio y hacernos uno con el poeta al leer su texto, al decirlo en voz alta. La poesía mexicana, con su vitalidad y potencia, conmueve a todo aquél que la lea. Siempre ha tenido gran peso en el ámbito hispanoamericano y ahora mismo sigue teniéndolo. Prueba de ello son los premios que numerosos poetas mexicanos ganan en Hispanoamérica y la cantidad de gente de Hispanoamérica que concursa en nuestros premios internacionales de poesía. (Me toca ser jurado constantemente).

Ha publicado: Memorias del aire, dentro del libro colectivo Labrar en la tinta (UNAM, 1988, poesía); El segundo laberinto (UNAM, Colección El ala del tigre, 1991, poesía); La fontana (UAM, Colección Margen de poesía, 1995, poesía); Imágenes para una anunciación (Casa Juan Pablos, 2000, poesía); La turba silenciosa de las aguas (UAEM/La tinta del alcatraz, 2001, poesía); Fuego (Lunarena, Col. Poetas de una sola palabra, 2003, poesía); Xavier Villaurrutia ...y mi voz que madura (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2003, ensayo); Gilberto Owen. Con una voz distinta en cada puerto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2004, ensayo) y Umbral a la indolencia (Orizaba, Letras de Pasto Verde, Colección El Celta Miserable, número 3, 2009. Poesía).

Elvridge vive sola con sus gatos. Su rutina de vida no ha variado mucho con la cuarentena: prepara y da clases en línea, sube material para la Casa del Poeta, lee un poco, come y duerme.

“Todos los días son iguales, sin sábados ni domingos, sin ver a nadie”, expone con resignación. “Este último mes regresé de manera presencial a la Casa del Poeta. Así que sigo haciendo todo lo anterior, más asistir todos los días a la Casa del Poeta”.

Actualmente se desempeña como profesora-investigadora de Tiempo Completo en la Universidad del Claustro de Sor Juana y como docente en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL.

POEMAS

De La fontana:

Pegaso

Briosa fuente alada espumea entre belfos larga vida. Su coz abre luz en áridas penumbras.

Ágil bestia, desata en su relincho un manantial, asciende entre sus plumas, desliza su pelambre por el viento, atisba con sus húmedas orejas el rumor de los jardines.

Su solo nombre incita el resplandor del agua.

Vástago de un torrente rojo, trepa firme, frío, ardiente, las escalas que le tiende el aire.

 

Coronada de luz

I

Es la entraña viscosa de una gruta, la tibia exhalación de los murciélagos que, ausentes, buscan sangre de becerro que ofrendar a la extranjera. Ratas de agua husmean los brotes cenagosos de la orilla, asaltan la madera de esa barca que disipa su contorno en la caverna.

Y ella flota, aromada, perdida entre las márgenes del sueño, pétalo de cera que se mece en la enorme pupila de la acequia y levanta de las ranas un triste rumor bajo el lienzo de humedades.

—¿Dónde surge, pequeña, esta niebla luminosa?

Sólo escucho resonar el agua que cae en mi sueño.

La noche es más oscura en esta poza. Ignora el gemir retinto del ocaso ahogado en el cauce que la nutre y el torvo rostro de quien mira resplandores en la mártir que se acuna sobre aguas coaguladas.

El silencio se apodera de la charca, del monótono arrullo de mosquitos, del ojo que se sueña con una ninfa dentro, iluminando las sombras profundas de sus líquidos.

¿Son quizás luciérnagas que bordan una aureola a la difunta?

¿O es el sol que se ha escondido en sus cabellos y ahora se refleja en ese rostro pálido?

Sólo turba su hermosura esa cuerda que se aferra a sus muñecas y no abandona, aun con la humedad, las blancas manos, que aprisiona a la muchacha al aire y no la deja sumergirse en la memoria de las aguas, esperar toda la noche a que el pozo la recree, mientras sueña sus antiguos ojos y la suave mirada en que se hunde.

Son espejos, obsidianas que al contacto con la joven se disipan y toman transparencias de su cuerpo, de la blanca vestidura que refulge con el círculo de plata sobre el rostro y concede una fecha a la turba silenciosa de las aguas.