México,(Notimex).— Giuseppe Verdi marca una de las proezas más grandes en la historia de la ópera, pues realizó lo siguiente: un hombre escribió en tan sólo tres años una triada de grandes obras como lo son Rigoletto (1851), El trovador (1853) y La traviata (1853); esta última, una de las obras más famosas, queridas y representadas en el mundo, refirió Gerardo Kleinburg.

Durante la charla “La traviata: de infección respiratoria a obra maestra”, como parte del programa de este sábado titulado "Hablemos de ópera en casa"; el crítico mexicano habló sobre esta obra basada en la novela La dame aux camélias (1852), de Alexandre Dumas (hijo), una adaptación escrita por Francesco Maria Piave y estrenada durante el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia.

Refirió que aunque Verdi se había dedicado casi exclusivamente a escribir óperas sobre historias en relación a gestas heroicas, grandes batallas o conflictos políticos y sociales; el compositor empieza a asomarse en la vida doméstica y lo humano, algo que llevó más allá en esta pieza, tratándola no desde la convención operística sino desde la verosimilitud dramática.

Con ello, mostró que con muchísimos menos elementos que Wilhelm Richard Wagner, estaba trascendiendo los estándares operísticos, pues generó una sensación de continuidad dramática sin precedentes, inaugurando una escuela realista, aquella que en la ópera mira un espacio para abordar la vida de personas comunes y, asimismo, la narración del presente.

Explicó que contrario a lo que se puede creer, esta ópera no se trata únicamente del amor, del deseo, la carnalidad o el romanticismo, sino también del sacrificio, lo que se puede apreciar cuando "Violeta Valéry" —personaje inspirado en la famosa cortesana Marie Duplessis—, entiende que su amor por "Alfredo Germont" sólo puede expresarse cabalmente a través de la renuncia.

Finalmente, sostuvo que no deja de llamar la atención que una ópera que rompió con la tradición haya sido deformada de esa manera; sin embargo, no se debe olvidar que con ella el compositor italiano construyó un espejo para que la sociedad de su tiempo viera su doble moral, su falsedad y su incapacidad para comprender las situaciones humanas.