Acapulco, Guerrero.- Para Erick Monterrey Deloya, artesano de Acapulco, no todo ha sido malo durante el confinamiento de la contingencia sanitaria, dice que ahora han podido convivir más como familia, y sólo espera que todo vuelva  a la normalidad para seguir trabajando porque los meses de “cuarentena” han afectado su economía.

Desde hace más de 30 años, Erick, junto con su familia, se han dedicado a la elaboración de productos de barro: fabrican jarrones, jarras, vasos, platos, flores, alhajeros, porta plumas y retratos con la leyenda "Bienvenidos Acapulco"; objetos y diseños que son vendidos en las diferentes playas de esta ciudad.

En la actualidad, estos bellos recuerdos que suelen comprar los turistas que llegan a Acapulco, están guardados esperando que pase la contingencia sanitaria y se reactive mejor la economía turística. Erick espera que su vida vuelva a la normalidad.

"Ya hacía falta pasarla con la familia y poder llevar una convivencia más tranquila, platicar y saber que estamos unidos porque desde que tengo uso de razón siempre estamos trabajando en las artesanías", comentó.

Sin embargo, no todo ha sido a su favor, también ha tenido que hacer frente a los problemas de la pandemia porque tuvo que gastarse alguno de sus ahorros adquiridos el año pasado, durante el periodo vacacional decembrino. Recursos que le han ayudado hacer frente a los meses de cuarentena sin trabajo.

"Pues ahí la hemos ido pasando, poco a poco, gracias a que tenemos la cultura de ahorrar, nos hemos dado a la tarea de ir cuidando todo, tanto la comida como los gastos que se van teniendo en casa; ya no es como antes que nos íbamos de paseo. Si antes nos tomábamos un refresco, ahora ya no, el dinero lo  guardamos mejor para el arroz y el frijol para poder seguir viviendo mañana", dice.

Monterrey Deloya dice que no han recibido ningún tipo de apoyo por parte de autoridades. En cambio, ha sido la sociedad civil la que los han apoyado con algunas despensas durante el confinamiento de cuatro meses.

Con un poco de tristeza, refiere que sus ventas han caído en un 80 por ciento, porque de los 500 pesos que ganaba al día, ahora solo gana 150 por la falta de turismo.

Pese a todo, Erick no pierde la fe, sigue esperando que la pandemia y la contingencia sanitaria terminen para poder retomar su vida y continuar con su trabajo porque "estar esperanzado a que las autoridades nos apoyen, nunca llegaría el apoyo", afirma.

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