México.- Lady Bird es una película que flota hacia la temporada de premios con el halo mágico de haber alcanzado la marca perfecta de comentarios favorables de usuarios en la página especializada de cine Rotten Tomatoes, lo cual sólo había conseguido anteriormente Toy Story 2. Eso ha sido suficiente para que casi cualquier diario en el planeta se haya sentido en la obligación de escribir una nota al respecto. Eso significa que el 100% de los usuarios de EU que postearon su opinión, fue una opinión positiva

¿Pero la película realmente es tan perfecta? ¿La película justifica tanto afán?

La cinta es una comedia dramática independiente, dirigida y escrita por la actriz Greta Gerwig, que aborda el último aliento de la adolescencia de una mujer, justo antes de irse al campus de la universidad, lo que implica la emancipación y la separación de la familia. Cambios hormonales, cargas emocionales, problemas en la escuela, sexo, escarceos amorosos, etc. Es decir, la vida promedio de una adolescente promedio, en un hogar promedio, con problemas económicos, dirigido por la madre, quien es la que gana dinero y quien domina, y tal vez lo único que escapa del promedio de la cinta, con figuras masculinas más bien apagadas, pero presenciales a nivel emocional.

Se dice que en la literatura no hay malos temas, sino malos tratamientos del tema. Dicho de otro modo, no hay tema trillado, sino trilladas maneras de hablar del mismo tema. De modo que el trabajo de un buen autor consiste en encontrar la mejor forma de contar su historia. En este caso, es probable que Gerwig haya elegido la mejor manera de contar una historia que, sin embargo, poco aporta al universo. La película es correcta, pero nada más. No tiene la fuerza de Juno, el encanto de Miss Little Sunshine, la aproximación descarnada de Kids o la impresionante propuesta visual de Gummo. Es una película promedio, que agota todos los tópicos del tema.

Resalto un par de cosas: La actuación de Laurie Matcalf, la compleja madre de la historia, pero no tan peculiar como les gustaría creer a los guionistas; y el particular tono de algunos diálogos, esa manera de nombrar, de comunicar, a través de la palabra, el significado de cosas nimias que adquieren importancia referencial en el campo de las emociones.

A Lady Bird el éxito le viene de otras circunstancias que poco tienen que ver con la calidad cinematográfica. Es verdad que este año hay varias películas cuyos temas giran alrededor del universo femenino, como The Florida Project o The shape of wáter, sin embargo, ninguna de ellas es dirigida por una mujer, como en este caso. Y en un contexto histórico tan exacerbado como el que se vive en la industria del cine, tras las denuncias por acoso sexual al productor y magnate Harvey Weinstein y de la creación del movimiento#MeToo en redes sociales, la reivindicación del poder femenino necesitaba un estandarte, pero Detroit de Kathryn Bigelow resultó muy controversial y Mudbound de Dee Rees, tal vez fue descartada y penalizada por estrenarse en Netflix, es decir, fuera del control de Hollywood, así que ese honor recayó en una modesta película, la menos incómoda de la temporada, dirigida por una mujer y con temática femenina, es decir: Lady Bird.

No es la primera vez que la crítica especializada y la popularidad de una cinta se oponen. Film Affinity le da 6.8/10, Sensacine 3.2/5 y Séptimo Arte 4.8/10

Todos sabemos que el éxito de la película será medido por la recaudación. Veremos si cumple con las expectativas del espectador de América Latina, que no es particularmente sensible al pragmatismo familiar de los estadounidenses. Pero, sobre todo, veremos si trasciende el tiempo.

Mientras tanto, sigo preguntándome: ¿Dónde están esas grandes películas de antes?