México, AFP.-De madrugada, a orillas del río Mekong, los guardas fronterizos de Tailandia, armados con fusiles M4 y gafas de visión nocturna, buscan a los traficantes de drogas de Laos, convertido en el centro del comercio de metanfetaminas de la región.

Laos, un país comunista cuyas fronteras están apenas controladas, se ha especializado en las metanfetaminas como el "yaba" ("la droga que vuelve loco") y el "ice", vendidos en forma de cristales que se fuman.

Los traficantes de Laos se abastecen en los laboratorios clandestinos de Birmania y luego llevan las drogas hacia Tailandia, Vietnam o Camboya, desde donde viajan a otros países del sureste de Asia y hacia Australia.

En Tailandia, la droga "es una amenaza nacional, viene de allí", dice Sumnuan Kamdee, un capitán de la marina tailandesa señalando con el dedo la otra orilla del Mekong, que marca la frontera con Laos.

Su unidad inspecciona las lanchas rápidas que navegan por el río en la provincia de Nakhon Phanom, una de las más pobres del país. Pero la frontera es muy larga e imposible de controlar en su totalidad.

El endurecimiento de la lucha antidroga en Tailandia afectó a la ruta de la droga más rápida, que cruzaba el país de norte a sur. Por eso ahora los traficantes pasan por Laos.

Las bandas de Laos "envían drones que sobrevuelan el río para detectar si hay fuerzas de seguridad", explica a la AFP Phoomsak Kampoo, un responsable local.

También tienen "exploradores que supervisan los puestos de control" en territorio tailandés, añade.

La droga, en pequeñas cantidades, pasa a Tailandia gracias a los pescadores que, de noche, paran sus motores y derivan con sus barcas hacia la orilla tailandesa del Mekong, donde les esperan otros traficantes.

Pero cada vez transportan cantidades más importantes, por valor de millones de dólares, a bordo de embarcaciones en el Mekong.

Grandes decomisos

Durante años Laos negó que existiera un problema. Pero en 2017, el arresto muy mediatizado en Bangkok del millonario Xaysana Keophimpa, un padrino laosiano de la droga, abrió una etapa de colaboración entre las policías de ambos países.

Laos todavía tiene que "mejorar mucho en materia de lucha contra el crimen organizado, tráfico de droga y control de sus fronteras", apunta Jeremy Douglas, de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC).

Por su parte Tailandia confisca cada vez más droga.

El 31 de mayo la unidad de policía del Mekong confiscó 133 kilos de metanfetaminas en la provincia de Mukdahan, también fronteriza con Laos.

Entre el 31 de mayo y el 4 de junio, las autoridades decomisaron en todo el país tres toneladas de "ice" y casi cinco millones de pastillas de "yaba", de las que una parte llegó a través de Laos.

Unos días más tarde, Australia anunció el decomiso récord de 1,6 toneladas de "ice" en Melbourne. La droga, de un valor estimado en 840 millones de dólares, estaba escondida en un cargamento de altavoces enviado desde Tailandia.

Estas grandes cantidades revelan la importancia del tráfico en la región. Birmania se ha convertido en una de los mayores productores de drogas sintéticas del mundo, según los expertos.

"Aunque solo logren pasar un envío [los traficantes] recuperan igualmente su dinero", revela un alto responsable tailandés de la lucha contra la droga.

La consecuencia de esta explosión de la oferta es que los precios de venta de las drogas sintéticas están cayendo en Tailandia.

En algunas regiones cercanas a Birmania, una pastilla de "yaba" solo cuesta 30 bahts (menos de un dólar), cuando hace dos años todavía costaba varios dólares, según responsables tailandeses de la lucha antidroga.

Un kilo de "ice" se vende por su parte por 4.800 dólares en Laos y por 11.000 dólares en Bangkok. El gramo se revende por varios centenares de dólares en las calles de Australia.