México, Opinión.- Pesimista. Ansioso. Enojado. Flemático. Sobreviviente o mago. Últimamente, cualquiera de estos adjetivos podría describir el temperamento de los mexicanos.

He notado que el temperamento en México ha cambiado. Incluso las redes sociales parecen más calmadas, a pesar de los pequeños infiernitos focalizados en la exhibición de conductas misóginas, machistas y sus sinuosos caminos, que demuestran, otra vez, lo lejos que estamos de su erradicación

A raíz del fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la sombra del aborto someramente apareció y, como casi siempre, concitó coléricas discusiones que no tardaron es extinguirse para dar paso a una anodina calma cada vez más enrarecida.

Mientras algunos se declaran decepcionados por la tobillera electrónica de Lozoya, percibida como el preludio inevitable de otra gran simulación, otros pierden la paciencia ante el largo silencio de la Fiscalía y la Unidad de Inteligencia Financiera y administran con tiento la expectativa de ver un largo desfile de funcionarios corruptos rendidos ante la justicia.

Sea cual sea el caso, el golpe de efecto que provocó la llegada del ex director de Pemex a nuestro país, se ha ido diluyendo casi a la misma velocidad que la sanación de la hernia hiatal que lo llevó al hospital.

La pandemia ha trastornado casi todo los entornos. Tal vez a ello se debe el inesperado repunte en la popularidad del presidente y la encarnizada campaña de desprestigio contra el popular Dr. López-Gatell. Pero los mexicanos ya nos hemos acostumbrado a los discursos que, poco a poco, van corriéndose hacia los extremos.

La captura de “El Marro” en Guanajuato provocó ciertos roces con respecto a la atribución del éxito de los 15 minutos del operativo. Y la proliferación de videos que registran palizas propinadas a delincuentes que pretendían asaltar a los usuarios del transporte público, suman 4 esta semana.

Mientras tanto, en los hogares se convive con la incertidumbre económica, las exigencias profesionales realizadas en pequeños lugares, muchas veces improvisados; los brotes de ansiedad provocados por la reclusión, el control y cuidado de niños confinados, el estrés provocado por la pandemia y algunos, además, tienen que lidiar con la enfermedad y la muerte.

Los expertos dicen que incluso por encima de la crisis económica que azotará a la economía mundial, se cierne sobre nosotros la plaga de la depresión.

Algunos países están trabajando en recabar información sobre el efecto que la pandemia y las circunstancias inherentes están provocando en los enfermos mentales y los adictos. Pero aún es información precoz y por verificar, sin embargo, se avizora un panorama poco halagador.

En la conferencia mañanera se informó que en el primer semestre de este años, en México se han recibido al 911 un total de 600 mil llamadas de emergencia, realizadas por mujeres pidiendo ayuda.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud estimó que la depresión y la ansiedad genera un costo a la economía mundial de 1,000 millones de dólares por año, en pérdida de productividad.

Con el anuncio del regreso a clases, muchos nos preguntamos qué pasará con los niños que viven en pobreza extrema y no tienen televisión o luz.

Sin embargo, en México no existe ningún programa de intervenciones digitales para ayudar a la ansiedad, la depresión, la autolesión, las recaídas en adicciones y el suicidio, más allá de las líneas de emergencia.
Tal vez, por ahora la resiliencia sea la única respuesta. Pero sin duda estamos frente a una crisis de salud, que trasciende a la Covid.

Por cierto, me contaron que la campaña en twitter que elevó el “heróico” silencio de Rosario Robles a los niveles de Juana de Arco, fue para que desista de convertirse en testigo de oportunidad, como Lozoya.