México.- Latinoamérica se convulsiona entre manifestaciones sociales y rechazo contra las medidas de sus gobiernos. La corrupción y la delincuencia por un lado y la indiferencia y el constante abuso de la clase gobernante, por el otro, son los principales detonantes.

Haití, Ecuador, Venezuela, Guatemala, Puerto Rico, Brasil, Chile, Bolivia, Argentina y Perú son naciones sacudidas por la crisis y, en algunos de ellos, la sociedad ha mostrado su descontento en las calles, entre violentos enfrentamientos que demuestran el hartazgo y la frustración que atraviesa América Latina.

Se han suscitado estallidos sociales masivos, que han logrado superar las fronteras del activismo organizado. Y han recibido una respuesta represiva, especialmente de gobiernos como el de Chile o Ecuador que han declarado estado de emergencia, toque de queda y militarización del espacio público, como hemos podido constatar a lo largo de la crisis.

Pareciera imposible encontrar paralelismos entre lo que está pasando en Chile, -el multi-referencial país, supuesto modelo de estabilidad neoliberal-, con lo que pasa en Haití -el país más pobre y maltratado de la región. Allende las particularidades de cada país, los hilos conductores entre las crisis son evidentes.

El primero de ellos es la desaceleración económica. Es una tendencia en casi toda la región y dicha inercia lleva muchos años: las economías latinoamericanas solo han crecido un promedio del 2.2% desde 2010. Ésto, comparado con la década anterior o con el resto del mundo, que crece en promedio 3.8%, conforma una gran depresión.

La caída abrupta de los precios internacionales de las materias primas propició un radical cambio en el panorama de algunos países que eran dependientes de estos ingresos. Lo mismo que, por otro lado, catapultó a Brasil como una de las principales economías del mundo, pero no salvó de la crisis política que devino en la destitución de Rousseff y el encarcelamiento de Lula, con evidencia de corrupción de dudosísimo origen, que difícilmente se sostendría en otro sistema legal.

Mientras tanto, en la Argentina y Ecuador estaban sufriendo para aplicar los ajustes exigidos por el FMI, con la intención de hacer frente a un gasto público que se había vuelto insostenible. Macri pagó el precio en las urnas y Moreno con un estallido social que tiene en vilo su presidencia.

En los países que mejor habían aplicado las medidas macroeconómicas, como Chile, Perú y Colombia, los problemas surgieron debido a otro denominador común que corrompe a la región: la desconfianza en las élites políticas y en la democracia, un fenómeno que, por supuesto, no es exclusivo de la región, pero que resulta imprescindible para entender la crisis que recorre la espina dorsal de América Latina.

La sociedad latinoamericana percibe que hay una creciente incapacidad de los partidos y de las élites políticas de administrar honestamente y con visión social los muchos desafíos que enfrentan.

En Perú esa desconfianza, íntimamente ligada a la corrupción de las élites, derivó en una crisis presidencial que expulsó a Pedro Pablo Kuczynski del poder y posicionó a Vizcarra como un político con una cruzada anticorrupción que lucha contra la amenaza de las viejas estructuras de poder. Los resultados están por verse.

En Chile, la indiferencia entre las élites políticas y las nuevas demandas de una clase media presionada y frustrada por la creciente desigualdad, que no se reduce a pesar del crecimiento económico, derivó en un furioso estallido social, similar al que hubo en Ecuador, pero de consecuencias todavía imprevisibles. Piñera ha implementado grandes cambios en su gabinete y ha reculado con algunas medidas económicas emprendidas por su gobierno, pero su presidencia sigue tambaleante.

Aquí como allá, virulentas protestas han sorprendido a gobernantes a los que les ha faltado empatía para prever que una acción política supuestamente modesta, como el aumento del impuesto al combustible, la subida de precios del metro, desataría una explosión social masiva.

Son dos los tipos visibles de movilizaciones que sacuden el continente. En Bolivia y Haití, se dirigen contra un gobernante En Ecuador, las demandas se concentraron contra un grupo de medidas de ajuste económico, el llamado "paquetazo”.

En ambos casos, el estallido se mantiene contra el sistema, Sin embargo, en el caso de Chile, el movimiento de protesta ya no hace diferencia entre Gobierno y oposición. Demanda una refundación del modelo de país, lo que imposibilita el diálogo entre las partes.