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Le quitan premio a poeta mexicana por hacer trampa

Poetisa presentó indebidamente el trabajo La destrucción del padre en dos certámenes de poesía simultáneos.

Por Redacción, 2019-04-26 12:58

México, (Notimex).– Esther Monserrat García García, ganadora del Décimo Certamen Internacional de literatura “Sor Juana Inés de la Cruz” 2018 en el rubro de poesía, perderá tal distinción porque hizo trampa.

La poetisa de Chihuahua participó en los concursos del Estado de México y de Coahuila con la misma obra y el mismo seudónimo de forma simultánea, lo cual está prohibido en este tipo de certámenes.

El jurado calificador del premio Sor Juana Inés de la Cruz, del Estado de México, informó a Notimex que el galardón le será retirado a García García el próximo martes.

En eso coincidieron los tres jueces del concurso convocado por la Secretaría Ejecutiva del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal del Gobierno del Estado de México, David Huerta (poeta de largo aliento), Bernardo Ruiz (traductor y tallerista), y José María Espinasa (editor, ensayista y poeta).

Entrevistados por Notimex, cada uno de ellos mostró por separado una postura de molestia ante la conducta de la escritora. Huerta, quien se encuentra en Estados Unidos, donde interviene en un festival internacional de poesía, subrayó que “le hemos retirado el premio porque lo que hizo, estuvo muy mal hecho”.

Dijo que la escritora incurrió en una conducta reprobable. Además, sorprendió la buena fe de los organizadores del concurso y del jurado calificador por mostrar una cara deshonesta que de alguna manera mancha la buena reputación y respetabilidad que de suyo tienen los escritores, sobre todo los poetas.

Por su parte, Bernardo Ruiz apuntó que Esther Monserrat García “incurrió en un acto poco ético”. En su calidad de jurado, destacó que es imposible estar al tanto de todo lo que se publica en todo el mundo, y no se puede buscar a fondo si cada trabajo concursante ha estado o está en otro concurso.

Cada certamen, dijo, confía en la buena fe de los participantes. “La propia secrecía que implica estar leyendo cada uno de los trabajos nos obliga a tener confianza absoluta en cada concursante. La decisión de los jurados, en este caso, es retirarle el premio”, enfatizó el traductor.

Hasta este momento, explicó Ruiz, ha tenido comunicación vía Internet con David Huerta, quien se encuentra en Estados Unidos y con José María Espinasa, quien atiende asuntos de trabajo en España. “Nos reuniremos en unos días para poder firmar el documento que señala nuestra decisión”, añadió.

Dejó ver que esta situación, penosa a todas luces, no es común en los concursos literarios, ni de México ni del resto del mundo. “Las reglas son muy claras y serias. Nadie puede meter un mismo trabajo a dos o más concursos. El veredicto de los jurados siempre es inapelable precisamente por la seriedad que tienen este tipo de concursos”.

Bernardo Ruiz no tuvo empacho, sin embargo, en reconocer la calidad de la poética de la concursante. “Su trabajo me deslumbró. Es un texto inteligente y bien estructurado. Presenta una visión del arte a lo largo del tiempo en torno al padre tiempo, y la figura de Cronos devorando a sus hijos. Un trabajo bello”.

Esta situación, mencionó, es nueva para la poesía mexicana, aunque recordó que en cierta ocasión, a Tito Monterroso, autor de textos breves nacido en Honduras y nacionalizado guatemalteco y otros dos profesores universitarios les sucedió algo similar, al premiar en un concurso un texto que era copia de uno de Mark Twain, autor “Huckleberry Finn” y “Tom Sawyer”.

Para el entrevistado, esta situación le va a provocar problemas a Esther Monserrat García, pues se ha perdido su credibilidad y será difícil que la recupere, pues el de los escritores es un gremio muy cerrado y ya hay opiniones de las más diversas versiones, tonos y desencantos.

El estado de Coahuila premió en agosto de 2018 y el Estado de México en marzo de 2019 el trabajo titulado Las destrucción del padre, enviado en ambos casos por la autora Esther Monserrat García García con el seudónimo de Nadie.

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David Huerta: «en México se lee más poesía de lo que se cree»

«En la utilidad de la poesía está su vigencia y no es una vigencia inmediata; es una vigencia que se va desplegando a lo largo del tiempo», apuntó.

Por Redacción, 2019-09-18 13:28

México, (EFE).- Las incursiones al Centro Histórico de Ciudad de México del poeta David Huerta, ganador del Premio Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara 2019, le han persuadido de que en México se lee más poesía de lo que se cree, aunque acepta que al país le hace falta adentrarse más en ese género.

«Son libros que cuestan cinco o diez pesos (unos 26 o 52 centavos de dólar) que uno puede comprar, sobre todo, en el Centro Histórico. No están en el circuito comercial exactamente y alguien dirá que eso no es poesía, que es poesía mala, pero se leen», dijo este miércoles a Efe el también ensayista y editor mexicano.

Recordó que algunos autores de esos libros son Antonio Plaza (1833-1882), Juan de Dios Peza (1852-1910) o Guillermo Aguirre y Fierro (1887-1949), «autor de uno de los poemas más famosos de la poesía mexicana, ‘El Brindis del bohemio’, y se leen esos poemas, por supuesto que se leen».

Huerta (Ciudad de México, 1949) detalló que otros libros forman parte del comercio informal como «El Tesoro del declamador» o «El álbum de oro de la poesía mexicana», que se consiguen en las librerías que ofertan libros viejos en la centro de la capital.

Pese a ello, asegura que a México, en general, le hace falta leer poesía «aunque se lee más poesía de la que se cree».

«Hay un malentendido que me parece un poco grotesco y tonto. Si los libros de poesía no están en el circuito de la compraventa, entonces dicen que no se lee poesía. Pero ¿quién les dijo eso? ¿por qué leer poesía o el conocimiento o curiosidad está sujeta o unida al circuito comercial», cuestionó.

Dijo que para él hay algo muy sencillo de explicar «y yo lo he comprobado, más o menos, a lo largo de mi vida, y es que en las casas mexicanas hay libros de poesía desde hace varias generaciones y la gente lee sus poemas».

La poesía siempre es vigente y siempre ha sido útil

Huerta, quien hace dos semanas fue nombrado ganador del Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de Literatura en Lenguas Romances 2019, señaló que la poesía «siempre es vigente y siempre ha sido útil, aunque no pertenece al círculo de las grandes empresas de consumo masivo de entretenimiento».

Dijo que eso no significa que «aun siendo relativamente minoritario (el circulo de lectores), no tenga un gran peso a la larga en la historia de las comunidades».

«En la utilidad de la poesía está su vigencia y no es una vigencia inmediata; es una vigencia que se va desplegando a lo largo del tiempo», apuntó.

El autor, uno de los referentes de la poesía mexicana contemporánea, explicó que en la vida cotidiana hay muchas formas en nuestras comunicaciones que vienen de la poesía. «Cuando decimos ‘Ardió Troya’ somos homéricos y cuando decimos ‘Cómo pasa el tiempo’ somos virgilianos», dijo.

«Ahí está la utilidad de la poesía; está al servicio de nuestras comunicaciones a largo plazo. Pero también hay que decir que la poesía sirve cuando uno entra en contacto con ella para poder vivir lo que yo ya llamo la soledad de nuestra mente», manifestó.

Aseveró que «pocas expresiones, obras, quehaceres y tareas humanas consiguen llegar tan lejos como los buenos poemas, tan lejos en las posibilidades de algo tan singularmente humano como el lenguaje articulado».

«Por eso cuando decimos ‘Será del año la estación florida’ o ‘Cómo te deslizas, edad mía’ estamos escribiendo, hablando, leyendo y pensando de otra manera», explicó Huerta en una distendida plática en el Café Centro de la popular colonia Nápoles de la capital mexicana.

El oficio del poeta consiste en aprender a vivir poéticamente

David, hijo del poeta Efraín Huerta y de la destacada feminista Mireya Bravo, explicó que «la poesía no es solamente algo que se hace, como poner una palabra detrás de la otra en la computadora o en la hoja en blanco, sino es aprender a vivir de una manera que yo llamo vivir con los ojos y los sentidos abiertos».

De acuerdo con el autor, «el oficio del poeta consiste en aprender a vivir poéticamente» y persigue el mismo objetivo que el filólogo y el lingüista: satisfacer «una curiosidad enorme por cómo funciona el lenguaje y cómo podemos hacer que funcione de una manera más plena».

«El oficio del poeta consiste en una exploración constante de las posibilidades del lenguaje», apuntó.

El autor de «Cuaderno de noviembre» (1976), «Huellas del civilizado» (1977), «Versión» (1978), «Los objetos están más cerca de lo que aparentan» (1990), «La sombra de los perros» (1996), «La música de lo que pasa» (1997) y «El azul en la flama» (2002), dijo no saber si la riqueza del lenguaje «es infinita, pero es enorme, muchísimo más allá de lo que todos los días podemos discernir».

La poesía tiene el poder de hacernos cambiar

«Uno no es la misma persona antes de leer a César Vallejo que después de haberlo leído; algo cambia y uno le toca descubrir qué es, a menos que tengamos una sensibilidad tan maltratada que no nos cambie nada», afirmó.

Dijo que ese poder de la poesía «es un poder metamórfico» que calificó de «absolutamente extraordinario», similar a muchas otras experiencias estéticas como las de los directores de cine o escritores.

«(Esas prácticas) tienen un ingrediente poético. No digo que sea mágico, pero especialmente entre quienes están encargados de esa tarea, poetas y artistas en general, pueden operar esas metamorfosis porque esa es la tarea del arte, cambiar a quienes somos más pobres en alguien menos pobre», finalizó.

Al concederle el Premio FIL a Huerta, que recibirá en diciembre en la ciudad mexicana de Guadalajara, el jurado destacó «su dominio y asimilación de las más diversas tradiciones de la modernidad y las vanguardias literarias latinoamericanas».

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Doña Lucita se inspiró en sus carencias y las transformo en poesía

A doña Lucita la alcanzó la vejez con una memoria intacta y su pasión poética más ahondada.

Por Redacción, 2019-09-15 10:57

México.-Doña Lucita comenzó a componer poemas hace 75 años, los memorizaba porque no sabía escribir. A los 55 años terminó la primaria, y en las últimas tres décadas sus composiciones han sido premiadas en instituciones de cultura, del sector ambiental, de Profeco, del Inapam, así como por el gobierno del estado.

María de la Luz Romo García, poeta, escritora y cantautora de 90 años, es originaria del pequeño municipio de Trancoso, donde creció en medio de enormes carencias. Se casó a los 22 años con uno de los hombres adinerados de su pueblo, Magdaleno Canizalez Hernández quien, según los relatos de sus hijos, tenía gusto por el vino y las mujeres, debilidades que mermaron esa bonanza.

Las carencias en su niñez y en su vida de casada, Lucita las convirtió en poemas.

“Mi mamá tenía una libreta especial donde cualquiera de nosotros [sus hijos] debíamos escribir lo que ella nos dictaba, ni una palabra más ni una menos, porque le llegaba la inspiración y no debíamos interrumpir sus versos.

“No importaba si era de madrugada, nos levantaba para que no escaparan las letras de su memoria que convertía en frases y rimas”, relata María de Jesús, hija de la poetisa, de 46 años.

“Si por alguna razón mi madre perdía la inspiración, simplemente decía: ‘Ya no me gustó cómo quedó, luego te dicto qué sigue’; a la par tenía varios poemas y canciones iniciadas, porque no sólo escribía lo que a ella le sucedía, sino a sus hijos, a los personajes de su lugar, a su iglesia y a todo su pueblo”, añade.

A doña Lucita la alcanzó la vejez con una memoria intacta y su pasión poética más ahondada.

A los 50 años, la mujer se incorporó al grupo Flores y Rosas —de la tercera edad— donde la motivaron a terminar la primaria, la cursó y pudo escribir sus poesías y hasta corridos; lo mismo relataba una carrera de caballos que un fraude electoral y dedicaba versos a la naturaleza. Sus hijos la convencieron de entrar a concursar y ahí comenzaron los premios.

“Al mundo le vi sus falsedades, pobrezas, engaños y pesares, pero llevo en mi mente las verdades: poemas, sonrisas y cantares”, doña Lucita jamás imaginó que con ese poema que retrata su vida fuera premiada a nivel estatal en 1990, ni tampoco que al escribir: “Ante la crisis actual, mexicano estemos alerta, cuiden de su economía y escojan bien sus ofertas”, que la llevó a ganar el premio nacional en un concurso organizado por la Procuraduría Federal del Consumidor.

Lucita dice estar agradecida con la vida y unida a su esposo, a quien perdonó desde hace muchos años, y como reza Poesía a la vida: “He venido caminando de muy lejos, he cantado, he llorado, he reído; era niño, era joven, ahora viejo, pero nunca la tristeza me ha invadido”.

Dice que está en su mejor momento; se siente plena, recompensada por sus logros y sus nueve hijos, 43 nietos y 18 bisnietos. “El encuentro con Dios es mi esperanza, doblarán las campanas una tarde, oiré entonar una alabanza para después reunirme con mis padres”, así cierra su libro Poesía a la vida, por el que ha recibido muchos premios.

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Hoy estamos vivos y esta es nuestra fiesta, dice autora de «En el viaje»

La novela narra el caso de un grupo de amigos que viaja de la Ciudad de México hacia Real de Catorce en San Luis Potosí.

Por Redacción, 2019-09-12 10:55

México, (Notimex).- “Escribí este libro sobre todo porque hay días en que estoy segura de que vamos a desaparecer como especie y que, además, nos lo merecemos”, dijo la escritora Anaí López durante la presentación de “En el viaje”.

Su nueva novela narra el caso de un grupo de amigos que viaja de la Ciudad de México hacia Real de Catorce en San Luis Potosí. Son Irene, Claudio, Denisse, Lorenzo, Karla, Mauro, Javiera y Adam.

Todos tienen un gusto especial por la fiesta y por diversas sustancias. Entre lo que comparten está el amor, que es su ancla en la vida. Sin embargo, un evento inesperado los fisura, por lo que deberán hacer una introspección para reencontrarse o perderse para siempre.

“Los alucinógenos que ellos consumen implican una negación de los valores sociales y es una tentativa por escapar de este mundo y colocarse al margen de la sociedad”, indicó la autora de la afamada trilogía “Quiéreme cinco minutos”, “Quiéreme si te atreves” y “Quiéreme bien”.

Aclaró que no podría hablar por otros, pues la experiencia de viaje siempre es subjetiva y, en su caso, le recuerda que la vida de las personas no depende del trabajo, el dinero, la estabilidad ni la productividad.

“Dependen más del olor a café, del tacto del amado, de la palabra que nos empaña los ojos, de cosas que no se pueden explicar. Me confirma que lo sagrado no tiene qué ver con credos ni con dogmas, porque no tiene qué ver con nada a lo que se puede acceder con la razón o con la conciencia”.

Dentro de 110 años, dijo Anaí López, “ninguno de nosotros estaremos aquí, estarán otros. Pero ahorita estamos los que estamos, trenzados al mismo tiempo en esta, nuestra única fiesta. Ésta es la época dorada del mundo, ésta y ninguna otra, estamos vivos y mientras lo estemos somos invencibles ante la muerte”.

Antes decenas de personas atentas a los detalles de “En el viaje”, subrayó que también lo escribió por nostalgia, por sus hermanas, por sus padres, por su primo, por sus amigos, con su esposo, por su hijo y por cosas que no sabe que sabe.

“También lo escribí porque en otros días confío en que prevaleceremos y un día sabremos qué diablos hacer con esta bendita y maldita conciencia de nosotros mismos. En esta tensión constante, vivo y escribo”, resaltó quien fungió como jefa de escritores en las series “XY”, “Bienvenida realidad”, “Infames” y “Dos lunas”.

Los comentarios de “En el viaje” corrieron a cargo de los escritores Karina Simpson y Fernando Rivera Calderón, quienes leyeron uno de los fragmentos.