#Opinión política

López Obrador, Oda Tropical a dos voces

Sin la influencia del poeta tabasqueño Carlos Pellicer, probablemente la idea de la cuarta transformación no hubiese llegado.

Por Jeremías Marquines, 2018-11-30 15:36

Dice Gabriel Zaid que el poeta tabasqueño Carlos Pellicer creyó siempre en una patria perfecta, producto de una transformación social que superara todos los egoísmos. Quizá por eso López Obrador lo tomó como ejemplo y modelo porque dijo que el poeta “era un socialista guadalupano, un socialista cristiano”.

Carlos Pellicer afirmaba: “hasta que muera seguiré luchando por la causa de los campesinos en México, queramos o no, las cosas cambiarán a favor de los desheredados. Y digo esto porque siempre he creído que sin el sentimiento de la esperanza, fundado en la justicia y en la belleza, la vida no tiene sentido”.

En una época en que las ideas progresistas estaban vetadas en México, Carlos Pellicer fue un necio. Fue a la cárcel dos veces por activismo político; se mantuvo inamovible en su compromiso social más allá de la poesía: siempre solidario con las luchas de los pueblos latinoamericanos. Siendo senador priista, fue un renegado, un atípico. Creyó en un priismo socialista, creía en la austeridad franciscana como práctica de vida, en la conciencia histórica del pasado ancestral y, como el cura Morelos, buscó moderar tanto la opulencia como la indigencia, por eso se asumió como el senador de los indígenas chontales en un tiempo en que hacer esto no era “políticamente correcto”. “Pienso que estaré en mejor posición para luchar por la causa de los campesinos”, aseguró.

Poeta de convicciones sociales, afirmó que aunque no fuera senador, de todas maneras, como poeta, actuaría políticamente y argumentaba: “muchos poetas han sido políticos. Muchos desde Homero y los profetas bíblicos, que además de profetas eran grandes poetas, hasta Víctor Hugo en Francia, Enrique Heine en Alemania y en América la lista es larga: desde Chocano, Rubén Darío y Martí, hasta Pablo Neruda”.

Becerra y Pellicer
Becerra y Pellicer

Guardando las distancias, no es difícil ver en la figura de López Obrador, la sombra del llamado Poeta de América. Cierto o no, Pellicer es el primer modelo social y político del que López Obrador aprende las cosas de la política como él mismo confiesa en una entrevista con el reportero Roberto Ponce: “Mi relación con él fue muy estrecha y definitoria, porque conocí al maestro Pellicer en una etapa formativa muy importante para mi vida. Estaba yo estudiando en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM cuando tuve la dicha enorme de conocerlo. Fue una relación espléndida, creo que tuvo mucho que ver con mi formación profesional y política. Yo terminé la carrera y como pasante en la universidad lo acompañé en su campaña como candidato a senador de Tabasco.”

A partir de este hecho relatado, es posible descubrir algunos paralelismos necesarios para comprender que uno de los referentes de la cuarta transformación podría provenir del franciscanismo poético y político del poeta de Horas de Junio: “el sentimiento de la esperanza, fundado en la justicia”, y no de todas esas teorías conspirativas a las que recurren ociosamente los detractores del político tabasqueño.

Así, mientras Pellicer reivindica y reincorpora a la lírica mexicana mitos, símbolos y motivos del arte precolombino, tanto plástico como literario, demostrando también una creciente conciencia histórica del pasado ancestral en la búsqueda de la identidad propia ­ —como bien menciona Jason Lee Pettigrew—, Obrador construye su ideario y cimenta la Cuarta transformación (su obra) en los hitos de la historia contemporánea de México: la Independencia, la Reforma y la Revolución, de cada uno de esos movimientos extrae modelos que extrapola a su propia construcción política. Busca una identidad propia. De la Independencia recupera dos aspectos opuestos: los Sentimientos de la Nación, del cura Morelos, y la figura de Santa Ana como el significante de la corrupción. De la Reforma toma la figura moral de Juárez y sus ministros, de la Revolución reivindica a Madero y José María Pino Suárez, también tabasqueño, Carranza y Lázaro Cárdenas.

“Dijimos que se habían llevado a cabo en la historia de nuestro país tres transformaciones: la Independencia, la Reforma, la Revolución, y que nosotros íbamos a llevar a cabo la Cuarta transformación de la vida pública de México“, ha dicho López Obrador.

Pero los paralelismos no se agotan sólo en la traspolación de los recursos de la Historia y sus personajes. Ambos, Obrador y Pellicer comparten además el mismo análisis de la situación social del país, otra vez, salvando las distancias. Interrogado por el reportero Elías Chávez, en 1976, sobre los factores que han impedido el auténtico progreso de México, el poeta de Práctica de vuelo responde: “La falta de una verdadera educación cívica, y el desencanto en que han caído las masas por causa de la corrupción”.

Y por si faltara más, el poeta afirma: “El momento histórico es de combate. Estamos acercándonos a una gran transición en la historia humana, para que las mayorías dejen de ser víctimas de la explotación. Nunca he creído que se llegue a la perfección, pero siempre he pensado que las cosas no solamente deben, sino que pueden cambiar hondamente para que unos cuantos no sigan viviendo en jardines suspendidos, mientras casi todos viven en el sótano”.

Pellicer no fue exactamente maestro de López Obrador, como han afirmado algunos. Obrador era un joven con expectativas políticas, no poéticas; más bien, fue uno de sus modelos de conducta social y política, y cómo no serlo, si es uno de los pilares de la tradición poética mexicana, como también lo es otro tabasqueño: José Carlos Becerra; “hijo, alumno y transgresor” de la herencia de Pellicer como lo definió el también poeta Hugo Gutiérrez Vega. A partir de Becerra, la poesía mexicana marcó un antes y un después.

Al igual que Pellicer, Becerra fue un poeta fiel a su momento histórico. Tras la represión del movimiento ferrocarrilero encabezado por Demetrio Vallejo, en marzo de 1959, Becerra escribió el poema social: “Vamos a hacer azúcar con vidrios”, texto que rescató el poeta cardenense: Marco Antonio Acosta, en la antología “Poetas tabasqueños contemporáneos”.

El autor de “El otoño recorre las islas”, fue uno de los primeros poetas que protestaron contra la matanza de Tlatelolco, su poema “El espejo de piedra” refiere ese hecho. Vale la pena recordar que el día en que la policía detuvo a Pellicer por repartir una carta contra el embajador de Estados Unidos, Fulton Freeman, quien acompañaba al sedicente poeta era su paisano José Carlos Becerra.

Ciertamente, la influencia de una parte importante del sustrato social y político de López Obrador proviene de Carlos Pellicer, pero no es un hecho deliberado sino circunstancial. Obrador se acerca a Pellicer en el momento en que están en ebullición los movimientos sociales y la represión más recalcitrante en México, son los años de la “guerra sucia”, de los “halconazos”, es cuando la palabra “lucha” cobra su mayor sentido; es el momento en que muchos deben asumir de qué parte de la historia quieren estar, si del lado del Estado represor, o de los campesinos, indígenas y obreros. De allí que tanto Pellicer como Becerra participen con sendos poemas en esta lucha: “Discurso a Cananea”, y “Vamos hacer azúcar con vidrios”, respectivamente, ambos poemas laten aún con la misma intensidad como en el instante en que fueron creados, son ejemplo de poemas bien hechos, de rebeldía e indignación:

“Vamos a hacer azúcar con vidrios

cuando los ricos se quejen de lo malo que están los negocios.

Vamos a hacer azúcar con vidrios…”

…“Vamos a patear a todos los gordos prósperos del mundo”, exclama Becerra.

Por su parte Pellicer escribe:

“…para decir, de pueblo en pueblo,

que ya no hay tuberculosis producida por hambre

ni banquete de bodas de ciento diez mil pesos;

que ya no hay grandes puercos

que hocean entre la sangre y la traición.

…(¡sean, pues, más bandidos pero menos ridículos!)”.

Así pues, desde este umbral cultural, desde ese humus civilizatorio del que abrevó López Obrador en su juventud, va a construir una personalidad política sui géneris y un movimiento democratizador basado en un socialismo cristianizante: guadalupano y protestante que remodela las gastadas formas de la política tradicional.

López Obrador es un político que recurre a la posibilidad creadora de las palabras para instaurar una nueva realidad. Agrega al monolítico repertorio político la vitalidad de un nuevo lenguaje donde aún resuena como un eco el consejo de Pellicer: “Hay que luchar por la justicia. En la lucha los hombres se hacen buenos, independientemente de que sean jóvenes o viejos. Cuando hay una convicción absoluta de que uno nació para pelear, pues se muere uno peleando, aunque sea con los médicos”.

No hay sociedad feliz sin la esperanza, pero la esperanza, ha dicho Pellicer, debe estar fundada en la justicia; ese es el legado que López Obrador recibe, por eso uno de los principales objetivos de la Cuarta transformación es lograr un Estado de bienestar, un Estado de felicidad, pero basado en la justicia, en acotar la opulencia y la indigencia, en  buscar los equilibrios para que no haya millones de desgraciados y unos cuantos miles extremadamente felices.

Podemos estar de acuerdo en que no todo López Obrador es Pellicer, pero lo que sí es indudable es que su espíritu abrevó de los vasos siempre generosos de la poesía del vate tabasqueño, origen y razón de esa palabra para decir de pueblo en pueblo; palabras como un banderín de pájaros poblados que de Tabasco tengo.

Discurso a Cananea

Carlos Pellicer

No he de hablar de la sangre

ni de su prodigioso contenido;

ni del puño cerrado que gobierna

del lado izquierdo el regadío exacto

para que todo el cuerpo se alimente

sin que órganos o músculos carezcan

de cuanto equilibrando necesitan.

No he de hablar de la sangre,

viajera silenciosa,

el invisible y entubado pez,

vivo millón de gotas líquidamente augusto,

disciplinado al ritmo aparatoso

de un pequeño universo,

origen de razón y poesía.

La sangre,

la de los vasos siempre generosos,

la energía circulante a cada instante,

la que hereda zafiros, lodazales,

crepúsculos llorados en recuero

de amanecidos truenos militares.

No he de hablar de la sangre,

la aurora injustamente derramada

como el vino que espera al invitado

que va a llegar, pero que no ha llegado

porque un tzentzontle ha muerto en su ventana

cuando él iba a salir…

 

No he de hablar de la sangre

con que el niño al nacer mancha

su acto de nacimiento.

La sangre oculta en la mirada

del hombre socavón que circula en la mina,

la sangre que suda todos sus minerales.

La sangre oculta en la mirada

del hombre derrotado

en el salón de vidrio de la “justicia” humana.

La sangre oculta en la mirada

del minero dilapidado como riqueza anónima,

razonado por la avaricia

glóbulo empobrecido

en la arterioesclerosis de la mina.

La sangre oculta en la mirada

del que después de la protesta inútil

—los niños, la mujer, la calandria y el perro—

regresa al tiro envuelto en sombras miserables,

en trombas minerales,

en laringe de gases

y entre gallos de amanecer

así arrastrados como perros muertos

al rico basurero de la mina.

Dentro del gran oído de la mina

se escucha el rito de los hombres

que necesitan ocio y poesía;

hombres fragmentos de escombros,

hombres mendrugos

debajo de la mesa de capital jauría.

Canana, Cananea,

de tus tiros partieron

los primeros alientos de una aurora

que no ha dado la luz que necesito

para decir, de pueblo en pueblo,

que ya no hay tuberculosis producida por hambre

ni banquete de bodas de ciento diez mil pesos;

que ya no hay grandes puercos

que hocean entre la sangre y la traición

—¿verdad, Señor y Dios mío Jesucristo?—

que así Pérez Jiménez y Trujillo y Somoza y Batista

y Rojas Pinilla y Castillo Armas

—el inefable “azul” de Guatemala—

(¡sean, pues, más bandidos pero menos ridículos!)

me impiden con su estiércol caminar por mi América.

Canana Cananea, ¿imaginas el día

en que venga a decirte a tu oído de cobre,

que no habrá más reuniones con visos de naufragio

en Panamá, donde el primer Roosevelt

cometió el panamá

que dejó sin su brazo glorioso a Colombia?

¿Allá, donde Bolívar llora más aún que en Caracas?

Tu sangre y tu protesta son el árbol que aguarda

su banderín de pájaros,

rodeados girasoles de salud y belleza

poblados de palabras que convengan al hombre.

Canana Cananea,

tu nombre suena a arenas movidas por el agua

en que se baña el día surgido de tu pecho,

joven como el tumulto que agrupa tu escultura

apretada de brazos con que abrazas a México.

Sobre muros que duelen pintó Diego Rivera

la entrada y salida de la mina.

Chorrean dolor y rabia y vergüenza. Yo vi

pintarlos, cuando el día brotaba de mis manos

y entre huracanes de águilas rompí mi corazón.

Para encumbrar luceros tengo la voz a ti.

Tus noches minerales acarrean relámpagos

que abren en un fulgor las tormentas del mundo.

Llevo la cuenta de túneles de avaricia y cansancio

y en el rayo de sol que de Tabasco tengo,

he de contar un día, cuando vuelva a Tabasco,

lo que pesa el diamante que arrancaste al subsuelo:

huelga de Cananea,

¡alborea! ¡alborea! ¡alborea! ¡alborea!

Del libro: Cuerdas, percusión y aliento.

#Opinión política

El aborto, entre el eufemismo y la apología

El aborto es uno de esos tópicos que hace del lenguaje una de sus más valiosas herramientas.

Por Lucía Deblock, 2019-03-24 09:37

México.- Nadie en su sano juicio se atrevería a contradecir que las mujeres mexicanas tienen derecho al bienestar, la salud y la justicia. Sin embargo, cuando se habla del aborto, de inmediato se sobreentiende la connotación negativa que ha venido adquiriendo el tema y, lo que en un principio parecía irrefutable y claro -como los derechos de la mujer-, empieza a tomar un cariz pernicioso.

Para empezar, tenemos que decir que en México el aborto es considerado un delito tanto en el código federal, como en los estatales. La violación es considerada, en todo el país,  como la única causal legal para interrumpir el embarazo, sin embargo, en estados como San Luis Potosí y Tabasco se requiere de un “comprobación de actos” sobre la violación. Solo en la CDMX es legal practicarse un aborto hasta las 12 semanas de embarazo, sin importar la causa.

La gente por lo regular no reflexiona sobre el lenguaje, sin embargo, en este tema, los que se oponen al aborto se autodenominan como “Pro-vida” (en inglés pro-life; es la posición ética y política que afirma la defensa del derecho humano a la vida, sean cuales sean las circunstancias, sostenida por diversas personas, asociaciones y corrientes de pensamiento. Argumentan que la vida comienza en el momento de la fecundación, de modo que el cigoto, el embrión y el feto se consideran vidas humanas. Por esta razón, se suelen oponer a prácticas como la eutanasia, la clonación humana, las investigaciones con células madre embrionarias (no con las adultas) y, particularmente, el aborto inducido); excluyendo -de facto- y categorizando -nocivamente- al otro. Esta retórica que no sólo describe un hecho, sino que, propositivamente y de forma simultánea, lo califica de acuerdo a sus intereses, ha sido empleada sistemáticamente para entorpecer la comunicación y manipular las controversias, incluso antes de entrar a debate.

Este lenguaje perverso, conformado por una argamasa extraña entre el eufemismo y la apología, ha sido usado con mucho éxito por quienes se refieren a “daños colaterales”, cuando hablan de bajas de civiles inocentes en una guerra, o para hablar la eutanasia prefieren usar “muerte digna”. Y se va refinando a medida que se quiere alejar más de su significado original: contrariedad étnica, terrorismo implantado, grupos separatistas periféricos y guerra preventiva son algunos ejemplos de cómo el lenguaje se pervierte para transformar conceptos en favor de ciertos intereses. ¿Alguien me puede explicar qué es una “Guerra preventiva”?

Así, previo a cualquier discusión de fondo sobre el aborto, el lenguaje empleado a partir de los años 80´s ya había establecido que una parte está a favor de la vida y la otra no. Para contrarrestar este desequilibrio retórico, aunque con resultados menos eficaces, también se ha creado un término: “Pro-elección” (en inflés, pro-choice; utilizado a partir de 1975, es la posición política y ética de que la mujer debe tener control o soberanía sobre su fertilidad y embarazo, incluyendo los derechos reproductivos, que incluyen el derecho a la educación sexual, el acceso al   aborto electivo (realizado por profesionales y en el marco legal), a la anticoncepción, a los tratamientos de fertilidad y a la protección legal contra abortos forzados).

Es probable que muchos lectores ya tengan una postura sobre el aborto incluso antes de leer este artículo, pero de  tener una posición personal a entrar de lleno a la discusión pública hay una gran diferencia. Primero, deberíamos tener presente el lenguaje: los conceptos de “mujer”, “madre”, “feto” o “persona”, no son categorías universales ni transparentes, sino que, por el contrario, responden al discurso jurídico. Así, cada uno de nosotros debe documentarse sobre su significado para no ser víctima de alegatos restrictivos que asumen sinónimos subjetivos e imprimen cierta carga moral al discurso o, peor aún, caer en la tentación de justificar nuestra posición con casos atípicos y dramáticos, fuera de contexto.

En México la discusión pública sobre el aborto se ha ido postergando; sin más, hace unos días, durante su conferencia matutina, AMLO pidió que se respetara su silencio al respecto; incluso, los esfuerzos de la bancada de Morena en la cámara de diputados que se manifestó por depenalizarlo antes de la toma de protesta de López Obrador, no lo consiguieron. Sin embargo, es un tema público que late al ritmo de su urgencia. Por eso, todos los mexicanos debemos comprender que para abordarlo se requiere preparación previa, amplitud de pensamiento, equilibrio y reflexión.

El aborto es uno de esos tópicos que hace del lenguaje una de sus más valiosas herramientas. Hay dos formas de entender el lenguaje: al servicio de la realidad, para describir lo que sucede y al servicio de una perspectiva ideológica, para influir en la conducta del otro.

¿Has intentado montar tu postura sobre el aborto en el lenguaje con el que se discute el tema a nivel internacional?

#Opinión política

Medios, caos y abucheos a 100 días de AMLO

Con requerimientos absurdos limita Presidencia libertad de comunicar.

Por Lucía Deblock, 2019-03-11 09:24

México. – Recién cumplidos los 100 días del nuevo gobierno, en México hay un régimen que se niega a morir. La resistencia de ese viejo y desgastado sistema se asemeja a un animal herido de muerte, cree que aún puede imponerse a través de un  desplante de fuerza que no sospecha podría ser el último. Es un animal peligroso, sin duda, pero ha entendido que debe renovarse o morir.

Los mandatarios estatales abucheados son casi todos de oposición -tal vez en otra ocasión hablaremos de los que son de Morena y bien podrían ganarse un abucheo público debido a sus deficientes gobiernos-, todos se han mostrado muy ofendidos ante el repudio público y se han unido para condenar a las facciones más radicales de Morena, a quienes señalan de orquestar lo que llaman “campañas de desprestigio”.

Los gobernadores de extracción panista amenazaron con filmar todo acto público y aquellos que sean sorprendidos abucheando serán denunciados por difamación.

Los abucheos han pegado directo en el ánimo político del país y en el ego de los gobernantes, quienes se han dado a la tarea de buscar causas y culpables artificiales para salir del problema y de paso victimizarse, todo lo anterior, sin intentar entender las verdaderas causas del desprecio: sus lamentables gestiones y la desatención social de sus gobiernos.

Lo más preocupante es que este viejo régimen está dispuesto a salvar el pellejo al precio que sea, incluso si eso significa atentar contra la libertad de expresión del pueblo o de los comunicadores independientes. Hasta ahora han tratado de acallar a periodistas independientes a través de terrorismo fiscal, como en el caso del periodista sonorense Luis Alberto Medina, de “Proyecto Puente”, quien recientemente dio a conocer en sus redes sociales el acoso del que es objeto por parte del gobierno de Claudia Pavlovich. Las acometidas también se sienten cuando les han limitado a los youtubers de izquierda la entrada a las conferencias matutinas del presidente López Obrador, tras el reclamo de medios empresariales, aun cuando esa batalla -la de ser reconocidos como comunicadores independientes- la habían ganado ya en la toma de protesta, en la cual lograron ser incluidos.

No sólo son los 100 días del gobierno de AMLO, ni su popularidad sin precedentes lo que ha sacudido al viejo régimen, a la oposición, si es que acaso existe, a los adversarios políticos, a la opinión internacional y a cada uno de los mexicanos. También influye la nueva forma de gobernar y de enfrentar los problemas que siempre nos han aquejado; la forma de comunicarse con el pueblo en un lenguaje claro y sencillo, que entiende sus preocupaciones y dolores.

A pesar de todo, se respira un aire de libertad en México; uno sin precedentes. Los ciudadanos cada vez nos informamos mejor, participamos, criticamos y nos manifestamos sin temor a ser reprimidos. Muchos países tienen sus ojos puestos en México, porque todo el mundo se ha dado cuenta que algo importante está pasando en nuestro país. No es caos, es reacomodo, valor, determinación, libertad.

Sigamos adelante, más fuerte, más lejos.

#Opinión política

Calificadoras buscan socavar popularidad de AMLO| Opinión

Es absurdo que siendo el presidente más confiable, sea reprobado por calificadoras.

Por Juan Hernández Mercado, 2019-03-08 09:35

México.- Resulta absurdo que mientras México tiene al presidente mejor calificado de la historia, las calificadoras emitan análisis de riesgo crediticio. Atrás de la campaña de las calificadoras se pueden intuir los dados cargados.

El 29 de enero Fitch Ratings bajó la calificación crediticia a Pemex, el 25 de febrero el Banco estadounidense Goldman Sachs recortó el pronóstico de crecimiento y el 26 Moody’s redujo las expectativas de crecimiento, el 1 de este mes, Standard & Poor’s nos pasó de estable a negativo, con posibilidad de seguir a la baja, lo cual generó diversas reacciones, entre la que destaca el intento del senador Salomón Jara para conseguir que el Senado decrete la revocación a las agencias calificadoras. La propuesta no fue avalada ni por el senador Ricardo Monreal Ávila, ni Yeidckol Polevnsky, quien precisó que no era una iniciativa de Morena y también contradice lo declarado por el presidente de la República, cuyo posicionamiento resulta saludable al mantenerse abierto al libre escrutinio del mercado.

Es cierto que las calificadoras miden bajo parámetros que den cierta certidumbre al mercado y a los inversores, pero creo que todos tenemos la claridad de que sus parámetros y análisis los hacen en función de los intereses de estos.

Tampoco debemos perder de vista que esos análisis pueden ser omisos o cometer grandes errores, los cuales no me atrevo a calificar si son de buena o mala fe al no actuar oportunamente para prevenir catástrofes económicas capaces de conducir a la bancarrota o a la miseria a miles o millones de personas.

Difícilmente podemos olvidar la crisis de las hipotecas subprime iniciada en 2006 y detonada en 2008, que tambaleó a los Estados Unidos y a Barak Obama, crisis financiera provocada por la desconfianza crediticia que se extendió inicialmente por los mercados financieros de Estados Unidos y fue la alarma que puso en el punto de mira a las hipotecas basura de Europa desde el verano del 2007, evidenciándose al verano siguiente con la crisis financiera de 2008.

Así, a pesar de los desastrosos resultados, el mercado financiero se sostiene haciendo caso omiso de que en sus sótanos y desagües se ocultan los detonantes de futuras crisis.

Las calificadoras se convierten en cómplices silentes de los intereses macroeconómicos, mientras sirvan a los fines, metas y objetivos del gran capital.

Resulta muy complicado que las calificadoras pudiesen incluirse como una variante de sus parámetros la corrupción, no solo por la relatividad de la misma, sino fundamentalmente por su propia subjetividad y dinámica social, por eso les resulta más fácil colocar como una variable más objetiva los costos de la inseguridad y la violencia, complementado con la eficacia o ineficiencia de la administración de justicia que hace temblar a los gobiernos, pero en nuestro caso, solo puede entenderse como una postura de gallardía la asumida por nuestro gobierno al crear la Guardia Nacional para enfrentar el crimen, a lo mejor en los años siguientes las calificadoras deberán aceptar que sus diagnósticos no fueron tan precisos como afirman.

No obstante los dados cargados de las calificadoras, Andrés Manuel López Obrador acepta las valoraciones y demuestra la voluntad presidencial de jugar de forma transparente en el sistema de mercado, con plena disposición a demostrar que sus acciones son acertadas o en caso contrario, reconocer los errores para rectificar, tiempo al tiempo.