México.- A la nueva película de Steven Spielberg (The Post) no sólo le precede un sentido de la oportunidad muy acertado, sino que, además, es tan oportuna que ha logrado colarse a las nominaciones a de los Oscar, en las categorías de Mejor Película y Mejor actriz principal. El sentido de oportunidad al que me refiero, es al que se encuentra actualmente la prensa internacional tras los embates desde diferentes frentes que la acusan de publicar y generar noticias falsas, pero también, resulta oportuno por el empoderamiento de la mujer que vive la industria del cine.

Kapucsinski dijo: “Cuando se descubrió que la información era poder, la verdad dejó de importar”. Tal vez, es el mismo motivo que ha hecho entrar, apenas a finales del año pasado, al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la palabra Posverdad, y la define como: f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

Y todos, en mayor o menor medida, tenemos algún ejemplo cercano. En México, basta con sintonizar cualquiera de los canales de noticias de Televisa o TVAzteca para conocer los sesgos que sufre de la información. En el caso particular de la película, se trata de la publicación de documentos clasificados por el Pentágono sobre la guerra de Vietnam.

Katharine Graham (Meryl Streep) fue la mujer más poderosa del mundo de la prensa estadounidense durante las décadas de los setenta y los ochenta. Llevó a The Washington Post a ser uno de los más importantes referentes noticiosos, mientras fue su presidenta. Al principio de su presidencia, en junio de 1971, contra todo pronóstico, ya que era una mujer indecisa y tímida en un mundo dominado por hombres, decidió publicar los papeles del Pentágono, el estudio ultra secreto del Departamento de Defensa sobre la Guerra de Vietnam, que aún estaba lejos de finalizar, y que relataba con lujo de detalles el encubrimiento masivo de secretos y engaños por parte del gobierno, que abarcaban cuatro décadas y cuatro presidencias estadounidenses.

Graham y su editor general, Ben Bradlee (un deslucido Tom Hanks), fueron presionados por el gobierno de los Estados Unidos para que los detalles de ese documento no viesen la luz, pero siguieron adelante alentados por su competencia, el diario The New York Times, en una pragmática asociación, que había comenzado a publicarlos, aferrándose a la libertad de expresión y a la obligación de informar al pueblo norteamericano. Esa maniobra facilitó el camino legal para las revelaciones del caso Watergate, que acabaron con la dimisión del presidente Richard Nixon.

Al finalizar la película, tuve la impresión de haberla visto antes. Nada me resultó novedoso, ni el tema, ni el tratamiento, ni la gesta de los protagonistas. Está muy reciente el éxito de Spotlight, de Thomas McCarthy y ganadora del Oscar a la mejor película en 2015. Pero también el tema de documentos secretos publicados masivamente ha sido recurrente en esta época de crisis, Snowden, de Oliver Stone, estuvo en cartelera en 2016 y antes, el documental que cuenta como protagonista con el mismo Edward Snowden en Citizen Four, que fue el nombre clave que usó para contactar a la cineasta Laura Poitras, altamente recomendable.

Por lo tanto, sólo resta concentrarnos en las actuaciones. Para Meryl Streep, sería su 21a nominación al Oscar. Spielberg ya debió haber perdido la cuenta. La ausencia de una nominación para Hanks no es de extrañarse, ésta no ha sido su mejor interpretación.