Acapulco, Guerrero.- "El amor de Dios se manifiesta en mi vida todo los días, porque los médicos ponen y Dios dispone", dice Bethsabe Guzmán Rodríguez, quien desde hace más de 15 años fue desahuciada por médicos del estado de Guerrero por un cáncer de hígado, además de haber superado  un contagio de Covid-19.

Pese a que la vida de esta aguerrida mujer no es “normal” como la de cualquier otra persona, pues ha tenido que vivir con la idea de que en cualquier momento puede fallecer, durante los últimos 16 años ha demostrado una gran voluntad por vivir, e incluso, ha procreado tres hijos que hoy tienen 18, 12 y 4 años de edad que son su más fuerte razón de vida.

"Después de la mayor tuve mi segundo hijo pero no se pudo lograr porque los médicos me provocaron los dolores de parto. Al acudir un día a mi chequeo me hicieron un ultrasonido donde no me dejaron después salir del hospital y me provocaron los dolores de parto. Me hicieron tener a mi hijo de ocho meses que murió. No me lo querían dar y tuve que reclamar y sacarlo de un cuarto  del hospital de Chilpancingo donde tienen sillas y mesas viejas,  él estaba envuelto entre sábanas viejas y con una cinta que decía "Guzmán" era mi bebé un hermoso niño", cuenta.

El sistema de salud de Guerrero, con notables casos de negligencia médica, siempre le insistió a  Bethsabe  que tenía que abortar porque para su estado de salud, le dijeron que no es recomendable tener hijos. Sin embargo, en la actualidad goza de la compañía de sus tres hijas.

Hace unos meses Guzmán Rodríguez se contagió de Covid-19, pero aun con su estado de salud crítico, logró superarlo.

Ella padece cáncer de hígado, y en la actualidad se atiende el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. Su caso es único en México porque tiene un hígado grande que obstruye el páncreas y se encuentra lleno de tumores de diferentes tamaños que son analizados por varios expertos de ese instituto.

Dijo que tuvo que acudir al Instituto de Nutrición porque en el hospital general de Chilpancingo solo la desahuciaron. Pero que gracias a la atención que recibe en el Instituto ha podido llevar una vida más normal. Según cuenta, los médicos de esta institución le dijeron que el cáncer que padece es hereditario.

Narra que el contagio de covid lo tuvo que enfrentar con remedios caseros: con licuados de pimiento morrón, naranja y guayaba para poder subir sus defensas, además de un té que lleva cebolla morada, canela, laurel, comino, pimienta y hojas de bugambilia morada.  Fue así como fue enfrentó y venció el covid.

Relata que antes del confinamiento tenía un local de ropa que tuvo que cerrar porque se le acumularon los meses de renta, y la propietaria le pidió el lugar.  Dice que para sortear esta dificultad construyó una página en Instagram donde vende sus mercancías.

"Yo espero que Dios me dé más tiempo de vida para ver a mis hijas crecer hasta que se valgan por sí mismas, para que el día en que falte yo no me vaya preocupada por eso. Quizá se escuche feo, pero espero que mi madre parta antes de que yo, que ya no esté. Porque realmente no sé que pasaría con ella si yo no estuviera", dice con profunda pena.

Durante este confinamiento y la superación del contagio de covid, Bethsabe refiere que cada vaso, plato o cuchara que usó, lo tuvo que apartar del resto para poder seguir conviviendo con su familia dado que el espacio que habitan es pequeño, por ejemplo: el baño lo comparte con seis personas: su madre, su esposo y sus tres hijas, así que cada vez que acudía al baño lo lavaba y ella tenía que lavar con agua caliente toda su ropa.

Sobre la atención médica que recibió por parte de los médicos de Chilpancingo, dice con desencanto: "Creo que es un sistema donde las autoridades creen que funciona bien pero no es así, falta mucha ética, falta voluntad, humanidad y entrega. Falta que volteen a ver que todos somos seres humanos y que ellos hicieron un juramento de respetar y luchar por la vida y no lo hacen", expresó esta fuerte y ejemplar mujer que espera que Dios le preste más vida.

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