Ciudad de México.- Rosario Robles cumplió hace tres días, un año en la prisión de Santa Martha Acatitla. Su delito: haber sido omisa en la llamada Estafa Maestra en la que estuvieron involucradas al menos 11 dependencias federales, ocho universidades públicas y más de 50 funcionarios de diferentes niveles de gobierno, en el desvío de más de 3 mil millones de pesos.

El día de ayer Emilio Lozoya cumplió 15 días de portar un brazalete electrónico que le permite seguir su proceso de juicio en libertad, por el delito de la compra irregular de la planta de fertilizante Agro  Nitrogenados y por asociación delictuosa, lavado de dinero y cohecho en el caso de los sobornos de Odebrecht.

El delito de Rosario Robles es una falta administrativa, pues no se le está acusando de enriquecimiento ilícito, sobornos, corrupción, lavado de dinero o asociación delictuosa, sino de no haber denunciado en su momento el entramado de esta red de corrupción.

Pero ¿cuál es la diferencia entre Rosario Robles y Emilio Lozoya? ¿Por qué Rosario está en la cárcel mientras Lozoya está en su casa?

No cuestionar la naturaleza de esta forma de impartición de 'justicia', el criterio y la interpretación jurídica distinta, aunque se trate de presuntos actos de corrupción, sería tanto como vivir en aquel pasaje de Rebelión en la granja, cuando alguien se atrevía a cuestionar las decisiones del gran orador  cerdo  Snowball, salían las ovejas y las gallinas a silenciar el más mínimo viso de duda sobre las acciones emprendidas por Snowball.

Más allá de las simpatías y fobias partidarias, más allá de que se esté de acuerdo en que se debe terminar con la corrupción en el país y que se debe estigmatizar moralmente a las o los sujetos que cometieron o cometan actos de corrupción, lo cual indudablemente debe y tiene que ser castigados, el trato debería ser igual para todos, parejo pues.

Sin embargo, la pregunta que se hacen algunos mexicanos -la minoría porque tal vez la mayoría no vea nada irregular en esta impartición de justicia selectiva-, es ¿qué tiene Lozoya que no tiene Rosario Robles?

Las dudas también se ahondan al recordar el discurso moral del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien no ha parado, en sus 21 meses de gobierno, de denunciar a los neoliberales, corruptos, rapaces, que hundieron en la pobreza a más de 70 millones de mexicanos. Aquello fifís que estudiaron en universidades privadas y en el extranjero. Aquellos llamados “delincuentes de cuello blanco”, quienes son la peor pandemia de México, incluso peor que el covid-19. Lozoya pertenece a este grupo neoliberal y fifí.

Entonces la pregunta vuelve a rondar: ¿por qué darle el privilegio de testigo protegido a un integrante de la “mafia del poder” y negársela a una excompañera  de lucha, mujer casi de la tercera edad?

¿Qué es lo que AMLO no le perdona a Rosario Robles? Tal vez sea aquel histórico video difundido en marzo de 2004, en la infame entrevista que Brozo hizo al entonces diputado René Bejarano, en la que ningunea, regaña y humilla a un cabizbajo Bejarano, quien escucha desconcertado como el entonces poderoso payaso le espeta: "estamos ya hasta la madre de que esas situaciones sucedan. ¿Y no merecemos una explicación? ¡No me pendejees!".

Es posible que lo que pretenda la 4t sea generar una escena política de la misma magnitud que contribuyó a que Andrés Manuel López Obrador no ganara las elecciones de 2006, una escena en la que Rosario Robles se vio involucrada por su relación amorosa y de corrupción con el empresario Carlos Ahumada.

El video que Lozoya dice tener en su poder, en el cual supuestamente aparecerían varios legisladores panistas y priistas recibiendo sobornos, tendrá varias jugadas, todas a favor de la 4t.

Por un lado, le permitirá tener su venganza mediática, tal vez no de la misma magnitud que la de marzo de 2004, pero sí lo suficiente para formarle un dique al PAN en sus aspiraciones legislativas de 2021, y por el otro lado, obtener la satisfacción de la venganza emocional en contra de Rosario Robles, cuya asociación con parte de la “mafia del poder”, impidió a AMLO ganar las elecciones del 2006 y condenó al ostracismo político a René Bejarano.