México.- Las marchas fifís son cada vez más las marchas de la sinrazón. Cada vez, la frustración de los manifestantes adquiere un cariz más pernicioso y vulgar.

Antes de empezar la marcha intentan correr de la explanada del Monumento a la Revolución a cualquiera que no vista de blanco como ellos. Corren a cualquiera que sea sospechoso de no pensar como ellos, de disentir. Corren a todos los que no se ven como ellos imaginan que son. Por eso, le gritan a los reporteros, a los que morenos reportan el evento que “huelen feo”, porque esa es su manera de denostarlos desde su falsa superioridad moral, donde Calvin Klein y Dolce & Gabbana tienen la potestad de los aromas.

Antes incluso de empezar la marcha, ya intentaron hacer una purga para eliminar todo aquello que no sea como que debería ser, según el criterio de una derecha rancia y excluyente. Por eso, intentaron echar del espacio púbico a todo aquel que oliera como ellos piensan que no huelen.

La marcha se sostiene en el enojo.

A Vicente Fox también lo corren de la marcha que él mismo organizó en Guanajuato. Nadie quiere verse identificado o relacionado con los intereses del exmandatario, porque en el fondo tampoco están de acuerdo. Unos le preguntan a otros por los motivos de Fox, pero evaden confesar los suyos, al menos frente las cámaras.

En la CDMX se pelean entre ellos. Se reclaman sobre el templete, entre florituras de tinte melodramático condenan el mal gusto, se echan en cara cosas que consideran sólo de gente bien.

Las consignas de la gente bien piden un Aburto, un Lomas Taurinas, otro magnicidio.

Se consideran la gente más preparada, más dinámica, la más creativa y productiva, la de mejores ideas y puntos de vista más acertados.

Critican al gobierno de AMLO porque ellos no quieren un cambio. Estaban bien con el neoliberalismo, con la impunidad, con los asesinatos y los feminicidios sin control. Les convenían los funcionarios abusivos, las redes de corrupción. Se sentían seguros con el huachicoleo, con la falta de medicinas, con la desigualdad.

Cuentan historias de devastación e imaginan escenarios de tremendismo barbárico que emanan del mismo lugar donde algún día, se acuñó la frase “AMLO es un peligro para México”.

La marcha fifí no logró juntar más de tres mil personas. Eso significa que en México hay más miembros de la comunidad LGBTTTI dispuestos a manifestar su orgullo gay, que oposición.

La marcha fifí es la marcha de la frustración.

Les molesta que sea AMLO quien los gobierne, porque no se parece a quienes ellos consideraron un “digno mandatario”, ese alguien que los represente a imagen y semejanza de sus grandes expectativas. Les frustra que haya sido voluntad de la gente común lo que forzó la ruptura del cambio. Porque en el fondo de su enojo, lo que en realidad alimenta su frustración, es un profundo clasi-racismo.

Todavía no han alcanzado a comprender esa máxima popular en la que se sustenta la democracia: El pueblo pone, el pueblo quita.