El mariachi no sólo es un género de la música tradicional mexicana, para muchos representa una forma de vida que ha pasado de generación en generación, de padres a hijos y de abuelos a nietos como lo demuestra la historia de René Miranda Castañeda.

El músico acapulqueño aprendió el oficio de la mano de su padre y un acordeón, y ahora, con 45 años de experiencia, acumula historias, como tocar en más de una ocasión con artistas “famosos” como Luis Miguel, Cornelio Reyna y Beatriz Adriana, hasta amenizar una fiesta del actor estadounidense y ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

Pero para René Miranda la vida no le ha sido siempre sencilla, las muertes de su hijo, un hermano y su padre dejan ver el dolor que se asoma en las lágrimas que nublan sus ojos, pero que evita dejar salir.

A los 10 años de edad comenzó a tocar el acordeón con uno de sus hermanos en los camiones urbanos, pero cuando decidió tomar el oficio en serio formaron un grupo de música norteña.

Pero tras la muerte de su hermano Roberto, hace 15 años en un accidente automovilístico, obligó a su padre y él deshacer el grupo, y fue así que se unió al mariachi Los Ardillos.

Acompañado entre música y recuerdos, René sigue pensando que ser mariachi es el mejor oficio que  su padre le pudo haber enseñado, porque le ha dado la oportunidad de conocer y trabajar con artistas de talla nacional e internacional.

Uno de los momentos más memorables es haber grabado con su grupo de mariachi la canción Palabras Tristes con José Manuel Zamacona (Los Yonics).

Las canciones que “son el pan de cada día” y no pueden faltar en cada tocada son Silvia, el mariachi loco y el son de La Negra, esta última es la pieza musical más representativa del mariachi según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

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En sus 45 años de oficio, también ha vivido situaciones penosas como cuando clientes en estado de ebriedad se niegan a pagarles.

“Ahora ya se cobra por adelantado, aun que digan que músico pagado toca mal pero es lo mejor, cuentas claras amistades largas”, dijo entre risas Miranda Castañeda.

El mariachi en el que trabaja sólo hace presentaciones y contrataciones los fines de semana, y para ocasiones especiales tiene tres trajes de gala: el clásico negro, azul y rojo.

“Ahora si el traje  que  ellos  pidan, nosotros normalmente por una hora cobramos 2 mil pesos y por  una serenata  que cuenta de seis canciones 2 mil 500. Ahora sí que depende de nuestros clientes como anden de dinero y de humor, en ocasiones tocamos por cinco o seis hora depende”, dijo.

Pero René confesó que cuando los clientes son “alegres” o se “portan bien” tocan canciones de “pilón”: “pero cuando nos están apurando de “tóquenle mariachi, tóquenle apúrense”, ahí sí, no les damos la de pilón".

Una de las anécdotas que más tiene presente fue cuando llegó a una residencia, en la exclusiva zona de Las Brisas, y al comenzar a tocar salió de la nada Arnold Schwarzenegger.

“Cuando lo vimos hasta dejamos de cantar y tocar”, cuentó riendo.

“Toda su familia estaba ahí, ese día  fue una cosa muy bonita al verlo, no nos lo esperábamos. Cuando dejamos de tocar y cantar que se enoja y que nos dice “tócale mariachi, tócale”. Fue algo muy bonito ver a alguien que ves en películas, tiene su carácter eh”, afirmó.

Pero no sólo ha tenido que tocar para artistas o en cruceros, también en sepelios, y confesó que no le gusta porque es un momento de dolor.

La tristeza se apodera de él cuando va a un velorio, dijo, porque le recuerda la muerte de su hijo, quien también murió hace poco más de dos años en un accidente automovilístico.

“Mi hijo se puso a trabajar pero yo desconocía y desconozco con quien haya estado trabajando mi muchacho, él se empezó a llevar con malas amistades y me lo arrebataron matándolo”.

“Hoy mi vida ha cambiado dejé el alcohol, muchas veces la vida te arrebata lo que más amas para que entiendas y dejes ciertos hábitos de tu vida, pero hubiera preferido haber perdido la vida yo y no mi hijo”, lamentó, al momento que soltó un suspiro.

René confiesa que ahora sólo puede tocar la trompeta porque tras un accidente estuvo a punto de quedar cuadripléjico.

Sin embargo, pese a las malas experiencias aseguró que ser mariachi es lo que más le gusta, y pidió al gobierno municipal que les den un espacio en el zócalo porteño para ser una atracción turística para los visitantes, pues el mariachi es una tradición y lo más representativo de México.