Ciudad de México.- La crisis por Covid-19 amenaza con diluir en meses los avances de 20 años en combate a la pobreza extrema y el hambre en Latinoamérica, advirtieron ayer la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

En México, se proyecta que al cierre del año entre 14.9 y 21.7 millones de personas no tendrán ingresos suficientes para adquirir una canasta básica. En América Latina la estimación alcanza a 83.4 millones.

Por lo pronto, 10 millones de niños en la región han dejado de percibir su principal fuente de alimentos, al no tener acceso a las comidas que se distribuían en las escuelas, aseguró Julio Berdegué, representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

En un marco general, la situación se agrava en las zonas rurales –mayormente con población indígena–, donde hasta 25 por ciento de personas, es decir, una de cada cuatro, estará en situación de pobreza extrema al cierre de este año, agregó.

Tenemos que hacer esfuerzos muy profundos para evitar que esta crisis sanitaria se convierta en alimentaria, resumió Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.

Además del ingreso básico universal de emergencia ya propuesto, recomendó un bono de alimentos. Detalló que en toda la región costaría 0.06 por ciento del producto interno bruto (PIB) garantizar comida a adultos mayores y 0.45 por ciento cubrir a toda la población en pobreza extrema.

En el caso de México, Berdegué subrayó que los programas de apoyo a campesinos que ha implementado el gobierno federal, incluso antes de la pandemia, están bien enfocados. Sin embargo, apuntó, si no hay, al igual que en los otros países, un paquete integral, rotundo, que permita contener esto, aumentarán los niveles de hambre e inseguridad alimentarias.

El mayor peligro, pero no el único, se encuentra en la regiones sur y sureste del país. En las zonas rurales indígenas y en aquellas localidades, no sólo de México, sino de todo Mesoamérica, donde las remesas son también una fuente nodal de ingresos para las comunidades agrícolas, recalcó. Hasta el cierre de 2019, se estima que el número de mexicanos en pobreza extrema –sin condiciones para garantizar acceso a la canasta básica– era de 14.1 millones.

Es muy urgente adoptar medidas de estímulo. Definitivamente, acciones llamadas contracíclicas, de estímulo fiscal, pueden ayudar a potenciar el ingreso del ciudadano, además de un bono contra el hambre, apuntó Bárcena.

Si bien la política del gobierno actual consiste en impedir que se socialicen las pérdidas y se privaticen las ganancias, se puede contener el incremento de los niveles de pobreza y pobreza extrema con créditos del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo, aseveró.

De acuerdo con las proyecciones de la Cepal, en 2020 América Latina tendrá a 13.5 por ciento de su población en pobreza extrema, por arriba del 12.2 de 2001.

De los 83.4 millones que se espera estarán en esa condición, 30 millones serían de comunidades rurales. El resto, en zonas urbanas.

En México, 47.8 por ciento de sus habitantes serán pobres y 15.9 por ciento se encontrarán en pobreza extrema, según los estimados.

Con información de La Jornada