Hace unos días la serie “Sr. Ávila” de HBO Latinoamérica recibió el Emmy Internacional al mejor programa en primetime no hablado en inglés. Se dice fácil, pero competir contra series gringas, en Estados Unidos, en horario estelar, en idioma español y salir avante, no lo es.

En este caso, se trata de una producción mexicana de Lemon Films con un carácter más bien discreto, de la que se habla casi nada en los sitios web especializados que frecuento, pero que logró enganchar a una audiencia bien entrenada en eso de mirar series, que también es una audiencia soberbia, por aquello de desechar cualquier material audiovisual no hablado en inglés, porque debemos admitir que, nos guste o no, el idioma de los negocios y de las series, es el inglés.

En la historia reciente de las seriesde televisión fue la aclamada “Bron/Broen” (Suecia y Dinamarca) una de las pioneras en allanar el camino a “Sr, Ávila”, propiciando incluso remakes en EU-México y en Reino Unido-Francia, pero hubo otras producciones como “Trapped” (Islandia), “Gomorra” (Italia) o la perturbadora “Le commune” (Francia), las encargadas de situar los estándares de producciones no estadounidenses afortunadamente muy altos y, de obligar a los güeros a ver televisión con subtítulos.

La descubrí casi por casualidad a mediados de año y como televidente consuetudinario me acerqué a “Sr. Ávila” con pocas expectativas y muchos prejuicios, casi con recelo, porque a pesar de tratarse de un binomio con HBO, mi experiencia con las producciones mexicanas me remite directamenteacontemplar al pretensioso hijo bastardo de la telenovela, con diálogos penosos y sin sentido y actuaciones más bien mediocres.

Y si del contenido hablamos, están agotadas las ridículas gestas de sus protagonistas al abordar  los “problemas” de clasemedieros cool, afectos a los desplantes esnobistas y con actividades alternativas -porque nadie puede ser abogado, médico o vendedor, eso es considerado casi vulgar y más propio del cine de mediados del siglo pasado que quieren olvidar porque honra a las clases bajas; por eso son baristas, enólogos o diseñadores de crossmedia, en una abierta apología del exclusivismo como sinónimo de progreso y cultura-, todos ellos hacinados en pequeños departamentos en la colonia Roma o la Condesa; esa zona de clase media en el corazón de la CDMX donde, a finales del 2015, sus habitantes se levantaron en coléricas protestas callejeras para exigir que las autoridades resolvieran un problema que aquejaba a su comunidad: alguien estaba envenenando a sus perros en los parques, huelga decir que además de nice es animal-friendly-zone, todo lo anterior se dio en el contexto de un México donde diariamente contamos los cadáveres por decenas, en plazas públicas, ríos y puentes, mueren y desaparecen niños, hombres y mujeres. Sí, es en una sociedad apática y sin conscienciade la otredad en la que se regodean las anodinas producciones mexicanas, dejando a su paso un tufo a carroña.

El argumento de que el entretenimiento no justifica la indolencia, la insensibilidad. En México los interventores otorgan las concesiones de transmisión con una opacidad y una discrecionalidad ofensiva, y son esos empleados de gobierno los que, en contubernio con el duopolio Televisa-TvAzteca, se alzan como los amos y guardianes de nuestra conciencia e idiosincrasia, eligiendo en su beneficio lo que debemos ver o no en la televisión.

Por eso tenemos producciones acríticas, irreales y desprovistas de decoro. Como telespectador debemos exigir contenidos de calidad y si acaso todavía estamos lejos de eso -debido a la falta de marco legal eficiente para la defensoría de las audiencias-, apagar la tv o cambiar de canal se convierte en un feroz acto de protesta.

Por lo tanto, “Sr. Ávila” tenía pocas posibilidades de tener vida en mi pantalla, pero para mi sorpresa la calidad de la producción era buena, tal vez muy buena, los diálogos tenían sagacidad y un toque de inteligente humor negro que más de una vez me hizo sonreír, y sí, la historia corría con admirable ligereza.

Tony Dalton consiguió una interpretación hierática como el Sr. Ávila y cabe destacar que, rumbo a la tercera temporada, el deterioro físico del personaje es notable, muy acorde a su descomposición moral y con la asepsia profesional con la que se aborda la muerte; a pesar del abuso de filtros, aristas de la trama asombrosamente desperdiciados, el manejo de armas un tanto rudimentario y la súbita aparición/desaparición de personajes en pro de la continuidad, llegué con gusto hasta el final de la violentísima tercera temporada.

Me gustan los anti héroes y si son impredecibles, más. Esta serie indaga en lo invisible, ahí donde lo sangriento y la violencia terminan, la apremiante necesidad de alcanzar el éxito empieza a ser despojada de toda humanidad. Así pues, “Sr. Ávila”narra el devenir de un ex policía con una doble vida como vendedor de seguros y asesino en su camino a la cima de una sobre regulada logia ultra secreta de asesinos por encargo que despacha desde una funeraria; es padre de un chamaco revoltoso y sombrío, esposo de una mujer depresiva, amante de una colega, asesino de su mejor amigo, entre otros, y entrenador de un matón en ciernes, al menos eso era hasta que su doble vida se enreda y, con gran valentía de los escritores Walter y Marcelo Slavich, todo ese caos inicial da un inopinado y oscuro vuelco a la historia, dejando claro, pero no a la vista, que el verdadero tema es la normalización de la violencia y sus estragos, tema por demás pertinente en el México de hoy. En “Sr. Avila” rifa la muerte como negocio y la pérdida como penitencia.

Debo confesar que la calidad actoral del reparto es compacta aunque irregular; destaca el personaje de Ismael, interpretado por el novato Jorge Caballero, todo instinto y supervivencia, pero con un dejo de susceptibilidad que casi duele. La dirección de arte es meticulosa, pero resulta imposible no relacionarla con un hito televisivo como “Sixfeetunder”. Filmada enteramente en México y con una sólida propuesta visual y narrativa, la cuarta y última temporada de “Sr. Ávila” se estrenará en 2018.

Bien por los hermanos Rovzar, han logrado una serie que nos hace sospechar, al menos por un momento que, en el país del sicariato, es posible la sofisticación del asesino de traje y corbata.


“Sr. Ávila” serie de televisión.
Productor: HBO Latinoamérica/Lemon Films
Escritor:  Walter y Marcelo Slavich
País de origen: México
Idioma: Español
Temporadas: 3 Capítulos: 33