México.-El “Vía Crucis” de la primera ministra británica Theresa May finalizó este viernes. Ante su fracaso para llevar adelante el Brexit, buscando preservar a un partido completamente dividido y ultraderechizado, May ha renunciado al liderazgo conservador.

Permanecerá en Downing St como premier hasta que finalice la batalla entre sus pares para reemplazarla, probablemente en julio, para después partir a unas largas vacaciones en las montañas.

Seguirá siendo diputada como hace 22 años. Detrás de ella quedará una historia de traiciones de los suyos, su incapacidad oratoria, que la llevaron a bautizarla “Maybot”, pérdida de su mayoría parlamentaria, penosas negociaciones con Europa, con humillaciones incluidas, revés tras revés en la Cámara de los Comunes.

Ante la catástrofe de su partida, apremiada por todos, May trabajará desde ahora hasta que se vaya en su legado. Nadie descarta que haga un último gesto hacia los europeos que viven en Gran Bretaña para facilitarles su residencia, ante la incertidumbre del Brexit.

La historia la juzgará impiadosamente pero seguramente reconocerá su estoicismo, su sentido del deber, su amor al reino y al partido. A lo largo de estas penosas negociaciones fue a los conservadores y al partido a quien ella quiso preservar por encima de todo.

Dos años de mandato plagado de humillaciones y golpes bajos, de sus pares y del presidente norteamericano Donald Trump. Afirmó delante de ella que su ex canciller, Boris Johnson, sería “un formidable primer ministro” y le dijo que negoció mal el Brexit, que debía “enjuiciar a la UE”.

George Osborne, su ex compañero en el gabinete del primer ministro de David Cameron cuando ella era ministra del interior y hoy editor del Evening Standart, la llamó “cadáver ambulante”. Su política de derechos humanos en el ministerio del interior será recordada como cruel y obsesiva con la inmigración.

De “Cruella de Ville” a “Primera ministro Zombie”, May soportó todos los epítetos. Sus zapatos de leopardo, su ropa asimétrica hicieron las delicias de los caricaturistas, al igual que sus gruesos collares. Nadie le fue fiel a Theresa May, que carece de amigos en la política y en la Cámara de Diputados. Le costaba construir alianzas porque no había descubierto el pragmatismo.

Fue una proeuropea que debió llevar adelante el resultado euroescéptico del referéndum de tres años atrás y no pudo concretarlo. Su proyecto fue rechazado tres veces en la Cámara de los Comunes y cuanto intentaba por cuarta vez el mismo juego, cayó. Los europeos que negociaron con ella la reconocen más que los británicos. Aunque la dejaron comiendo pizza sola, en un salón de Bruselas, mientras los jefes de estado discutían el Brexit en el comedor de al lado, sin su presencia.

“Brexit significa Brexit”, fue su slogan. Nadie sabe hasta ahora que alcance tiene, cuando los que buscan reemplazarla, juegan peligrosamente con una salida sin acuerdo de la Unión Europea.

Cuando perdió su mayoría al convocar a elecciones legislativas, los sondeos le daban 20 puntos de ventaja sobre el laborismo. Pero al centralizar la campaña solo en ella, perdió. Quedó prisionera de los unionistas irlandesas protestantes de Irlanda del Norte, que al final, cobraron el precio de la alianza parlamentaria y la abandonaron a causa de la delicada frontera irlandesa.

El Brexit no la dejó gobernar ni implementar ni una sola política. Devoró su tiempo y su mandato. Avanzó y retrocedió con un lenguaje ridículo, que nadie entendía, y que fue su sepultura. Los ministros la abandonaron, su gabinete era una batalla campal entre euroescépticos y pro europeos, que ella nunca llegó a controlar. Ser secretario de estado del Brexit fue el cargo más volátil de su gabinete. Uno tras otro renunciaban.

El Parlamento rechazó en masa su acuerdo del Brexit. Una y otra vez. La primera fecha de salida de la UE era el 29 de marzo y comenzó allí una serie negra franco europea, que aun continúa, sin final aclarado. La próxima fecha de partida de la Unión Europea es el 31 de octubre. Theresa May no estará en Downing St para vivir la tragedia de si se van o se quedan .

La batalla por la sucesión

Lo decidirá el primer ministro elegido, tras una batalla interna en el partido conservador, sin necesidad de convocar – por ahora- a elecciones generales anticipadas.

Once líderes se disputan el liderazgo. Boris Johnson es el favorito pero no necesariamente el ganador. La justicia lo liberó el viernes de haber mentido en la campaña del referéndum por la permanencia o no en Europa y no va a ser enjuiciado.

Detrás le sigue el millonario y canciller Jeremy Hunt. Con aspiraciones, Michael Gove, ministro de medio ambiente y quien le clavó el puñal de la traición a Boris a la mañana siguiente del referéndum. Varios Caballos de Troya, que se bajarán en el camino de la campaña, están en carrera. Pero en este sistema, el ganador puede ser “un tapado”, como resultado de una transacción entre las partes. El nombre se conocerá en julio. Hasta entonces Theresa May será la premier custodia de Downing St.

El Comité 1922, máxima autoridad parlamentaria conservadora, presidirá la votación. Cada candidato debe tener dos diputados de apoyo y seis más, cuyos nombres no se harán públicos. Se vota hasta la eliminación y quedan dos. Esos dos deberán hacer campaña para ser elegidos, luego, por los militantes conservadores. Así es el proceso de selección del nuevo premier británico. Un affaire de la familia conservadora.

En la madrugada del viernes el partido conservador recibió otra paliza electoral: perdió la elección para reemplazar a un diputado en Peterborough y ganó el laborismo por escaso margen. Ellos entraron terceros, después del partido del Brexit de Nigel Farage.

Pero los Tories pasaron del 46,8 por ciento al 21,4 por ciento en la noche del jueves. El Partido del Brexit de Nigel Farage no consiguió su primer diputado en la Cámara de los Comunes pero crece. Siete semanas atrás no existía. En política, los segundos no cuentan. Farage perdió y demostró que sus 29 bancas obtenidas en el Parlamento europeo fueron, por sobre todo, el resultado de un voto de bronca contra los partidos tradicionales.

“Nosotros tuvimos un fantástico candidato, una fantástica campaña y la gente de Peterborough rechazó la austeridad y el No Acuerdo que propone el partido del Brexit. Muestran el apoyo del laborismo en todo el país y estamos listos para una elección general cuando llegue”, dijo Jeremy Corbyn, líder laborista. ”Esto va a frenar a los Tories llevar al reino a un No Acuerdo, con todas las amenazas a los empleos que trae”, continuó.

Él y los conservadores están igualmente amenazados por los disidentes de sus propias filas.

Un escenario alucinante está diseñándose. Algunos de los candidatos Tories quieren cerrar el Parlamento para que no puede interferir en el caso de que el nuevo primer ministro británico decida irse de Europa con un No Acuerdo. Pero para eso se lo deben exigir a la reina Isabel, a quien pondrían en una posición inédita. Ella debe decidir el cierre del Parlamento.

Hasta ahora, el Parlamento británico ha votado que Gran Bretaña no se puede ir sin acuerdo de la Unión Europea. Si lo intentan, un inmediato voto de confianza puede derrocar al primer ministro electo en horas. Eso es lo que están tratando de impedir en esta saga los euroescépticos.

Europa va a dar más tiempo al Brexit. Con Alemania a la cabeza, quieren extenderlo más allá del 31 de octubre para que lo decidan en un segundo referéndum.