#Opinión política

Meade y Anaya, la corrupción y la impunidad | OPINIÓN

“los mexicanos contemplamos el uso faccioso de la procuración de justicia que, de manera parcial y sesgada, golpea a los enemigos y libra a los amigos”.

Por Lucía Deblock, 2018-03-02 19:32

México.- Once días después de ser señalado de participar en operaciones de lavado de dinero, Ricardo Anaya sigue sin poder sacudirse las acusaciones que pesan en su contra. Mientras más explican, el propio Anaya y su equipo, más evidente resulta el carácter fraudulento del candidato: miente en su 3 de 3, usa prestanombres, hace negocios turbios que incluyen lavado de dinero y empresas fantasmas, niega a sus amigos y miente a nivel nacional sin ningún empacho. Si es cierto que hasta ahora la PGR no tiene ningún proceso en su contra, la forma en que se conduce Anaya en lo personal, deja mucho que desear para un candidato a la presidencia.

Los escandalosos desvíos de Sedatu y Sedesol por mil 311 millones de pesos, derivado de las auditorías de la ASF, siguen sin ser formalizadas por la PGR, dejando al candidato José Antonio Meade libre de cualquier señalamiento legal, pese a su evidente participación. Su mejor defensa es la omisión o negligencia, es decir, el encubrimiento.

Por otro lado, una juez federal prohibió a la PGR por tiempo indefinido judicializar la investigación o solicitar una orden de aprehensión en contra de Emilio Lozoya, en la investigación que lleva a cabo por lavado de dinero y cohecho. El exgobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, también se ha visto favorecido por la PGR al ser absuelto del delito de ejercicio indebido de funciones.

El gobierno mexicano tiene nuevos hallazgos sobre el paradero de los 43 normalistas gracias al seguimiento de sus teléfonos, pero no pueden ser revelados en audiencia pública, según el fiscal. Pero sí revela videos y detalles de investigaciones en curso de sus oponentes políticos.

Así, los mexicanos contemplamos el uso faccioso de la procuración de justicia que, de manera parcial y sesgada, golpea a los enemigos y libra a los amigos. Los actores políticos se levantan para defender y atacar a sus oponentes. Es un error considerar que estos hechos son exclusivos debido a los tiempos electorales, porque si bien, las campañas sirven como megáfono, en México reina la impunidad y la corrupción.

Como ciudadana me indigna que los candidatos a la elección presidencial estén involucrados en asuntos ilícitos y fraudulentos. Me molesta que gobernadores y secretarios de Estado evadan la justicia gracias a triquiñuelas legales.

Me duele que cada cuatro horas se asesine a una mujer con lujo de violencia y que a los políticos sólo les preocupe maquillar cifras sobre feminicidio. Me lastiman las desapariciones forzadas que recién empiezan a documentarse en Veracruz, pero que no se acuse formalmente a los ex gobernadores priistas Fidel Herrera y Javier Duarte.

Me molesta que los políticos gasten millones en publicitar su imagen y no en programas educativos y sociales. Pero los políticos no responden directamente ante las acusaciones, ante las referencias concretas. Ellos se defienden señalando a otros como responsables, acusándolos de delitos peores, en el mejor de los casos, alegando que la PGR no les ha fincado responsabilidad legal.

Esas no son las explicaciones que merecemos los mexicanos. Esas nunca serán las respuestas correctas. Por eso debemos aprender a organizarnos como ciudadanos, para exigir responsabilidad a nuestros políticos.

Sin embargo, lo más penoso es que la conducta irresponsable de los políticos se replique en la discusión ciudadana. Si en lugar de investigar, documentarnos, informarnos y reflexionar para tener un voto razonado y conversaciones políticas inteligentes, respondemos vilmente, acusando de otro delito, tal vez peor, al candidato de nuestra preferencia, o justificando con indolencia actos arbitrarios, sólo imitamos la conducta de aquellos a quienes criticamos.

Hace unos días una persona de Guanajuato respondió a mi argumento sobre los 234 mil homicidios dolosos de los últimos 12 años, de la siguiente manera: “Todos esos muertos, todos, incluidos los 43 angelitos, son gente relacionada al narcotráfico”.

Por supuesto, me di cuenta que no había forma de dialogar con una persona que, de antemano, esgrime prejuicio e indolencia en sus argumentos, además de un cinismo flagrante. Justificar las ejecuciones sumarias es, además, un rasgo de insensibilidad.

Que los mexicanos tengamos opiniones y posturas políticas siempre será bueno. Estamos ante unas elecciones muy importantes que definirán el futuro que queremos para México, si comprendemos que participando podemos cambiar la ruta, todos ganamos.

Evitar los temas políticos entre familiares, amigos y vecinos para salvaguardar relaciones, debería ser innecesario. Debemos aprender a plantear puntos de vista sin agresiones, mostrar referencias con respeto y justificar ideologías sin descalificar; sólo así conseguiremos un diálogo que construya ideas para mejorar nuestro país, sobre lo que debemos exigir a nuestra clase política.

La sociedad organizada ha conseguido influir en la conformación de políticas públicas y la transformación de leyes. Incluso cuando lo entendamos diferente, hablar de México nos beneficia a todos.

#Opinión política

Medios, caos y abucheos a 100 días de AMLO

Con requerimientos absurdos limita Presidencia libertad de comunicar.

Por Lucía Deblock, 2019-03-11 09:24

México. – Recién cumplidos los 100 días del nuevo gobierno, en México hay un régimen que se niega a morir. La resistencia de ese viejo y desgastado sistema se asemeja a un animal herido de muerte, cree que aún puede imponerse a través de un  desplante de fuerza que no sospecha podría ser el último. Es un animal peligroso, sin duda, pero ha entendido que debe renovarse o morir.

Los mandatarios estatales abucheados son casi todos de oposición -tal vez en otra ocasión hablaremos de los que son de Morena y bien podrían ganarse un abucheo público debido a sus deficientes gobiernos-, todos se han mostrado muy ofendidos ante el repudio público y se han unido para condenar a las facciones más radicales de Morena, a quienes señalan de orquestar lo que llaman “campañas de desprestigio”.

Los gobernadores de extracción panista amenazaron con filmar todo acto público y aquellos que sean sorprendidos abucheando serán denunciados por difamación.

Los abucheos han pegado directo en el ánimo político del país y en el ego de los gobernantes, quienes se han dado a la tarea de buscar causas y culpables artificiales para salir del problema y de paso victimizarse, todo lo anterior, sin intentar entender las verdaderas causas del desprecio: sus lamentables gestiones y la desatención social de sus gobiernos.

Lo más preocupante es que este viejo régimen está dispuesto a salvar el pellejo al precio que sea, incluso si eso significa atentar contra la libertad de expresión del pueblo o de los comunicadores independientes. Hasta ahora han tratado de acallar a periodistas independientes a través de terrorismo fiscal, como en el caso del periodista sonorense Luis Alberto Medina, de “Proyecto Puente”, quien recientemente dio a conocer en sus redes sociales el acoso del que es objeto por parte del gobierno de Claudia Pavlovich. Las acometidas también se sienten cuando les han limitado a los youtubers de izquierda la entrada a las conferencias matutinas del presidente López Obrador, tras el reclamo de medios empresariales, aun cuando esa batalla -la de ser reconocidos como comunicadores independientes- la habían ganado ya en la toma de protesta, en la cual lograron ser incluidos.

No sólo son los 100 días del gobierno de AMLO, ni su popularidad sin precedentes lo que ha sacudido al viejo régimen, a la oposición, si es que acaso existe, a los adversarios políticos, a la opinión internacional y a cada uno de los mexicanos. También influye la nueva forma de gobernar y de enfrentar los problemas que siempre nos han aquejado; la forma de comunicarse con el pueblo en un lenguaje claro y sencillo, que entiende sus preocupaciones y dolores.

A pesar de todo, se respira un aire de libertad en México; uno sin precedentes. Los ciudadanos cada vez nos informamos mejor, participamos, criticamos y nos manifestamos sin temor a ser reprimidos. Muchos países tienen sus ojos puestos en México, porque todo el mundo se ha dado cuenta que algo importante está pasando en nuestro país. No es caos, es reacomodo, valor, determinación, libertad.

Sigamos adelante, más fuerte, más lejos.

#Opinión política

Calificadoras buscan socavar popularidad de AMLO| Opinión

Es absurdo que siendo el presidente más confiable, sea reprobado por calificadoras.

Por Juan Hernández Mercado, 2019-03-08 09:35

México.- Resulta absurdo que mientras México tiene al presidente mejor calificado de la historia, las calificadoras emitan análisis de riesgo crediticio. Atrás de la campaña de las calificadoras se pueden intuir los dados cargados.

El 29 de enero Fitch Ratings bajó la calificación crediticia a Pemex, el 25 de febrero el Banco estadounidense Goldman Sachs recortó el pronóstico de crecimiento y el 26 Moody’s redujo las expectativas de crecimiento, el 1 de este mes, Standard & Poor’s nos pasó de estable a negativo, con posibilidad de seguir a la baja, lo cual generó diversas reacciones, entre la que destaca el intento del senador Salomón Jara para conseguir que el Senado decrete la revocación a las agencias calificadoras. La propuesta no fue avalada ni por el senador Ricardo Monreal Ávila, ni Yeidckol Polevnsky, quien precisó que no era una iniciativa de Morena y también contradice lo declarado por el presidente de la República, cuyo posicionamiento resulta saludable al mantenerse abierto al libre escrutinio del mercado.

Es cierto que las calificadoras miden bajo parámetros que den cierta certidumbre al mercado y a los inversores, pero creo que todos tenemos la claridad de que sus parámetros y análisis los hacen en función de los intereses de estos.

Tampoco debemos perder de vista que esos análisis pueden ser omisos o cometer grandes errores, los cuales no me atrevo a calificar si son de buena o mala fe al no actuar oportunamente para prevenir catástrofes económicas capaces de conducir a la bancarrota o a la miseria a miles o millones de personas.

Difícilmente podemos olvidar la crisis de las hipotecas subprime iniciada en 2006 y detonada en 2008, que tambaleó a los Estados Unidos y a Barak Obama, crisis financiera provocada por la desconfianza crediticia que se extendió inicialmente por los mercados financieros de Estados Unidos y fue la alarma que puso en el punto de mira a las hipotecas basura de Europa desde el verano del 2007, evidenciándose al verano siguiente con la crisis financiera de 2008.

Así, a pesar de los desastrosos resultados, el mercado financiero se sostiene haciendo caso omiso de que en sus sótanos y desagües se ocultan los detonantes de futuras crisis.

Las calificadoras se convierten en cómplices silentes de los intereses macroeconómicos, mientras sirvan a los fines, metas y objetivos del gran capital.

Resulta muy complicado que las calificadoras pudiesen incluirse como una variante de sus parámetros la corrupción, no solo por la relatividad de la misma, sino fundamentalmente por su propia subjetividad y dinámica social, por eso les resulta más fácil colocar como una variable más objetiva los costos de la inseguridad y la violencia, complementado con la eficacia o ineficiencia de la administración de justicia que hace temblar a los gobiernos, pero en nuestro caso, solo puede entenderse como una postura de gallardía la asumida por nuestro gobierno al crear la Guardia Nacional para enfrentar el crimen, a lo mejor en los años siguientes las calificadoras deberán aceptar que sus diagnósticos no fueron tan precisos como afirman.

No obstante los dados cargados de las calificadoras, Andrés Manuel López Obrador acepta las valoraciones y demuestra la voluntad presidencial de jugar de forma transparente en el sistema de mercado, con plena disposición a demostrar que sus acciones son acertadas o en caso contrario, reconocer los errores para rectificar, tiempo al tiempo.

#Opinión política

AMLO y el derecho a soñar de los mexicanos | Opinión

Hoy México se encuentra en una coyuntura histórica, pero tenemos a un presidente como Andrés Manuel López Obrador con compromiso, convicción y entrega.

Por Juan Hernández Mercado, 2019-03-05 17:00

México.– Los pueblos de todas las latitudes y todas las épocas han tenido derecho a soñar y tener ilusiones, solo pocos, muy pocos lo han logrado, algunos bajo regímenes totalitarios, otros bajo gobiernos monárquicos progresistas, y otros con gobiernos democráticos y republicanos, sin estar exentos de retrocesos.

Hoy México se encuentra en una coyuntura histórica, pero tenemos a un presidente como Andrés Manuel López Obrador con compromiso, convicción y entrega; como sociedad debemos aprovecharlo porque la Cuarta Transformación es tarea de todos, pero también requiere de funcionarios honestos y comprometidos con los principios del político tabasqueño y con el país.

Los errores graves del panismo en dos sexenios y el peñismo, sumados a una criminalidad creciente, fortalecida por la corrupción y la impunidad infiltrada en todos los niveles de gobierno, condujeron a la sociedad al rechazo total del sistema político y de la clase política dominante.

Por primera vez, los mexicanos fuimos capaces de consolidar una transformación política, económica y social, por la vía electoral y de forma pacífica al llamado de Andrés Manuel López Obrador, sobreviviente a dos fraudes electorales y con un triunfo arrollador en Ciudad de México en 1994, donde ensayó formas avanzadas de solución a los problemas sociales.

La pérdida de la credibilidad de los partidos políticos y la tolerancia a actos de corrupción de gobernadores, fueron algunos de los factores que permitieron el respaldo masivo y abrumador a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, no solo por su discurso, también por no tener los antecedentes negativos y escandalosos de la clase política cuestionada.

Después de los fraudes electorales sufridos, de engaños y traiciones internas, López Obrador optó por renunciar al PRD dado su nivel de descomposición y optó por formar una fuerza propia y confiable que le permitiera contender por la Presidencia, lo cual solo fue posible mediante Morena.

Pero como dice el refrán “muchos son los convidados y pocos los elegidos”, nada difícil es copiar el discurso de Andrés Manuel y sus posturas, esto permitió que diversos aspirantes alcanzaran las candidaturas y luego los puesto de elección popular, no obstante, existen inercias sociales así como usos y costumbres políticas que han contaminado la estructura de Morena permitiendo la formación de grupos y alianzas al interior.

Tras el triunfo y el posterior acceso al poder se realizaron nombramientos en diversos espacios de la función pública sobre los que la sociedad ha expresado sus dudas, excepto, aquellos sobre los que nuestro presidente tuvo injerencia directa, por lo cual, las deficiencias no le son imputables, sin embargo, toca a la sociedad civil, a los ciudadanos y a los representantes populares realmente comprometidos con los principios de López Obrador: no robar, no mentir, no traicionar, apoyados por los medios y reporteros honestos, hacer de su conocimiento y de la sociedad todo aquello que implique corrupción, nepotismo o complicidades perversas para la debida depuración de la función y del servicio público.

Hoy como nunca necesitamos servidores públicos a la altura de este cambio.


*El autor es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM. Es profesor jubilado de educación básica de la SEP y del Instituto Politécnico Nacional. Fue diputado Federal en LV Legislatura. Funcionario del Gobierno de la Ciudad de México 1994-2000. Actualmente es Asesor del Movimiento de Adultos Mayores en Orizaba, Veracruz.