México.- El 19 de diciembre termina el plazo para que México ratifique el Convenio de Basilea, una enmienda contra el movimiento transfronterizo de plásticos y la prohibición de exportación de residuos peligrosos que incluye la basura electrónica de países ricos a otros en vías de desarrollo.

Por lo anterior, diversas organizaciones encabezadas por Greenpeace México hicieron un llamado para que el Gobierno mexicano lo ratifique, pues existe el temor de que aumente la importación y exportación de desechos peligrosos y se caiga en una dependencia de estos para la generación de energía como ya sucede en algunas empresas cementeras en Hidalgo.

Sobre todo, luego de que China cerró sus fronteras a la importación de plásticos sucios y contaminados que hace que la industria busque nuevos mercados.

Ante ese escenario, señalan las organizaciones, México debe firmar la enmienda para evitar dichos flujos, principalmente de Estados Unidos, el mayor productor de ese tipo de desechos.

Apuestan a la incineración de residuos

En entrevista para EconomíaHoy, Miguel Rivas, Doctor en Biología y coordinador de la campaña Océanos Libres de Plástico de Greenpeace México, dijo que es preocupante porque hay intereses de autoridades por apostar por la incineración los residuos.

“Ven en la incineración de residuos una forma limpia -entre comillas- de producir energía” y ello implica “que en algún momento México no cumpla con las cuotas de generación de residuos e incluso tener que importar basura de otros lados”.

Explicó que ya es problema en Hidalgo, donde cementeras como Apaxco convirtieron a Tula en “una zona de sacrificio ambiental” por las sustancias tóxicas que emplea y por la quema de residuos a través de su filial Geocycle México.

“La empresa se aprovecha del poder calorífico y hacen doble negocio: se ahorran el combustible que necesitan para mantener la energía necesaria de sus hornos y le cobran al municipio por el tratamiento de los residuos”.

Recordó que también en la Ciudad de México se había planteado en la administración de Miguel Ángel Mancera producir energía a través de la incineración de basura con una planta de termovalorización y dicha energía podría usarse para el Metro.

“Amarrar a la producción de residuos a la movilidad es decir que ahora las personas para moverse van a depender de la generación de basura de residuos, no es sostenible, ni es ecológico, ni saludable y tampoco se hace energía limpia”, dijo.

Además señaló que el proceso no es parte de una economía circular como se ha argumentado, pues incinerar los residuos es volver a una economía lineal en la que se extraen materias primas para producir cosas y que luego sean consumidas.

Por lo anterior indicó que la propuesta de las organizaciones es hacer un cambio en la producción y consumo que genera menos residuos y un modelo en el que los envases sean canjeables, reutilizables, rellenables, donde la vida de los productos se alargue.